El sueño de una noche de verano en Boka Kotorska

Fasinada

Resulta paradójico que justo tras el solsticio de verano, cuando las noches son más cortas en nuestro hemisferio, se empiecen a suceder la mayoría de las que recordaremos cuando echemos la vista atrás en fin de año. Será porque estemos de vacaciones, porque haga calor, o porque nos encontremos finalmente con el lugar soñado durante las largas semanas de invierno. O por todo eso en conjunto, como ocurre en la fiesta más autóctona y singular de la bahía de Kotor: la Fasinada, que se celebra cada 22 de julio en la pequeña isla artificial de Nuestra Señora de las Rocas (Gospa od Skrpjela) coincidiendo con la fecha en que la leyenda sitúa sus orígenes.

Según cuentan los montenegrinos, la isla fue creada durante el siglo XV, por los marineros locales, sobre la pequeña roca donde unos hermanos hallaron un viejo icono de la virgen, muy cerca de Perast. Cada vez que un navegante volvía a casa tras un viaje exitoso, traía consigo una piedra que lanzaba al agua al pasar por allí. También se usaron barcos de guerra de los enemigos turcos, dadas las buenas propiedades de la madera sumergida, y así se fue construyendo la estructura que permitió llegar a la superficie al cabo de los años.

Nuestra señora de las rocas 2

Imagen: Mariusz Kluzniak

Apenas un metro separa el agua del suelo sobre el que emerge la iglesia de Nuestra Señora de las Rocas,  muy característica por una cúpula azul que destaca su alma marinera. En su interior se encuentran pinturas del famoso perastiano Tripo Kokolja, baldosas de plata con grabados de temática navegante y un pequeño altar detrás del cual se accede a tocar con la mano la piedra mencionada en la leyenda. Adjunta tiene una casa-museo donde se muestran reliquias recogidas durante la historia.

Actualmente, durante los días de verano los taxi-boats traen centenares de turistas curiosos que, cansados de las aglomeraciones en el centro de Kotor, llegan a uno de los puntos más pacíficos y tranquilos de la costa adriática. Pero pocos saben que cada 22 de julio se celebra esta fiesta, reservada a jóvenes y adultos lugareños.

La gente va llegando durante la tarde con sus barcas, decoradas con ramas de álamo y cargadas de rocas, que lanzan una a una en los alrededores de la isla para contribuir a mantenerla, al igual que hacían sus predecesores. Es mayormente un acto simbólico, pues se genera un ambiente folklórico que recuerda los esfuerzos realizados durante siglos por los habitantes de la bahía, aunque también tiene su parte de practicidad. La erosión actúa con fuerza y es bueno reponer piezas.

El hecho de no tener una hora de inicio ni de fin, como casi todo en este país, permite que cada grupo cree su pequeña celebración íntima dentro de las barcas disfrutando de la compañía y el paisaje. Hasta que se empieza a respirar un ambiente lo suficientemente festivo para amarrar y adentrarse a descubrir todos los rincones de la diminuta isla.

Nuestra señora de las rocas

Imagen: Cheran

En cuanto cae la noche se produce uno de los actos más esperados: la entrega de premios a los vencedores de la regata hecha por la mañana en la bahía, en la que participan navegantes locales y también extranjeros. Posteriormente llega el acto que la multitud ansía realmente: la aparición de cocineros y cocineras, trayendo consigo enormes cantidades de comida que pueden incluir desde macarrones a la boloñesa hasta canapés dulces y salados.

Después de las dos veces que he podido disfrutar del anochecer en Gospa od Skrpjela rodeado de bokelji (vecinos de la Boka Kotorska), la sensación que me evoca hablar de ello es de gran nostalgia. Todo es calma, no hay fuegos artificiales, ni música ensordecedora. Los elementos que nos acompañan ahora mientras el sol se esconde tras los Alpes Dináricos son los mismos que cuando oscurecía antaño, y conforman la postal más representativa de lo que ha sido la costa montenegrina en el curso de los siglos: pescadores, marineros, y amas de casa que encontraron la felicidad en los gestos más simples de afecto hacia su gente y su tierra. Valores que empiezan a sonar anticuados en estos nuevos tiempos, pero que son los que han permitido al entorno olvidarse de tantos conflictos y batallas.

Con la colaboración de Milena Sjekloca
Puedes seguir nuestras actualizaciones en Twitter y Facebook

Comparte

Acerca de Marc Casanovas

Estudiante de Ingeniería Industrial en la UPC (ETSEIB).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>