El clarinete desbordante de Ivo Papasov

Cuando se habla de música balcánica, lo primero que le viene a la mente a cualquiera con un conocimiento circunstancial de la zona son las fanfarrias, popularizadas por las películas de Emir Kusturica y las bandas sonoras de Goran Bregović, con su sonido estruendoso y sus ritmos alocados e ideales para el desmadre. Entre los fascinados por la antigua Yugoslavia causa furor el rock de los 80, momento en que se produjo un auténtico boom de bandas rebeldes y carismáticas que galvanizaron a la juventud del país apenas unos años antes de la catástrofe. Sin embargo, fuera del espacio ex-yugoslavo son muchas las músicas, principalmente de raíz, que han quedado un poco apartadas de los focos por la distancia cultural o por la falta de la promoción adecuada.

En el caso de Bulgaria se ha prestado cierta atención a las voces búlgaras, pero quizás no tanta como merecen a las llamadas “orquestas de bodas”, una tradición con más de un siglo de antigüedad que en la década de los 80 vivió una auténtica eclosión. En una sociedad pautada y represiva, una generación de grandes instrumentistas recogió lo mejor de un género popular, lo mezcló con elementos modernos, tanto búlgaros como del resto del mundo, y lo convirtió en un vehículo ideal para la improvisación. Este movimiento incluye a músicos como Ivan Milev, Georgi Yanev o Petar Ralchev, pero, por encima de todos ellos, destaca una figura que cambió por completo la música búlgara: el revolucionario del clarinete Ivo Papasov.

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Papasov nació en 1962 en Kardzhali, en el seno de una familia de músicos. Como si fuese una señal del destino, al nacer le cortaron el cordón umbilical con el hilo que su padre utilizaba para mantener bien sujetas las dos partes del cuerpo de su clarinete. Empezó tocando el acordeón, pero su destino como músico quedó sellado con apenas nueve años: un día, al volver a casa, su padre oyó un sonido atronador y, al abrir de golpe la puerta, se encontró al pequeño Ivo tocando su clarinete a escondidas. Impresionado ante tamaña precocidad, invitó a su casa a un especialista para que escuchase al niño prodigio y este sentenció: “Solo tiene nueve años, pero sopla como un hombre”.

A partir de los 12 años de edad, Papasov empezó a tocar en bodas y restaurantes junto a su primo y compañero inseparable, el virtuoso acordeonista Neshko Neshev. Ambos formaron la Orquesta Trakia y entraron en el circuito de las bodas, acompañando a cantantes de prestigio en la época como la legendaria Nedialka Keranova. En aquella época, en Bulgaria el mercado agrícola y ganadero se encontraba en una situación boyante y los casamientos constituían una de las pocas muestras de estatus social toleradas por el comunismo, así que las familias con posibles aprovechaban para tirar la casa por la ventana: las bodas se solían celebrar bajo enormes carpas, podían llegar a tener más de 1.000 invitados y la comida, la bebida, la música y el desenfreno se prolongaban durante días.

Nada más irrumpir en el mundo de la música de bodas, Papasov y su grupo destacaron por su virtuosismo, sus arreglos innovadores y su libertad en la improvisación. De forma similar a lo que ocurre con los palos del flamenco, la música de bodas búlgara se divide en distintos estilos (pravo horo, kopanitsa, rachenitsa, etc.), muchos de ellos con metros irregulares que pueden sonar caóticos al oído no acostumbrado. Sobre esta peculiar base rítmica se alternan fragmentos melódicos tocados por todo el conjunto con fragmentos cantados y otros en los que los distintos instrumentistas se van turnando para improvisar. En el género, reacio al minimalismo, son particularmente apreciadas la ornamentación exuberante y la velocidad.

Papasov y la Orquesta Trakia llevaron estas características de la música de bodas a la exasperación, arrasaron con todas las fronteras entre los distintos estilos tradicionales e introdujeron elementos próximos a la disonancia y al free jazz. En sus temas, las notas caen en cascada a una velocidad vertiginosa sobre el aparente deslavazamiento de los ritmos asimétricos, en una combinación única de visceralidad y elaboración formal. La guinda del pastel es el virtuosismo del propio Papasov, poseedor de una técnica siempre sorprendente y de una creatividad inagotable como improvisador. Por decirlo con las propias palabras de Ivo, gran glotón: “Puedo comer dos veces de un mismo plato, pero jamás puedo tocar dos veces lo mismo”.


Ivo Papasov interpretando “Demidzhijska Rachenitsa”, el explosivo tema que abre su disco “Fairground” (2003). La rachenitsa es un estilo tradicional búlgaro basado en un compás de 7/16.

Una música subversiva
Durante los años 70 y hasta principios de los 80, el circuito de la música de bodas no recibía ningún apoyo oficial por considerarse una expresión artística vulgar y funcionar de forma ajena a los parámetros del comunismo, así que la fama de Papasov y la Orquesta Trakia empezó a extenderse gracias al boca oreja hasta convertirse en un auténtico fenómeno underground. Por sus actuaciones se pagaban cifras mareantes y en cada boda se colaban seguidores fanáticos que grababan las actuaciones en cintas de cassette para luego venderlas clandestinamente a precios astronómicos, equivalentes al sueldo de un mes. Todo el mundo quería que Ivo tocase en su boda, hasta el extremo de que la gente esperaba años e incluso trasladaba bodas enteras de un lugar a otro para contar con su presencia.

Sin embargo, con el éxito llegó también la suspicacia de las autoridades comunistas, irritadas porque Papasov y sus compinches interpretaban la música tradicional de forma viva y espontánea, totalmente alejada del folclore domesticado de los ansambli oficiales. Pero la principal causa de la ira de los gobernantes era que, en su música, Ivo introducía lo que se denominaban “influencias extranjeras”, eufemismo que hace referencia a su uso de elementos de la música turca y gitana, ambas despreciadas a consecuencia de la tormentosa relación del establishment búlgaro con el legado otomano.

Llegados a este punto, conviene hacer una aclaración: en realidad, Ivo Papasov no se llama ni Ivo ni Papasov, sino Ibriam Hapasov. En lo que parecen simplemente unas pocas letras de diferencia se abre una brecha étnica, religiosa y cultural. Porque Papasov procede de una familia de gitanos turcos de religión musulmana, tres elementos identitarios estigmatizados por la ideología oficial. A partir de las iniciativas de revitalización de la cultura búlgara puestas en marcha por Liudmila Zhivkova, el régimen se vio sacudido por una oleada de nacionalismo agresivo cuyo objetivo era convertir a Bulgaria en una “nación única socialista” y que veía a la población turca y musulmana como el principal obstáculo para la realización de su proyecto homogeneizador.

El culmen de este proyecto fue el denominado “Proceso de Renacimiento”, por el cual se intentó acabar con los rasgos identitarios de la minoría turca, que en aquella época representaba en torno al 10% de la población. En concreto, entre otras prohibiciones quedaba fuera de la ley hablar en turco en público, practicar cualquier rito musulmán (incluida la circuncisión a los hijos varones) y enseñar o leer el Corán. En el punto álgido de la represión, todos los ciudadanos con nombres musulmanes fueron obligados a adoptar nombres “búlgaros”, proceso que solía ir acompañado de visitas a comisaría y de los consiguientes interrogatorios y palizas. Fue así como Ibriam se convirtió en Ivo y Hapasov en Papasov. Cuando en 1989 el régimen cayó y Papasov tuvo la oportunidad de recuperar su nombre original, ya se había hecho famoso con la versión bulgarizada, así que decidió conservarla, si bien hoy en día en Bulgaria también se le conoce como “Ibriama” –su nombre original, recuperado como apodo– o, entre turcos y gitanos, simplemente como “Aga” (maestro).

La prohibición de las señas de identidad turcas y gitanas también incluía la música, así que Papasov y su grupo empezaron a ser perseguidos y multados cada vez que, en una boda, abandonaban los estilos tradicionales búlgaros y tocaban estilos prohibidos, en especial el detestado kiuchek. Fueron muchas las ocasiones en las que tuvieron que huir corriendo de la carpa donde estaban actuando y esconderse en el bosque porque alguien les había delatado y la policía llegaba para detenerlos. Pero otras veces no se libraron. En la peor de sus tribulaciones, Papasov fue arrestado, encarcelado durante 45 días y obligado a realizar trabajos forzados picando bloques de cemento. Cuando le llegó el rumor de que tenían previsto trasladarle al infausto campo de trabajo de Belene –situado en un islote del Danubio, un lugar adonde muchos iban pero de donde pocos volvían–, se puso en contacto con un conocido que estaba en el ejército y que le salvó por los pelos: se presentó a liberarle, soborno mediante, a las 3 de la madrugada del mismo día en que lo iban a deportar.

En paralelo a la represión pura y dura, el régimen intentó encauzar el movimiento de la música de bodas con la creación del festival de Stambolovo, que reunía a las principales estrellas del género. Se trataba de un concurso en el que las distintas orquestas debían ceñirse exclusivamente a los estilos búlgaros y se sometían a la evaluación de un jurado, formado por músicos y folcloristas de prestigio y responsable de determinar a los ganadores en las diferentes categorías. Stambolovo se convirtió en un fenómeno de masas y Papasov en su principal figura, pero su enorme éxito apenas traspasó el ámbito nacional. A diferencia de las fanfarrias, la música de bodas búlgara jamás contó con un Kusturica que le diese una estética atractiva ni con un Bregović que la procesase para su consumo en Europa occidental. Además, su barroquismo rítmico y melódico se convirtió en un obstáculo añadido para su difusión fuera de Bulgaria, de forma que, incluso después de la caída del Muro, el género quedó como un placer rebuscado para los aficionados a la world music y al jazz más vanguardista.


Ivo Papasov y la Orquesta Trakia en el programa “Nightmusic” de la cadena estadounidense NBC, presentado por el prestigioso saxofonista de jazz David Sanborn.

Profeta fuera de su tierra
Uno de estos melómanos inquietos era Joe Boyd, productor de artistas como Pink Floyd, Nick Drake o R.E.M., quien en 1987 visitó Bulgaria y quedó tan fascinado por la música de Papasov que se ofreció a producirle “Orpheus ascending”, su primer disco internacional. Gracias a Boyd, Papasov consiguió darse a conocer más allá de las fronteras búlgaras y, tras la caída del régimen comunista, empezó a tocar con cierta regularidad fuera del país. Aunque su virtuosismo y su estilo rompedor le valieron los elogios del mismísimo Frank Zappa y sirvieron de inspiración a Steve Vai para desarrollar nuevas técnicas guitarrísticas, en Bulgaria las cosas empezaron a torcerse: con la democracia vino la crisis económica, que diezmó considerablemente el circuito de las bodas, y las preferencias musicales se orientaron hacia la chalga, la adaptación búlgara del turbofolk yugoslavo, más básica y acorde con el espíritu de la época.

El turquismo chalga significa “música” y, antiguamente, la denominación chalgadzhia se utilizaba para hacer referencia a los músicos de bodas como Papasov, de forma que, en un giro cruel del destino, en pocos años estos no solo perdieron a casi todo su público, sino también incluso el nombre. Para colmo de desgracias, la discográfica de Joe Boyd empezó a sufrir problemas empresariales y Papasov no pudo lanzar más discos al mercado internacional. Fueron tiempos de penurias económicas en los que Ivo y su mujer, la cantante Maria Karafizieva, tuvieron que alimentar a sus hijos casi únicamente a base de sopa de tomate.

Los vientos no volvieron a soplar a favor de Papasov hasta el año 2003, cuando “Fairground”, su tercer disco publicado fuera de Bulgaria, recibió el premio del público en los World Music Awards de la BBC. Este reconocimiento internacional hizo que sus compatriotas volviesen a considerar a Papasov como una estrella de la música búlgara, pero, por desgracia, esto no se tradujo ni en una mejor distribución de sus discos ni en un aumento significativo del número de conciertos. Finalmente, en 2008 Papasov lanzó un nuevo disco titulado “Dance of the Falcon” (La danza del halcón), que él mismo describía diciendo: “como el halcón, hago un giro con mi música”. El sentido de este giro queda claro ya desde el inicio del disco, en el que, tras un breve diálogo en turco con sus músicos, Ivo se lanza a una improvisación con ritmos y motivos desacomplejadamente orientales. El resto del disco está formado casi en su totalidad por temas de estirpe gitana y turca, la música transmitida de generación en generación por sus antepasados y el motivo por el que fue perseguido en los años 80, si bien con orquestaciones y arreglos modernos ideados para la ocasión. Con todo, Ivo –pese a todos los sinsabores, ferviente patriota búlgaro– también incluye en el disco una sentida versión de la canción tradicional “Hubava si moia goro” (Eres bello, monte mío).


Papasov interpretando “Kaba zurna”, una improvisación al estilo gitano-turco basada en el registro bajo del clarinete.

En contraste con su música, Ivo Papasov tiene un carácter tierno y sosegado, en el que las amarguras sufridas han dejado un poso de melancolía. A pesar de la incomprensión de la mayoría de sus connacionales se siente profundamente ligado a Bulgaria, por lo cual, pese a contar con los medios para hacerlo, no ha abandonado su país natal. Desde hace años vive en Bogomilovo, un pequeño pueblo situado cerca de Stara Zagora, en una casa decorada con motivos musicales que también utiliza como local de ensayo. El hombre que revolucionó la música búlgara y se enfrentó a las prohibiciones de las autoridades hoy lleva una vida pausada y sencilla. En las afueras de Bogomilovo hay un riachuelo donde Papasov va a pescar. Aunque parezca paradójico teniendo en cuenta su ferocidad como improvisador, Ivo compone desde la calma más profunda: en silencio frente al agua, se queda escuchando a los pájaros y de sus trinos saca las ideas que luego transformará en canciones. Nosotros le dejaremos aquí, sentado junto al río, a la espera de disfrutar pronto de los nuevos vuelos de su imaginación.

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Acerca de Marc Casals

Traductor e intérprete residente en los Balcanes. Twitter: @MarcCasalsIg

2 comentarios para “El clarinete desbordante de Ivo Papasov

  1. Gala Xiuhcóatl

    Muchas gracias por este artículo! Es justo por este hombre que estoy aprendiendo idiomas turco y búlgaro… 🙂

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