El Fantasma de Belgrado o cómo burlarse en la cara de una dictadura

el fantasma de belgrado

El 16 de septiembre de 1979, la selección argentina de fútbol, que el año anterior se había proclamado campeona del mundo, visitó Belgrado para medirse a la plavi. En el banquillo estaba Menotti y el capitán era Passarella, pero recibieron una soberana paliza. El mítico centrocampista ofensivo del PSG, el bosnio Safet Susic, metió tres goles en setenta minutos y al final el resultado fue de 4 a 2 para los locales. Yugoslavia se había cepillado a la mejor selección del momento y obligó a Menotti, cómo no, a excusarse y a responder filosóficamente a las críticas que le hicieron en su país.

Fue una fiesta del fútbol yugoslavo, pero aquella tarde no había ni media entrada en el Marakana de Belgrado. ¿Dónde estaba la gente? ¿Por qué se perdieron tamaño acontecimiento? Pues porque el verdadero espectáculo estaba a unos veinte minutos andando de allí, en la plaza de Slavija. En esa rotonda había casi diez mil personas mirando fijamente a la carretera. Estaban esperando al Fantasma de Belgrado.

publicoBalcanes es una tierra muy apropiada para eso que dijo el sabio de que la realidad supera a la ficción porque no tiene por qué esforzarse en parecer real. La historia del Fantasma de Belgrado, al menos, lo confirma. Hasta hace unos años no era un tema muy conocido, sólo lo recordaban los mayores, hasta que Jovan B. Todorovic filmó la historia en 2009 como proyecto final de sus estudios de cinematografía. Con la película, mucha gente se dio cuenta de que la leyenda urbana era cierta. Al productor de la cinta, Bogdan Petkovic, se la había contado su padre, fundador del museo de coches de Belgrado. En cuanto se lo comentó a su amigo Todorovic, en el acto supieron que tenían entre manos la historia perfecta para su debut cinematográfico ¿Pero qué ocurrió aquellas dichosas noches? Para explicarlo, primero hay que hablar de tenis.

Ivko Plecevic fue uno de los mejores tenistas de Yugoslavia. Y era serbio. Un dato importante porque ser serbio y tenista, por mucho Novak Djokovic y mucha Monika Seles, nunca ha sido fácil. Para empezar, porque después de la II Guerra Mundial, en la Yugoslavia comunista el tenis era considerado un repugnante deporte de burgueses. No fue hasta los años sesenta, cuando se difundió una foto del mariscal Tito peloteando raqueta en mano, que cambió la mentalidad oficial con respecto al tenis. Sin embargo, los jugadores serbios tenían otra dificultad añadida: el invierno. Cuando todo el país estaba nevado, tenían que irse a entrenar a Croacia, a Split. Eso los que podían.

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Pero Ivko supo luchar contracorriente y triunfó. Llegó a ser uno de los mejores jugadores de su país y, cuando se retiró, se dedicó a dar clases en Austria. Y mal no le tuvo que ir porque se pudo permitir un pecadillo sutil de concejal de urbanismo español: un Porsche 911 ‘Targa’ de color blanco. El caso es que toda esta historia gira en torno a ese coche. Así empezó a contarla el propio tenista hace tres años a un programa de radio de la RTS (Radio Televisión Serbia).

“Como cada año, el verano de 1979 fui de vacaciones a Serbia. En Belgrado, vivía en la calle Cvijiceva. Aquel día de septiembre, estaba recogiendo todas mis cosas para volverme a Austria. Aparqué en la calle de al lado de mi casa y metí unos libros en el coche que me quería llevar para no olvidarlos. Me fui a dormir y al día siguiente, cuando me fui a por el coche para aparcarlo más cerca de mi casa, vi que no estaba”.

Lo que ocurrió fue que un joven, Vlada Vasiljevic, le había robado el Porsche. En un principio, Ivko no le dio demasiada importancia, tenía el coche asegurado, lo único que le molestaba era que tenía que volver a dar clases a Heidelberg y se estaba retrasando. Pero fue a la comisaría a poner una denuncia y luego comentó el asunto en una kafana que era muy frecuentada por la policía y que simpáticamente se llamaba ‘Madera’. Allí se quedó alucinado con el interés que despertaba el tema. Pero eso no era nada.

Por la noche, Vasiljevic empezó a conducir el Porsche a toda velocidad por las calles de Belgrado. No pasó nada. Pero a la noche siguiente volvió. Y la siguiente, también. La policía comunista, que iba en humildes Zastava 101, no le podía ni seguir; no podían ni soñar con alcanzarle. El chaval jugaba con ellos al ratón y al gato, les toreaba literalmente y como se dice en argot futbolero, les pintaba la cara cada noche.

