Belgrado intraducible

trafika

Son las 7 y media de la mañana, y en la calle Cara Nikolaja II apenas se ve un alma. El 19 se desliza con su zumbido de chorros eléctricos hasta Cuburski park. La  vendedora de la trafika saca la cabeza por un ventanuco y suelta el periódico sobre la portada de la revista Moja Beba (Mi bebé). -¿Son 30 dinares? -Pues sí, son 30 dinares –dice con tono cortante-. Milutin recoge el periódico y continúa su camino mientras se coloca en su sitio su gorra estilo Ascot. Se dirige a desayunar burek. Le molesta coincidir con los estudiantes que hacen cola para comprar palačinke rellenos de eurocrem y plazma. Los ve como una algarabía descontrolada de críos hormonados que siempre encuentran víctimas entre los más despistados. No entiende que desayunen en la calle y además lo hagan tomado algo ¡dulce!. Milutin se pone en la barra de la pekara y le dice a la vendedora: -Yo conocí a mi hijo cuando empezó hablar. Antes de eso… era mejor que se comunicara con su madre. La vendedora, afanosa, ni le mira. Milutin engulle su porción y observa la calle por el cristal. Una niña de pelo rubio pasa por delante de la cristalera con paso ágil, y se recoloca el pelo hacia un lado.

Ivana se dirige a la escuela “San Sava” con su mochila de colores. Se la regaló su padre, Radovan, por su Imendan. Le dio el dinero y le dijo:  -¡Sine (hijo)…! ve con tus amigas a comprarte algo. Ivana le dio un besazo, saltó como un resorte hacia la puerta y corrió al parque para ver a sus amigas. Sin embargo, Radovan no estaba para celebraciones, aunque fueran en este caso las de su hija. El día anterior estuvo arreglándole el baño al primo de su kum. Tuvo que recoger los azulejos y la masilla en Kaluđerica, meterse en pleno atasco, para luego ir hasta Karaburma. Toda la ciudad entre pecho y espalda. Su compañero, de copiloto en la furgoneta, amargado, se quejaba de que las sponzoruše sacaban el coche a primera hora de la mañana para que las viera todo el mundo, para luego volver a casa a media mañana. -¿Por qué no salen más tarde y nos evitan el ataco a todos? —preguntó retóricamente—. Radovan ni le prestaba atención. El hombre, en un giro, casi atropella a una chica que iba en bicicleta. -¡Estos con bici por la ciudad… ¿qué les pasa?… van de modernos —dijo Radovan—. La chica continuó pedaleando como si nada hubiera pasado. La virtud local de no inmutarse por nada ni nadie.

Tijana se dirige al trabajo. Hoy le espera una auditoría. Los alemanes lideran un proyecto de democratización de la sociedad civil. Faltan varias facturas por cuadrar. Su novio, Petar, le ha dicho: que se relaje; que a estos alemanes les sobra la pasta; que la viene a recoger por la tarde; que se van a ver una película; que hoy empieza el festival Slobodna Zona; que le han dicho que hay un corto de un albanés que se pasea por Pristina diciendo que es Hitler… -¡Y deja la bicicleta ya, ¡JODER!, que cualquier día te atropellan! —dijo Petar—.

Petar trabaja en un café por 200 euros al mes. Cobra en dinares y paga el alquiler en euros. Siempre acuden al café el dueño y un par de amigos del vecindario, que se sientan a ver partidos de voleibol y tenis. Un cubículo de 20 metros cuadrados con fotos de bailarinas. Apenas hablan, porque siempre hay algún desconocido que se presenta en el bar. Se sientan en las mesas y dejan que el garito se intoxique de humo, mientras el cantante Marinko Rokvić suena en la radio –¡Esta es es mi casa…! El alcohol se ventila en el lugar a base de suspiros y silencios. Petar simplemente observa desganado la escena y carraspea de vez en cuando. A la anterior camarera la echaron por dedicar más tiempo al móvil que a los clientes. Petar, por el contrario, tiene el Facebook abierto en el mismo ordenador donde hace las facturas. –Aquí se bebe solo Kafa y rakija, y zumo de frambuesas para las niñas pequeñas —dice el dueño—.

