Cinema Komunisto: “Pudimos porque Tito dijo que podíamos”

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Seis cámaras y numerosos operadores esperaban para recoger la gran toma. Eran los 60 y se rodaba La batalla del río Neretva, un filme que narraba las hazañas de los partisanos en una contienda clave en la lucha contra los nazis. En la historia, el ejército de Tito derribaba el puente y, en la época dorada de las superproducciones en Yugoslavia, decidieron derribar realmente ese puente para conseguir una película totalmente realista. Volaron un puente, despeñaron coches militares, sacaron tanques y dos promociones de yugoslavos pasaron su servicio militar haciendo de partisanos para este filme. “Esta película no se podría haber hecho en ninguna otra parte”, afirma Veljko Bulajic, director del de la película, “nosotros pudimos porque Tito dijo que podíamos”.

Esta anécdota es parte del documental Cinema Komunisto, de la realizadora serbia Mila Turaljic, que recupera la historia de los estudios Avala Film, creados por el gobierno de Tito en Belgrado como estudios centrales de la desaparecida Yugoslavia. Unos estudios que fueron de los más grandes del mundo en su tiempo, concentraron un cuarto de toda la producción cinematográfica del país y hoy están a punto de desaparecer para siempre.

Con la lección aprendida de sus aliados soviéticos, Avala nació como una pieza clave en la recién establecida Yugoslavia a la hora de llevar el mensaje socialista a todos los rincones del joven país. Inaugurado en 1947, sus primeras producciones no sólo contaron con la URSS como modelo, sino como aliado directo y socio. Pero esa afinidad no duró mucho. Las tensas relaciones entre Stalin y Tito (que se negaba a ser un dirigente a las órdenes de Moscú) terminaron en una ruptura formal entre Yugoslavia y la URSS en 1948.

CinKom-private-screeningTito y su mujer, Jovanka, en un pase privado.

Esta ruptura trajo importantes consecuencias a Yugoslavia en todos los aspectos y también en su cine. Con las producciones soviéticas vetadas, el país decidió importar las películas desde otro gran productor mundial: Hollywood. La decisión fue recibida con los brazos abiertos por Estados Unidos, que vio como se abría una puerta de entrada en un país comunista en plena Guerra Fría. Así, durante la década de los 50, los yugoslavos pudieron disfrutar de las películas nacionales, donde se promulgaban los ideales comunistas y se enaltecía la lucha de los partisanos por liberar al país y del glamour de las estrellas norteamericanas.

“Nema problema”, las superproducciones con Hollywood

1962 es el año que marca la apuesta definitiva de Yugoslavia por la internacionalización y las superproducciones. Ese año llega a Avala Film Ratko Drazevic, ex partisano con vínculos con la Seguridad del Estado, al que Tito ha encomendado la labor de atraer las producciones extranjeras y su dinero. En ese momento, los estudios pasan de ser un arma de propaganda política a ser un máquina de ingresos para Yugoslavia.

Ratko tenía clara una cosa “si quieres trabajar con los americanos, no dejes que noten que no están en Hollywood”, como cuenta el asistente de dirección de Avala, Steva Petrovic, en el documental. De este modo, “nema problema” (no hay problema) se convirtió en la frase con la que los trabajadores respondían a cualquier petición o necesidad de los directores extranjeros.

Los estudios yugoslavos ofrecía numerosas ventajas a los productores foráneos. Un personal cualificado, extras baratos (por ejemplo soldados), grandes y diversos recursos naturales y la posibilidad de utilizar cualquier recurso estatal (es decir todo) para hacer el filme, si Tito así lo disponía.

La anécdota con la que se abre el artículo sobre La batalla del río Neretva es el mejor ejemplo de las posibilidades que ofrecía el país para las superproducciones. Aquel filme, que contó con la participación Orson Welles y Franco Nero y con el talento de Picasso para el cartel, consiguió uno de los primeros éxitos internacionales del cine yugoslavo llegando a optar a un Oscar a la mejor película extranjera.

