Bienvenida a Sarajevo

tranvía sarajevo

Sarajevo es un sitio muy pequeño, ya verás…
- ¡Pero si esto es la gran ciudad!

Y es que todo depende del lugar del que venga uno. Yo acabo de mudarme a la capital de Bosnia y Herzegovina después de pasar una larga temporada en Tirana. Y supongo que, hasta que me acostumbre, Tirana seguirá siendo la medida de todas las cosas. Ya he advertido a los nuevos amigos de que si me pongo muy pesada con “pues en Tirana esto”, “pues en Tirana lo otro” me lo digan. Aunque de momento no se cansan, no saben nada de Albania, como yo cuando llegué, y les gusta escuchar mis historias.

Llevo menos de un mes en Sarajevo y me da cierto reparo hacer juicios sobre esta ciudad y sus gentes, así que me limitaré a describir cómo han sido estos primeros días.

Mi familia se queja de que siempre me voy a vivir a los últimos agujeros de Europa, sin vuelos directos y sin low costs. A Albania se llegaba por Italia. Para Bosnia, la opción más barata era volar con Turkish Airlines. Salimos de Barajas a medianoche y en la escala en Turquía, adormilada todavía, me sorprendió la mezcla de razas y de pintas de los que esperábamos en las largas colas del control de equipajes. Estambul sigue siendo un cruce de caminos importantísimo. Y además en sus aerolíneas te dan de comer estupendamente ¡y con cuchillo y tenedor de metal!

Una vez aterrizados en Sarajevo lo primero fue conseguir algo de dinero local. La moneda se llama marco convertible, KM de forma abreviada- no confundir con kilómetros-. 1 € equivale, más o menos, a 2 KM. Por lo menos estos tienen claros los precios, no como los albaneses, que siguen manejando, coloquialmente, el “leke viejo”, con un cero más que el “leke nuevo”, la moneda oficial, y que tantos quebraderos de cabeza provoca al recién llegado.

Con el dinero compré un número de teléfono móvil, en un quiosco, sin necesidad de dar ningún dato personal, y un periódico, el Oglasi, para buscar piso. Me acompañaba un chico bosnio que trabaja como guía turístico y es un amigo de un amigo. Nos sentamos en una terraza, al sol, junto a la vieja sinagoga, pedimos un té en Rahatlook, muy recomendable, y empezamos a recorrer los anuncios. Voy reconociendo los nombres de los barrios y las calles que había visto en el mapa de google tantas veces, desde que supe que Sarajevo sería mi nuevo destino: Marin Dvor, Alipasina, Skenderja, Kovaci…. Se puede buscar piso fácilmente en internet. Las redes sociales en las que los expats -esa palabreja tan odiosa- se relacionan, hierven de mensajes en los que la gente busca u ofrece apartamentos. También hay algunas páginas de clasificados o inmobiliarias, como Pik, Prostor, o Market, que yo anduve desentrañando con la inestimable ayuda de google translate, que desde mayo de este año está disponible también en bosnio.

A propósito de la lengua, ya la denominación es compleja. ¿Bosnio? Me han aconsejado que me compre un diccionario de serbio-español-serbio, pero escrito en alfabeto latino, y el libro que usamos en clase se llama “Ucimo hrvatski” (aprendemos croata). No digo nada y lo digo todo.

Tardé, pues, tres días en encontrar casa. En la primera a la que llamamos había vivido hasta hacía poco una española que se llamaba como yo. Fue una coincidencia muy graciosa, pero no me la quedé. Vi de todo: casas que se caían de viejas, apartamentos barroquísimos o amueblados estilo ikea; en el centro -junto al bullicio de la calle peatonal, la ulica Ferhadije, que atraviesa la ciudad-, en la Bascarsija, el viejo barrio turco; en las colinas, al final de empinadas cuestas o escaleras resbaladizas… Por unos 250 euros se puede encontrar un apartamento con un dormitorio, cocina, salón y un baño apañado. Pero los hay más baratos, cuanto más te alejas a la periferia, hacia Novo Sarajevo, siguiendo la linea del tranvia, o cuanto más subas hacia las colinas. La verdad es que en cuestión de alquileres, Tirana y Sarajevo andan bastante igualadas.

Callejeando por la ciudad echo en falta las marañas de cables que se extendían de poste en poste por Tirana. Aquí los cables son los del tranvía y el trolebús. Y las calles están muy limpias y todo tiene una pinta mucho más ordenada, más “occidental”. Los coches respetan las señales de tráfico y los semáforos. Esto es “la civilización”. Los locales se sorprenden de esta percepción optimista. “¿Pero tú has visto cómo aparcan, en cualquier lado?”, me dice un amigo español que lleva ya un par de años en Sarajevo. “En Tirana era peor”, sonrío.

No he hecho turismo todavía, más que el imprescindible; tengo mucho tiempo por delante y cuando vengan las primeras visitas ya entraremos en museos, casas típicas otomanas, mezquitas, túneles, y subiremos a las pistas de bobsleigh de las Olimpiadas del 84, ahora abandonadas.

Tampoco quiero que lo poco que conocía de Sarajevo antes de llegar, es decir el cerco, los francotiradores, la guerra, sea el único filtro a través del que conocer mi nueva ciudad, aunque los cementerios, las fachadas tiroteadas y las huellas de los morterazos estén por todas partes para que no lo olvides.

Sí, he comido ya pitas y cevapi, y bebido raki, y lo he comparado, inevitablemente, con los burek, qofte y raki albaneses (y con los macedonios, serbios y rumanos…). Es una sensación extraña pero confortable a la vez haber cambiado de país y de lengua pero sentir que no es todo nuevo, que hay como un hilo que une estos pueblos, quieran ellos o no, en lo que comen, en lo que cantan o en lo que sueñan.

El otro día, ya instalada, salí a comprar pinzas de la ropa, un sacacorchos… Esas cosas pequeñitas que se echan a faltar en una casa recién alquilada, y me fui encontrando por la calle a varios conocidos. Así que es verdad, ya estoy aquí, y sí, es una ciudad pequeña… Y me encanta.

Con este post inauguramos el blog Diario de Sarajevo, para contar desde la misma ciudad el día a día de los que vivimos en la región. También hemos estrenado el Diario de Pristina, y esperamos compartir más crónicas desde otras capitales de los Balcanes.

Imagen: Wolfango (Flickr)

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Acerca de Isabel Leal

Profesora. Autora del blog Mundos periféricos, sobre didáctica del español como lengua extranjera, tecnología y educación.

Un comentario para “Bienvenida a Sarajevo

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