rakija

En el local de al lado han abierto una nueva peluquería. Dos chicas se sientan en dos banquetas bajas de plástico en torno a una mesa de conglomerado. Encima una džezva sobre un calentador eléctrico, dos tazas con su poso de café, dos cajetillas de tabaco y varias revistas de moda arrugadas. Una de las chicas se llama Sanja, pero todos la llaman Saki, y la otra se llama Jelena, pero todos la llaman Jeca. Se conocen desde la escuela primaria. Solo se relacionan entre ellas. Como llevan así toda la vida, quizás sea por eso que necesitan fusilar a preguntas a los clientes para saber qué pasa con la cantante de turbofolk que vive en el barrio. Todos los sábados por la tarde cogen el coche y se van a Padinska skela, donde les espera la familia. Allí les preguntan si ya se echaron novio. -Tal vez, si nos quedáramos los sábados en Belgrado y no viniéramos aquí… —aunque esto solo lo piensan—. El hermano de Sanja, Marko, prefiere ir entre semana al pueblo y quedarse los fines de semana en Belgrado. No trabaja, pero siempre parece estar ocupado.

Marko levanta 60 kilos en el gimnasio de la calle Golsvordijeva. Sus colegas no le prestan atención. Đoković gana a Nadal en el segundo set y están todos apalancados delante de la pantalla. Baja las pesas, echa un rebufo, levanta una ceja, y después se sube los pantalones mientras ve a una chica pasar que no le presta atención. Le gustan las mujeres con las piernas firmes y las espaldas anchas. Anja sale de bailar “zumba” con sus pantalones fucsia ajustados. Tiene mucha prisa aunque evita tener que correr. En los gimnasios solo se corre en la cinta. La esperan en casa para preparar la Slava. O se da prisa en llegar a la plaza de Kalenić o se va a quedar sin los huevos especiales que le ha pedido la madre. Hay otros sitios para comprar, pero su madre insiste en que sean de allí. El dependiente no está en su puesto y, mientras espera, una paloma se posa sobre una caja de frutos secos y comienza a picar. Una mujer pone cara de asco. El olor a fritura de la pescadería más cercana invade el lugar. Una pareja de señores mayores compran pez gato.

A Aleksandar —aunque le conocen por Saša—, le gusta el pescado pero con mucho ajo y perejil. Dejana, su mujer, no quiere cocinar pescado en casa. Dice que luego huele toda la casa y apestan las cortinas. Van apurados. Su hija les va a llamar desde el extranjero, y quieren estar en casa para encender Skype con tiempo. Su hija se lo instaló hace un año. A paso lento recorren la calle Maksima Gorkog y se paran para comprar el periódico. A Dejana le gusta comprar la revista Moja beba (Mi bebé). Dice que así puede darle consejos a su hija sobre su nieta. Nació hace 3 meses y todavía no la han visto. Dejana mira a Aleksandar y le dice: -Este número está dedicado a qué comer para que tus hijos sean más listos. Aleksandar dice: – Repollo, querida, mucho repollo… bueno, y ajvar—mientras se mete un pañuelo de papel en el bolsillo—. Esperan en el semáforo a que se ponga en verde mientras un taxi sube la cuesta.

kafana

-Me deja un poco antes de llegar a la rotonda… Eso… aquí…  Quédese con la vuelta… —dice Nemanja después de sacar la carretera y agarrar un billete de 500 dinares— . Entra en la kafana y se sienta junto a Luka. Los dos se funden en un largo abrazo y se dan palmadas en la espalda. Llevaban varias semanas sin verse. -¿Qué hay de nuevo? —pregunta Nemanja—. -Nada… lo de siempre —dice Luka—. Se hace el silencio, y Luka pregunta al ver que Nemanja se fija en la portada del periódico. -¿Sabes que Siniša Mihajlović ha dimitido? -Sí… ya era hora…. Pone el tenedor sobre un ćevapi y mira al frente. Un hombre se pone el abrigo, su gorra de estilo Ascot, le da una última calada y lo apaga en el cenicero antes de salir a la calle. -Parece que es ahora en la calle donde está prohibido fumar —dice Nemanja con sorna—. –Ya nos tocará… ya nos tocará —dice Luka con cierto inat—.

