El alma de los gitanos: un viaje a través de su música

músicos en sarajevo

“Los sueños primero se proyectan, se preparan, realizan, y luego se difunden”. Jordi Oliver es fotógrafo y su sueño fue viajar a través de la música gitana. Se inspiró en la película documental Latcho Drome, de Tony Gatliff, y el resultado es un libro de fotografía, Gypsy Soul, que retrata a los músicos gitanos en su entorno, de Andalucía a Rajastán pasando por los Balcanes.

¿Cómo fue la puesta en marcha del proyecto?
Antes del viaje preparé los contactos, las etapas y la manera de producirlo durante un año. Conseguí los fondos a través de la plataforma de crowdsourcing Verkami. Quería que la gente se enamorase del proyecto y me ayudara a desarrollarlo. Pedí 4.300 euros, y recaudé 6.000, la mitad de la publicación y del viaje.

El viaje lo dividiste en varias etapas…
Fueron tres. La primera en los Balcanes: Bosnia, Serbia, parte de Kosovo y Macedonia. La segunda, Rumanía y Turquía. Y la tercera en Rajastán, al noroeste de la India, cerca de Pakistán, que es donde nacen las tribus nómadas y la música gitana, en el desierto de Taha. Entre estas estapas también viajé a festivales de música del sur de Francia y a Andalucía, para el flamenco.

¿Cómo fue la experiencia en los Balcanes?
Para contactar con los músicas gitanos tuve que encontrar gente que me ayudara. Entre ellos había una antropóloga rusa que estudiaba las religiones en el mundo gitano. Quedé con ella en Sarajevo y me introdujo en las comunidades y campamentos. Allí las condiciones son muy duras, porque viven en barrios que se destrozaron durante la guerra y rehicieron las casas. Cuando estuve hacía mucho frío y no tenían electricidad. En el barrio de Sutkar, en Skopje, en cambio, incluso hay diferencia de clases. Es el más grande de Europa. Empieza con chabolas y se va transformando en una ciudad.

saxofon en skopje

Entonces tú llegabas a un campamento o barrio y buscabas a los músicos…
Iba preguntando por las casas, los entrevistaba y pasaba una tarde con ellos, iba a una actuación, volvía al día siguiente… Su predisposición fue muy buena. Solo tuve un problema en una boda, porque no podías hacer fotos a los novios si no eras gitano.

¿Qué encontraste en común entre la parte occidental, la balcánica, con Rumanía y Turquía, y la india?
En la India fue muy emocionante porque vi el origen de la música gitana a través de los Bopa, que es una de las últimas tribus de Rajastán. Podías alargar un canto y conectarlo con el flamenco. De allí a Andalucía no hay nada.

Pero en los Balcanes hay un paréntesis…
Porque entran diferentes instrumentos. En Turquía es la cuerda y la percusión, y luego en los Balcanes el viento. Pero muchas veces, guturalmente, cuando cantan, el duende es el mismo, y une toda la música.

¿Tú has visto duende en los balcanes?
Con una trompeta. Todos los músicos tocan de corazón, no es técnica. Y el sentimiento pasa de generación en generación.

Veo muchas diferencias y me cuesta conectar todas las músicas gitanas. Es más fácil a veces encontrar una conexión entre el flamenco y música árabe que con música balcánica… Las fanfarrias tienen un componente más festivo, por ejemplo.
En Rumanía estuve casi un mes viajando con una orquesta en furgoneta. Cuando convives con ellos y ves cómo ensayan, cómo interaccionan, y el diálogo que hay entre los instrumentos descubres que es menos festivo de lo que pensabas. En la película Caravan Tour, de Albert Maysles, se muestra cómo actúan músicos gitanos de cuatro países distintos: Macedonía, Rumanía, India, y España. Cuando se mezclan unos con otros te das cuenta, y te lo dicen ellos, lo que les une es el duende.

El Gypsy Soul…
Cuando había un momento de magia se guiñaban el ojo y decían “this is gipsy soul”, ese guiñó me pareció el mejor título. Mágico. Sin diferenciar estilo. Para ellos es todo.

musicos de skopje

¿Les preguntabas si conocían los estilos de las diferentes regiones?
Muchos no conocían el flamenco, y aquí era a la inversa. Piensa que en toda Europa menos en España la lengua vehicular es el romaní. Hay una diferencia comunicativa. El flamenco aquí es muy popular, pero en el resto de Europa la cultura gitana no goza de la misma aceptación, o incluso los gitanos están perseguidos.

En el pasado festival Inedit se proyectó la película Triana pura y pura, donde se explica cómo los gitanos, que estaban integrados y eran en su mayoría artesanos, fueron expulsados del barrio sevillano en el que vivían y trasladados a una barriada, que acabaría convirtiéndose en las 3.000 viviendas. Y en Barcelona ocurrió algo parecido con los habitantes del Somorrostro. ¿Estas situaciones has visto que continúan existiendo?
En cada viaje he visto esta intención de aislarlos en guetos. Están separados. En Bulgaria es donde más aluciné, por el crecimiento de la extrema derecha. Apenas reciben apoyo y los gobiernos no han encontrado un sistema para poder integrarlos, por ejemplo en la educación, o evitar que el nomadismo esté perseguido. Parece que si no tienes una dirección con un correo postal no existes.

En el caso de Kosovo, los gitanos -que por cierto, esta denominación podemos utilizarla nosotros sin ánimo de ofensa, pero no en los Balcanes-, se autodenominan Roma, Ashkali y Egipcios. En el sur de Macedonia, en Strumica, hay gitanos musulmanes sufíes, que se consideran turcos y hablan en macedonio (lengua eslava). ¿Has sido testigo de estos contrastes?
Desde que haces seguimiento a un pueblo que ha sido nómada, te encuentras una mezcla increíble. Para mí esto es un principio de proyecto, y me apasiona seguir más por todo lo que queda por descubrir. Te puedes ir a Irán y encontrar gitanos que hablan en romaní.

Tendrás muchas anécdotas de tus viajes…
Millones. Por ejemplo, con Esmeralda Romanez, que es la defensora de los derechos de las mujeres gitanas en el mundo. Cuando fui al sur de Francia me recibió ella. Alta, pelo negro, ojos verdes. Entró en mi coche y fuimos a un campamento. Había una fiesta espectacular alrededor del fuego, con gitanos del este y el sur. Al llegar me dejó libre y se sentó en una sillita con una copa de vino. Sentí que me estaba observando, que estaba pasando una especie de examen para ver cuál era mi comportamiento, si mostraba respeto o no. A las dos horas me senté con ella: “¿Cómo he estado?”, le pregunté. “Bien. Estás aceptado en el mundo gitano, pero la próxima vez que vengas a una fiesta gitana no traigas bambas, porque los gitanos lo primero que hacen es mirarte los zapatos, y tienen que ser de bota y con punta”.

Imágenes: Gypsy Soul, Jordi Oliver (Linkgua Ediciones, 2013)

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Acerca de Ginés Alarcón

Periodista. Editor de Revista Balcanes. Twitter: @ginesalarcon

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