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Semejante escándalo no tardó en saltar a la prensa y en excitar a los belgradenses. A Tito, por su parte, le pilló todo estando en Cuba en la cumbre de los Países no alineados. A las autoridades que les tocó lidiar con el problema en ausencia del mariscal tenían todo un papelón. Miguel Rodríguez lo explica así en su imprescindible Anatomía serbia:

“Noche tras noche cogía el coche, desafiaba a la policía conduciendo a toda velocidad, la policía iba a por él, pero él lograba siempre escapar. Su popularidad alcanzó todavía mayores cotas al avisar a través de la radio Studio B de por dónde iba a conducir. Era una situación que parecía no tener fin. Su objetivo no parecía ser otro que desconcertar y provocar a la policía y eso empezó a gustar a los belgradenses”.

A la milicija, que así se llamaba la policía en la extinta Federación, no le quedó otra que tratar de dar con el coche por las mañanas. De buscar dónde lo escondía, pero no hubo manera. Ivko cuenta que, al margen del ridículo, lo que preocupaba a los agentes era que ocurriera alguna desgracia. Vasiljevic conducía a toda velocidad, no respetaba las señales, pasaba los semáforos en rojo, se subía a las aceras, pero los belgradenses estaban encantados. Hablamos con Mirjana, una mujer de 60 años que fue testigo de toda aquella locura colectiva en la capital.

“Acababa de mudarme a Belgrado hacía muy poco tiempo y la ciudad me recibió con un acontecimiento tan fuerte como éste. Recuerdo que sobre todo los hombres estaban obsesionados con el tema. Los periódicos no paraban de escribir cada mañana sobre las hazañas del Fantasma de Belgrado. Yo no me acercaba a verlo porque me daba miedo que ocurriera algún accidente y, sobre todo, porque cada mañana tenía que ir a trabajar”

En ‘Anatomía serbia’, Miguel Rodríguez cuenta que la gente se asomaba a los balcones, que bajaban la calle Marsala Tita con sillas improvisadas. Ivko explicó que una noche él mismo lo vio pasar desde la ventana de su casa. Se lo contó a su sobrino, que le animó a salir tras él, pero no se atrevió por miedo a que llevase una pistola o algo. Uno de los rumores que circulaba era que se trataba del hijo de un importante militar y que iba armado. Otro rumor decía que eran dos, uno un conductor profesional y otro que no tenía ni idea. También, que se trataba de un trabajador del cementerio.

Cuando quedaban pocos días para que volviera Tito, el nerviosismo de los jerifaltes era insoportable y la milicija empezó a recibir presiones. Un comisario apodado ‘Fandjo’ salió por las noches con su Ford, que corría más que los Zastava de la policía, a ver si lo atrapaba, pero sin éxito. Aunque el comunismo yugoslavo fuese en algunas zonas del país el más benevolente y avanzado del mundo, seguía siendo una dictadura y, especialmente en Serbia, que era la república que con menos entusiasmo acogió el régimen, el Fantasma de Belgrado fue percibido como algo más que una travesura. Era una pequeña revolución simbólica.

El director de la película opina que “consiguió mostrar cómo aquel sistema resultaba ridículo”. Según Miguel Rodríguez: “destapaba las miserias de la administración yugoslava; aireaba que el sistema no era intocable, que podía hacer agua en cualquier momento, que en realidad no era tan sólido como oficialmente aparentaba y que, en definitiva, una mera grieta hecha por una sola persona había desencadenado todo un socavón”. Se convirtió en el héroe de la ciudad.

Ilija Bogdanovic, un azafato de la JAT, consiguió sacarle una fotografía del rostro mientras conducía en una de esas noches. Le contó al diario Politika cómo lo consiguió:

“El año 79 estaba siendo muy agradable y tranquilo hasta que de repente apareció el Fantasma, que se convirtió en un reto para mí porque decidí inmortalizarlo. Tenía muy buen equipo en ese momento, menos mal, con películas muy buenas y sensibles, que unos días antes había comprado en Nueva York. Lo primero que escuché fue que un Porsche iba conduciendo a 200 km/horas cada noche. Era un acontecimiento cada vez mayor, cada vez iba más gente a verle. Yo calculé que en Slavija iba a coincidir con él seguro.

Llamé a Vuk Tomanović, el mejor motociclista de Yugoslavia, y le dije que preparase la moto para perseguirlo. También puse en marcha a un amigo que era taxista que tenía la radio de los taxis para que me dijera por dónde estaba pasando en cada momento. En un principio pude captar sólo el coche pasando pero no pude pillar la cara. Entonces la décima noche tuve suerte, me saltó en el plano a muy pocos metros. Pude captar su cara tras el parabrisas. Luego tuve mucho miedo mientras iba a casa a revelar la película. Tenía un dilema, si publicaba la fotografía iba a convertirme en su delator y le iban a atrapar. Como no quise  llevar eso en mi conciencia y estaba a favor de él, me la guardé”.

