Chaplin recorre Bosnia-Herzegovina

El pasado mes de agosto tuve la ocasión de formar parte de una especial comitiva. Durante ocho días, una furgoneta y dos turismos iban a recorrer Bosnia-Herzegovina con un inusual objetivo.

La furgoneta procedía de tierras francesas y en su interior llevaba un proyector cinematográfico, una pantalla hinchable con todos los pertrechos necesarios para montarla, un equipo de sonido y lo más importante, una copia en 35 mm de El Circo película escrita, dirigida, producida y protagonizada por Charles Chaplin.

Gracias a la colaboración de las organizaciones francesas Eloïse y CinéBus, y el festival de cine documental Pravo Ljudski de Sarajevo, ochenta y cinco años después de su estreno en Nueva York, este clásico del cine mudo se disponía a protagonizar proyecciones al aire libre en distintos pueblos y ciudades de Bosnia-Herzegovina.

Caía la noche del primer martes de agosto en Sarajevo. Sobre el pequeño prado que rodea el museo nacional bosnio, cerrado desde hace poco más de un año por falta de fondos, se agrupaban unas doscientas personas distribuidas entre pequeñas gradas y algunas mantas sobre el césped. Los ventiladores mantenían en pie los veinte metros de pantalla, desde el interior de la furgoneta empezaba a rodar el motor del proyector, y por los altavoces sonaban las primeras notas de la música de la película.

CHAPLIN_BIH

A lo largo de diez días El Circo recorrió de punta a punta el país para ofrecer una velada veraniega bajo las estrellas en siete poblaciones. Desde Gradiska, como punto más al norte en la frontera con Croacia, hasta Srebrenica, en la frontera sur con Serbia, pasando por Siroki Brijeg, en plena Herzegovina, Banja Luka, capital de la república Serbia de Bosnia, Mrkonjic Grad y Jablanica.

Nuestra llegada a cada una de las poblaciones me recordaba la aparición de los ingenieros austrohúngaros en Visegrad descrita por Andric en su famosa novela Un puente sobre el Drina. Los ojos de los locales observan como un grupo de extranjeros traman algún tipo de proyecto en su propia ciudad, sin entender muy bien la necesidad de tanto movimiento y ajetreo, ni la finalidad del mismo.

Antes de poder llevar a cabo cada proyección debíamos encontrar el emplazamiento adecuado, casi siempre en un parque o plaza en el mismo centro de la población, medir distancias, encontrar dos fuentes de electricidad independientes, un toma de agua para llenar la base de la pantalla hinchable, y otras serie de necesidades técnicas que, gracias a la colaboración de las organizaciones locales previamente contactadas, resolvíamos a lo largo de la tarde.

Por suerte, la mayoría de las miradas curiosas, y en ocasiones recelosas, de los locales, acababan en un gesto aprobatorio al ver a Chaplin proyectado en la gran pantalla, de forma gratuita y abierta a todo el mundo. Aunque, igual que en la novela de Andric, seguro que más de uno se preguntaba sobre la necesidad y finalidad de todo ello.

Chaplin Bih3

Desde la primera proyección en Sarajevo se descubrió el poder de un cineasta como Chaplin para congregar a gente de todas las edades. Desde grupos de niños con sus padres a jubilados, parejas, y todo tipo de curiosos, que quedaban atrapados por la comicidad universal de Charlot. En Sarajevo vinieron grupos de jóvenes modernos. En Mrkonjic Grad daba la impresión que la población entera se encontraba en la plaza del ayuntamiento, y en Banja Luka todos los niños del barrio estaban frente a la pantalla.

Daba igual el lugar en el que nos encontrásemos, una vez empezaba a rodar el proyector, el ambiente que se generaba era prácticamente el mismo. Cambiaba el escenario exterior, con el margen de un río en ocasiones, una plaza cementada o una hermosa arboleda en otras. Cambiaban de forma rotunda las banderas que ondean en los edificios oficiales, el nombre que le dan en cada lugar a una misma lengua o los edificios de culto religioso de las proximidades. Sin embargo, el ambiente festivo, marcado por las risas compartidas en los momentos de mayor comicidad y por rostros oscilantes entre la fascinación, la emoción y la sorpresa, fue el mismo en todas partes.

Escuchar, reír y observar la miradas de emoción de un público tan dispar dio sentido al esfuerzo de toda la comitiva, y superó con creces las expectativas puestas en el proyecto. Esas risas y miradas entregadas a la magia del cinematógrafo descubrían un sentir universal que logró diluir, al menos durante un rato, las vicisitudes personales de cada uno, tan ligadas aún a la guerra de los años noventa y a la larga posguerra que aún perdura y subyace en el país. Tanto en la realidad social y política como en las infinitas historias individuales.

En este sentido uno de los lugares que más nos marcaron fue Srebrenica. ¿Qué más se puede decir a estas alturas de Srebrenica? El lugar donde la oscuridad de la guerra alcanzó uno de sus pozos más hondos. La historia reciente de un lugar marca sin duda su presente, y es inevitable para el visitante realizar conexiones entre aquello que ve y el pasado que conoce. Este peso de la historia reciente es algo que cada uno llevaba en su interior de modo inevitable. Por suerte, a lo largo de las horas que pasamos allí logró disiparse, si no del todo, al menos en gran parte, en las casi trescientas personas que se agruparon para ver la proyección, gracias a Chaplin y a la calidad humana de los encuentros que allí se dieron. Parece que cuanto más oscuro es el pasado o la realidad de un lugar, más brillan los pequeños haces de luz que pueden aportar tanto las conexiones humanas como la cultura, el arte o el cine.

Chaplin Bih_2

La última proyección fue en Jablanica, justo en frente del Museo de los Caídos en la Batalla del Neretva, en honor a la operación militar de 1943 donde los partisanos yugoslavos consiguieron frenar el avance de los nazis. Después de atravesar junto a Chaplin gran parte de Bosnia-Herzegovina, y ser testigo de este inusual diálogo entre un país que lucha por reconocerse a sí mismo, y una película que consigue a través del humor un alcance universal, me pareció percibir que este diálogo había cobrado vida, y que la letra de la música inicial de El Circo apelaba a Bosnia con estas palabras:

“Swing little girl,
swing high to the sky,
and don’t ever look at the ground,
if you’re looking for rainbows
look up to the sky
you’ll never find rainbows
if you’re looking down”
(…)

Si quieres seguir nuestras actualizaciones, conecta con nosotros en Twitter y Facebook

Comparte

Acerca de Guillermo Carreras-Candi

Productor y director independiente. Profesor de cine documental en Bosnia-Herzegovina y Kosovo. Twitter: @GuillemCCS

Un comentario para “Chaplin recorre Bosnia-Herzegovina

  1. Judith

    He terminado de leer el articulo con una sonrisa. Me ha conmovido como este Arte, el cine, puede unir y reunir culturas y gente, cualquiera que sea su edad, su pensamiento. Me ha parecido un proyecto precioso en el que me dan ganas de participar! Se demuestra la importancia vital y el alcance que produce este medio en nuestras vidas. Especialmente, en las vidas de aquellos que han sufrido experiencias tan desgarradoras como la guerra. Que lamentablemente, como dice el escritor, forman parte de su presente. Con esta iniciativa consiguen llenar de risas y sonrisas su tierra, su patria! Gracias Chaplin y gracias Guillem.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *