Belgrado en imperativo #pasajesbalcánicos

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No venga a hacer turismo a Belgrado, quédese a vivir. Hasta que le pongan un nombre de pila (Daki, Miča, Boki o Moša), hasta que sepa pagar sus facturas solo con mirar a los ojos de la contable (Infostan, Mts, Telekom, EDB, SBB…), hasta que sea usted el que le diga al taxista que vaya por Slavija y no por el Bulevar.

Deje de oler como un gato las esquinas de Vračar y Dorćol, y entre a sus pasadizos a disfrutar de una cena improvisada de cerdo frío y repollo agrio, a ver un partido de waterpolo entre Serbia y Montenegro o a charlar con un pensionista macedonio que esculpe en madera un caballo para su nieto. No se extrañe si el viejo le habla en inglés, alemán o ruso, mucho menos si tiene una foto de Sara Montiel en la alcoba. A veces pasa.

Lleve sus mocasines al zapatero para que se los arregle por 300 dinares, y admire lo concienzudo de su trabajo con el martillo de remendón, mientras un banderín del Estrella Roja hondea junto a un icono de San Nicolás. No se preocupe, escribirá su apellido mal en el recibo, pero sus zapatos estarán como nuevos. Bien lustrados, sáquelos a pasear por la calle Knez Mihailova y, a partir de ahí, atibórrese a palomitas, castañas, maíz a la brasa y espere a que el heladero le abra el envoltorio del helado. No es por educación, es que en Serbia con la comida no se juega. Eso sí, tenga cambio en el bolsillo, que si no lo tiene escuchará un: “yebiga”, “yoy”, “yao” “e… sad”, “ufff”, “pfff” y demás rebufos guturales. La falta de cambio en Serbia no es un problema, es una invitación más al estoicismo. Diga: – ¡Takav je život! (Así es la vida). Repita conmigo – ¡Takav je život!. Cuestión de códigos.

Vaya a la plaza de Đeram a comprar huevos de codorniz, hígados de pollo, tomates de la huerta y un abridor para descorchar un Aurelius, e invite a sus amigos a casa. Póngales un video de Parchís, que ellos le pondrán un video de Dragan Laković i Kolibri. Póngales un video de Espinete, que ellos le pondrán un video de U svetu postoji jedno carstvo. Olvídese de sus pudores infantiles, la nostalgia en Belgrado es cosa seria. Eso sí, deje que su novia prepare la baklava para los postres, no se inmiscuya en esas liturgias, no las comprende, no las conoce, cállese y no sugiera echar menos azúcar. Admita su ignorancia, los dulces son cosas de personas mayores.

Coja el autobús 52 y conozca a Milorad Zatezalo, un conductor que todas las mañanas de Zeleni venac a Cerak, le dice a los pasajeros “Buenos días, ¿Cómo está? ¿Qué hay de nuevo?”. Él, como todos los serbios, lleva un teatro clásico entre pecho y espalda aunque tenga tráquea suficiente para atronar el pabellón Arena y la Sala Pionir el mismo fin de semana. No se engañe, no son todos así de simpáticos, pero tampoco se engañe, en transporte público se llega a todas partes aunque tengas que escuchar a un hombre con uñas de colores cantar Zal de Šaban Šaulić. Desde el centro vaya a la Casa de las Flores. No perturbe el sueño eterno del mariscal Tito, pero profane los bosques aledaños entre la humedad balcánica de los majestuosos robles, mientras un grupo de jugadores de baloncesto le embiste como los dinosaurios embestían a los niños en Parque Jurásico.