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La décima noche, estaba la opción de disparar a los neumáticos del coche, pero las autoridades no permitieron que la policía pusiera en peligro su vida. Aunque se optó por una táctica quizá más troglodita. Se colocaron autobuses en todas las salidas de la rotonda de Slavija, por donde había anunciado que iba a pasar. Efectivamente, el Porsche  terminó estampado contra uno de ellos, pero tampoco pudieron atraparle. La gente sacó rápidamente a Vasiljevic del coche, lo ocultó entre la muchedumbre y desapareció.

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Ivko, cuando le devolvieron el coche hecho un cristo, decidió vendérselo a un coleccionista. Y a Vasiljevic, por su parte, ya se le había acabado la suerte. Cuando la gente le sacó del coche, alguien le reconoció y dio parte a la milicija. Le detuvieron a los pocos días y le cayeron dos años y medio de cárcel.

De su estancia en prisión sabemos que fue muy respetado por el resto de delincuentes y criminales, le tenían el alta estima por el show que había montado como Fantasma de Belgrado. También que dedicó las horas a hacer ejercicio y cuentan las crónicas que se puso que parecía “un gladiador romano”. Hacía flexiones con tres tíos encima y esas aficiones talegueras que tan bien quedan en pantalla. No obstante, en una ocasión consiguió escaparse de la cárcel. Estuvo tres días fugado y regresó por su propio pie. Alegó que tenía ganas de conducir. Estaba demostrando que todavía podía reírse de la policía una vez más. Le metieron 30 días de aislamiento.

A los médicos que le trataron del coco les contó que estaba obsesionado por los coches. “No sé qué me atrae tanto de robar un coche, cuando lo hago sé que tendrá consecuencias, pero cuando estoy dentro del coche conduciendo no puedo salir”, explicó.

Una vez en libertad, su destino estaba escrito. Tuvo un accidente de coche. Se salió de la carretera con un Lada en la carretera de Pozarevac. El copiloto murió en el acto. A él lo llevaron a un hospital de Belgrado y tardó varios días en morir también. Pero hasta su fallecimiento está envuelto en el misterio. Para empezar, porque no fue el primer tío incómodo para el régimen que murió en un accidente de coche por esas latitudes. Incluso su expediente policial desapareció y las circunstancias del accidente no han podido ser esclarecidas totalmente. No hubo testigos. Siempre quedará la duda de si se lo quitaron del medio. Estaba en la lista negra de enemigos del estado.

La película de Todorovic no es que esté en las más altas cotas de la cinematografía balcánica, cuyo nivel es bastante alto, pero sí que sirve para tomar el pulso a la sociedad urbana yugoslava tres años antes de la muerte de Tito. Y también, para descubrir ese gen sudeslavo rebelde, romántico y estrafalario tan cercano a nosotros, los latinos.

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Acerca de Álvaro Corazón Rural y Jelena Arsic

Periodistas. Álvaro es redactor de Jot Down y otros medios (@CorazonRural); Jelena cursa doctorado por la UCM.

5 comentarios para “El Fantasma de Belgrado o cómo burlarse en la cara de una dictadura

  1. Enepi

    Interesantisima la historia del Fantasma. No la conocia. Bien contada ademas. Estuve en Belgrado el verano pasado y me quede en un apartamento justo en la plaza Slavija, asi que me ha hecho bastante ilusion poder imaginarme como fue el asunto. Gracias!

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  2. Ranko

    Serbia no era era la república que con menos entusiasmo acogió el régimen.
    El evento tenía mucho menos transfondo político de lo que se representa en este artículo.
    Se trataba de un joven con ansías de llamar la atención y con una fuerte necesidad iracioanl de conducir a alta velocidad, pero nunca ha dicho que tuuviera algo contra el regimen ni que quisiera transmitir un mensaje político.

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  3. andrews

    Se me había pasado comentarlo, pero lo leí y flipé. Aquí el año pasado se paseó por Moscú un caucásico celebrando una boda en una limusina. Se fue hacia el kremlin y lo celebraba con la comitiva tirando disparos al aire con kalashnikovs asomados por el techo de los coches. Tardaron en pararles porque la poli flipaba.
    Como era hijo de un diputado creo que no paso nada….hago yo eso y ya estoy plantando en Siberia cardos borriqueros

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  4. Vero4travel

    Cuando creo que tengo bastante conocimiento sobre la antigua Yugoslavia y la actual Serbia aparece este artículo para enseñarme que tengo que investigar más a fondo sobre todo lo que ofrece esta ciudad, tengo que ver esta película si o si. Muy bien contado, desde la primera hasta la última palabra. Agradecerte que hayas compartido con todos el fantasma de Belgrado.

    Saludos,
    Jesús
    Vero4travel

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