Hoy día, el puente que se derribó para la película permanece tal y como quedó tras la explosión del rodaje, y se ha convertido en una atracción turística en Jablanica (Bosnia). En ella, más que recordarse el rodaje, se rememora la lucha de los partisanos contra el bando fascista con Tito a la cabeza (aunque siempre hay algún turista despistado que achaca la demolición de ese puente a la Guerra de Bosnia).

El género partisano

Tito, aficionado a los westerns, fue el principal impulsor de un género propio: el cine de partisanos. Durante los años 1947 y 1980 se rodaron más de 300 películas sobre la lucha de los partisanos en la II Guerra Mundial. La mayor parte de estos filmes se limitaban a una sucesión de escenas de guerra donde los soldados de Tito mataban nazis de principio a fin y en más de 30 aparecía el mismo actor, Bata Zivojinovic, otro de los protagonistas de Cinema Komunisto (y candidato a la presidencia de Serbia por el partido comunista en 2002 con el eslogan “Me conocéis”).

Sin embargo, las películas de partisanos consiguieron hacerse eco internacionalmente, unas veces por méritos propios (como La batalla del río Neretva) y otras, por afinidades políticas. La película Walter defiende Sarajevo se emite en China cada nochevieja desde hace más de 30 años, lo que la ha convertido en la película más vista de la historia y a Bata Zivojinovic, su protagonista, en una estrella en este país asiático. En 1985, la recién independizada Mozambique pidió ayuda a Yugoslavia para rodar un filme sobre la lucha de sus guerrillas comunistas dando lugar a la primera película de partisanos de creación africana. Incluso Serge Gainsbourg hizo una de sus escasas apariciones cinematográficas como partisano en una de las producciones yugoslavas.

le-traitre-jane-birkin-serge-gainsbourgJane Birkin y Serge Gainsbourg en Devetnaest djevojaka i jedan mornar, traducida al francés como Le Traître (1971).

Una de las peculiaridades de estas películas es que Tito no aparecía en ninguna de ellas. Hasta 1972, año en el que el mariscal decidió permitir que un actor le encarnara en la gran pantalla, animado en parte por el éxito internacional de La batalla del río Neretva. Pero no podía ser cualquier actor, así que el mismo Tito lo seleccionó. El elegido fue Richard Burton, quien preparó el papel junto al propio Tito. La película, Sutjeska, ganó el premio a la mejor película en Festival de Cine de Yugoslavia (hoy Festival de Cine de Pula) de aquel año.

Lo que el documental no cuenta

Pero, mientras el cine de partisanos pugnaba por convertirse en un género respetable, en la cinematografía yugoslava estaban sucediendo muchas más cosas. Durante los años 60 y principios de los 70 tuvo lugar la conocida como “Black Wave” yugoslava, una generación de cineastas que habían empezado a hacer cine experimental en el que no faltaban el humor negro y la crítica social. Estas producciones, que gozaron de reconocimiento internacional, no fueron, sin embargo, bien vistas por el régimen, que pronto empezó a prohibir algunos de sus títulos mientras unos cuantos directores tuvieron que abandonar el país.

La censura o injerencia del poder en la producción cinematográfica de la Yugoslavia comunista es algo que, aunque aparece en el documental lo hace de manera secundaria. El testimonio de Gile Djuric, director de Avala Film hasta 1972, año en que fue destituido precisamente por su apoyo a una mayor libertad de expresión en el cine, es el único momento del documental donde se habla de un acto de censura como tal. Las correcciones personales de Tito a los guiones de las películas de partisanos, las previsualizaciones de ciertos filmes, la coincidencia entre su opinión y los premios entregados en el Festival de Cine de Yugoslavia, o el hecho de que él eligiera al actor que le representaría en pantalla es narrado por los protagonistas del filme como lo normal.

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Probablemente esto se debe a que las voces principales del documental son trabajadores de los estudios o del servicio personal de Tito y personas, todas ellas, que añoran aquellos tiempos en los que podían hacerlo todo porque Tito les decía que podían. Pero no aparece ningún testimonio de aquellos que no pudieron hacer lo que querían porque Tito dijo que no podían. Ese tono nostálgico le ha valido algunas críticas a la película, tachada en ocasiones como un producto para turistas.