Para la vuelta, vea los edificios destruidos por la OTAN de la calle Kneza Miloša. No se impresione, después de tres días ya nadie se acuerda, ni siquiera los políticos, de que esa ruina está ahí. Tampoco nadie se acuerda de los barcos varados en el río Sava. Báñense en ese río, pero hágalo cuando llueva en primavera, sobre todo si tiene una casa flotante en Ada Međica. Después disfrute de una botella de rakija, una hogaza de pan, encurtidos y una barbacoa para asar filetes de pollos rellenos de jamón y queso. En la sobremesa haga algo típico: sea hedonista y haga sudokus mientras critica los transgénicos. Si lo que quiere es integrarse, reivindique el marisco gallego. Reivindique el terruño, no pida cerveza con sabor a pomelo. Es un invento del capitalismo.

10108715456_2a01e629e4_zDe corrido cójase el tranvía número 2. No pique su Bus Plus. Si viene el controlador diga como todos: – No, no… si yo me bajo en la siguiente. Los controladores son así de majos en Belgrado. Vea desde la ventana como el Danubio y el Sava se cruzan, los pescadores se agarran sus moñas entre luciopercas, mientras en lo alto de la fortaleza de Kalemegdan dos jóvenes se besan: él en chándal, ella con fijador hasta en las pestañas. Vea la escena también desde lo alto, desde el rascacielos de Ušće. No se crea, no es Belgrado el mejor lugar para que Spiderman salte de una azotea a otra. Para presumir de atributo masculino ya están los bloques de Nuevo Belgrado, con sus avenidas dedicadas a la Guerra Fría, y el imperio económico de la calle Milentija Popović, con sus hoteles de metacrilato y el traqueteo metálico de sus tranvías y trolebuses.

Vaya a comer como un señor unas fresas con nata flambeada al Madera, o una isla flotante a la Mala fabrika ukusa. Hablo primero de los postres, porque es lo suyo después de una carne asada, un codillo ahumado o unos ćevapi a la brasa enrollados en panceta en cualquiera de las kafanas de rigor: Kalenić, Čubura, Kosmaj, Orašac, Stara Herzegovina, Kafanica, Znak pitanje o todas las de la calle bohemia de Skadarlija. Arriende una mesa, esnife todo el pimiento molido y abrácese a cualquier intelectual que le hable de la II Guerra Mundial. Luego, de madrugada, cómase una pljeskavica junto a una pista de fulbito. Pero no se vaya de Belgrado hasta que no coma en cirílico, esto es: saber lo que va a pedir sin leer el menú, sin que el camarero le preste atención. No se enerve, la indiferencia del servicio puede ser un síntoma de camaradería en los Balcanes.

De noche, entre al bar Idiot con convicción, donde una Lav fría le espera pidiéndole a gritos que no se la beba solo; al Reka, a ver como el pescado se le queda frío mientras una secretaria de Gazprom se pone de pie sobre la mesa cantando una versión de “Zelim samo tebe”, o al Dobrila, a ventilarse un filete tártaro mientras se hace amigo de la adolescencia kitsch de los noventa. Si va al Plastik, intente aparentar más de lo que es, aunque en cualquier cama que termine las sábanas nunca se ajustarán bien al colchón. También lleve protección. La misma que compró en el Lilly mientras la dependienta le seguía para que no robara. Mire, haga lo que quiera, Belgrado tiene música en directo hasta en los retretes. Pero, si no está para gritos, tómese un café con Baileys en el Klub svetskih putnika. Vaya con pipa y una novela kazaja, y se convertirá en un mueble más. Y si quiere seguir leyendo, porque aquí todo el mundo lee, hasta los obreros en la obra, tómese un té con sabor a liana tropical en Apropo o en Delfi, porque los primeros hipsters eran yugoslavos. La epidemia se extiende por el barrio de Savamala: desde el Mikser al Centro Cultural de la Ciudad (KCG). En Belgrado hay hooligans, pero también gafapastas.

8036346777_e8d6168c87_zSi le aguantan, cásese con una serbia o con un serbio, aunque solo sea por la boda, aunque solo sea porque 6 gitanos le percutan los oídos con sus trompetas mientras la lluvia moja las laderas de Košutnjak, la entrada al templo de San Sava o los bosques de Topčider. Ebrio, llore con sus suegros, serán ustedes las personas más felices del mundo.