Dedicado a la memoria del maestro Duško Radović

Diccionario

  1. Trafika - Se podría traducir por kiosko, pero venden tantas cosas y a veces durante 24 h, que uno empieza a dudar de si no tienen una despensa bajo tierra.
  2. Dinares - Ahora está el euro a 114 dinares. Fluctuante, fluctuante, desde hace casi tres décadas.
  3. Burek- Empanada (balcánica) de masa de filo rellena habitualmente de queso o carne. Rico, rico. Más con yogurt.
  4. Palačinke - Serían unos crepes, pero es que no es lo mismo.
  5. Eurocrem - Una especie de nocilla, con una parte blanca y otra marrón.
  6. Plazma – Son como las galletas maría de cualquier serbio aunque en versión alargada. Producto nacional. Absoluta veneración.
  7. Pekara - El templo de los panes.
  8. Imendan - Una especie del día del santo. No todos los nombres tienen su santo. Nombres como Sanja o Anja (cada vez más comunes) no lo tienen. Natalija y Jelena sí lo tienen. Mejor para ellas. Se les felicita y se les da un caprichito.
  9. Sine - No es un error. A veces a las niñas se las llama “hijo” (sin) (la declinación es vocativo)
  10. Kum - Es una especie de institución familiar. El “padrino” y el “amigo del alma”, que se van heredando. “Dios en el cielo y el kum en la tierra”. Si se llega tarde al trabajo siempre se puede decir que el kum está enfermo. Siempre cuela.
  11. Sponzoruše - Mujeres que buscan un buen hombre que las cuide y las proteja de los vaivenes económicos. Y que lo hagan bien, además.
  12. Kafa - Es el café turc… digo, serbio… digo, de puchero, de toda la vida. Café casero (domaća).
  13. Rakija - Aguardiente de frutas.
  14. Džezva - Un cacito que se utiliza en todos los Balcanes para hacer café de puchero. Hay discusiones míticas sobre cuántas veces se hierve el café antes de servirlo.
  15. Turbofolk - Definido así por el músico-cómico Rambo Amadeus. Un cóctel de música folk con bases tecno y letras repetitivas.
  16. Slava - Fiesta del santo patrón de la familia. Es una celebración donde se reúnen familiares y amigos para comer. Un honor que te inviten.
  17. Ajvar - Un puré de pimientos rojos, que habitualmente lleva berenjenas, ajo y pimienta. Producto típico del invierno serbio. Presente en cualquier nevera.
  18. Kafana - Bar que hace las veces de restaurante, asociado a la cultura serbia. Se bebe, se come y se escucha música. Imprescindible que te invada la nostalgia.
  19. Ćevapi - Carne picada a la brasa.
  20. Inat - A ver cómo salgo de esta: El inat no admite traducción al español. No existe un acuerdo sobre su definición porque ofrece varios significados y planteamientos. Es una posición defendida por una persona (una opinión, una valoración, una idea…) cuyo valor y trascendencia para esa persona es mayor que los efectos negativos que se deriven de esa posición. Se trata de demostrar que se tiene razón aunque eso implique el propio perjuicio.
Imágenes, por orden: Trafika (lab604), Rakjia (Quinn Anya), Kafana (Zagat Buzz)

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Acerca de Miguel Rodríguez Andreu

Editor de Balkania y autor de Anatomía serbia. Twitter: @miguelroan1

2 comentarios para “Belgrado intraducible

  1. Jose

    El titulo me dejo un poco incrédulo, conociendo tu talento de traductor…jejeje Al final hiciste un trabajo impecable porque comprendí todo…;-)

    Siempre un placer leerte….

    Un saludo

    Responder

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