A pesar de estas voces, desde 2010 Cinema Komunisto no ha parado de cosechar éxitos en festivales de cine y salas de distintos países. La película también ha servido para dar visibilidad internacional a Avala Film, unos estudios que, desde su privilegiada situación en Belgrado, permanecen a la espera de la estacada final que les haga desaparecer definitivamente. En la primavera de 2013, 13 años después de la última película rodada en Avala, se anunció el plan de privatización total de los estudios (la parcial había llegado años antes). Muchos ven el peligro de que se pierda todo el acervo cinematográfico de este estudio en la venta, pues lo más codiciado es el terreno donde se asientan las instalaciones y el interés de los compradores es más inmobiliario que cultural.

Vídeo de la privatización y el estado actual de los estudios (en serbio):

Actualmente, el tema sigue siendo objeto de confrontación política en Serbia, y el organismo que se encarga de gestionar la privatización ya ha prometido que exigirán al comprador el compromiso de que impulse el cine serbio y dé una nueva vida a Avala, algo ante lo que los artistas se muestran escépticos.

Mientras tanto, Cinema Komunisto sigue acercando a los espectadores de todo el mundo la “historia de un país que ya no existe más que en su cine” y los distintos países de la antigua Yugoslavia se reparten la cinematografía de aquellos años, sin saber muy bien si lo que cuenta a la hora de decidir la nacionalidad de la película es el país de origen del director, el escenario o el estudio que la produjo.

Tráiler del documental:

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Acerca de Ámina Pallarès Calvi

Periodista y artista gráfica. Twitter: @aminapallares Tumblr: La Pallarès

2 comentarios para “Cinema Komunisto: “Pudimos porque Tito dijo que podíamos”

  1. Cinema

    Siendo discrepar. Yo creo que en la película sí se habla de las ingerencias de Tito en los guiones o en las decisiones de los galardones o quién debería representarlo en la película y no como algo normal o anecdótico. Se presenta como lo que fue, sin enjuiciarlo moralmente -eso es lo que más me gustó de la película- como una de tantas ingerencias de su personalidad. Que la impresión que de sea otra me parece que tiene relación con la percepción generacional que tenemos de cómo se vivían esos años. El único protagonista que realmente es un nostálgio es el camarógrafo personal de Tito. El resto me parece que con las expresiones que usan ven a Tito como lo que era, un presidente plenipotenciaro en todo.

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    • Ámina

      No sientas discrepar :-) Me encanta que haya opiniones diferentes. Personalmente, la película y la historia que cuenta me encanta, pero sí que le veo ese aire nostálgico (más allá del proyeccionista personal de Tito) que se le ha criticado en ocasiones y quería recoger también las voces de quienes la consideran un relato edulcorado.

      Por otra parte, como espectadora, sí que hecho de menos alguna mención un poco más directa o extendida a la Blak Wave yugoslava. En el momento en el que Djuric relata cómo fue despedido porque consideraba que los artistas tenían que poder ser críticos con la realidad social, ¿no te quedas con ganas de saber más? ¿De entender de qué está hablando exactamente? En el filme, por ejemplo, se habla largo y tendido sobre La batalla del río Neretva, pero hubo dos películas yugoslavas anteriores que habían sido nominadas al Oscar a la mejor película extranjera, ambas de Sasa Petrovic (máximo exponente de la black wave) y por lo menos una de ellas producida por Avala Film y ninguna tiene un espacio destacado.

      Quizás la directora no incluyó estos testimonios porque no tuvo acceso a ellos o porque lo que le interesaba era, precisamente, el relato oficial sobre el cine del gobierno comunista (probablemente sea esto último). En cualquier caso y a pesar de esto, insisto en que me parece un documental más que recomendable. Ah! Y la web del documental también es muy recomendable para ampliar información. Allí sí que se recogen muchos de los temas que no tienen cabida en la cinta, además de incluir un apartado con otros documentales sobre cine yugoslavo.

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