Ya le digo, quédese a vivir, no haga turismo. Belgrado se merece la incondicionalidad. A ver si se va a creer que la ciudad se casa con cualquiera. Media ciudad está en el subsuelo, porque en pareja nunca se acaba de saber del todo quién es el otro. Pregúntese por qué los Rakija bar en Belgrado están todos en el sótano. Es lo que tiene el amor por una ciudad: que te gusta cualquier alcohol que destilen sus cañerías.

¡Entérate! En serbio se utiliza mucho el modo imperativo. No es extraño que este sea el primer modo verbal que uno aprende cuando estudia serbio. Si al principio me molestaba que alguien dijera “Ven” (Dođi) en lugar de “¿Podrías venir…” o “Dame” (Daj mi) en lugar de “Por  favor, me das…”, esperando como una madre dedicada a que el hijo diga la palabra mágica, el tiempo hace que uno se acostumbre a todo. Hasta el punto de darme por escribir algo al respecto.

Imágenes: mercado de Kalenić (Vlasta Juricek), casa flotante en Ada Međica (lab604), ventana en Savamala (Antonina Lapina).
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Acerca de Miguel Rodríguez Andreu

Editor de Balkania y autor de Anatomía serbia. Twitter: @miguelroan1

8 comentarios para “Belgrado en imperativo #pasajesbalcánicos

  1. Balkanófila

    Me pongo en pie para aplaudirte, Miguel Ángel. El año pasado conocí Belgrado y no encuentro mejor manera -ni más poética- de describir esta maravilla de ciudad! Deberías estar en las guías! : )

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    • Miguel Rodríguez Andreu Autor del artículo

      Muchas gracias. Sí, y eso que el espacio está limitado. Belgrado me inspira muchas cosas. Me alegra saber que también te gustó. :-) Fdo. Miguel Rodríguez Andreu :-)

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      • Balkanófila

        De hecho, acabo de descubrir esta revista vuestra y estoy flipando, es super interesante. Soy amante absoluta e incondicional de los Balcanes -en realidad no sé si soy Balcanófila o Balcanótica, la verdad…-
        y he visto que tienes un libro publicado que pienso devorar en cuanto pueda : )

        Enhorabuena chicos por vuestra manera de escribir y describir y gracias por compartirlo!

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        • Miguel Rodríguez Andreu Autor del artículo

          Estupendo entonces. Yo tampoco tengo muy claro cómo se dice, pero te entiendo :-) Aquí, el mérito de su editor Ginés Alarcón, que es el editor e iniciador de la página. Muchas gracias por tu apoyo e interés.

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  2. Balkanófila

    Acabo de terminar Anatomía Serbia…. impresionante documento antropológico; me queda mucho muchísimo por conocer del pueblo serbio y del belgradense en particular (tan particular!!), pero dudo mucho que diste de todo lo que cuentas y sobre todo de la manera tan maravillosa que tienes de contarlo. Seguro que muchos de ellos no se conocen tanto a sí mismos como los conoces tú : )

    Enhorabuena otra vez, Miguel!

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    • Miguel Rodríguez Andreu Autor del artículo

      Muchas gracias por tu comentario. Me alegro que hayas disfrutado del libro. Puse todo de mi parte por englobar toda la complejidad local. Desde luego todo esto me sigue inspirando escribir muchas otras cosas, así que espero poder seguir compartiéndolas. Saludos desde Belgrado :-)

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  3. Jennifer

    Me he enamorada de la revista y de Serbia! Me encanta con el amor que describes belgrado y sus encantos.
    Živela Srbija!

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    • Miguel Rodriguez Andreu

      Qué bien. Muchas gracias por tu comentario. Me alegro que te gustara. No se le acaba a uno la inspiración con esta ciudad. Živela :-)

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