El trágico día que terminó con la Ragusa latina

Ragusa 1667

Mañana del domingo 6 de abril de 1667, la ciudad de Ragusa amanece tranquila. Hay poca actividad en el puerto, algún marinero borracho saliendo de uno los tugurios de la zona dando tumbos, mujeres ventilando las sábanas en los coloridos ventanales de la marina y poco más. Extrañamente no hay gaviotas correteando entre las cubiertas de los barcos amarrados en el puerto. Apenas se oye el sonido de los primeros repiques de las campanas que llaman a misa en la majestuosa catedral.

Parece una mañana de domingo cualquiera pero algo extraño hay en el ambiente, algo que los habitantes de la orgullosa Ragusa no podían ni imaginar. Ese 6 de abril cambiará sus vidas y la de su república para siempre.

Esa mañana un estremecedor estruendo sacudió la ciudad de repente rompiendo la rutina dominical de los más de 12.000 habitantes de Ragusa. Un terrible zarpazo de la tierra que sacudió la ciudad y la resquebrajó por completo, sembrando el pánico y la destrucción por todas sus calles.

Fue un terremoto de enorme magnitud, el más intenso que se ha vivido en la zona en los últimos 2.500 años, desde que tenemos registros. Sorprendió a todos los habitantes de la ciudad por igual, fueran nobles o plebeyos, soldados o pescadores, enfrascados en sus labores matutinas.

La catástrofe adquirió tintes dramáticos a medida que los edificios iban desmoronándose y los incendios se multiplicaban por toda la ciudad. La gran mayoría de los edificios de Ragusa, de una preciosa arquitectura de corte veneciano, sucumbieron a las llamas o a los temblores de la tierra.

El terremoto cogió a todos de improviso. El rector de la República, Simón de Ghetaldi, se encontraba reunido con su Consejo en el Palacio y todos ellos murieron sepultados por su magno techo. La aristocracia neolatina que había dirigido brillantemente durante siglos la República de Ragusa desaparecía de un plumazo.

En total cerca de 5.000 de sus 12.000 habitantes fallecieron durante esa trágica mañana. Pero el terremoto no sólo se llevó por delante las vidas de casi la mitad de la población, sino que arrasó por completo la ciudad, decapitó a su gobierno y a la aristocracia local, fulminó una de las flotas comerciales más envidiadas del Mediterráneo y noqueó definitivamente a una de las repúblicas comerciales más prósperas del Renacimiento.

Tras el desastre la ciudad fue reconstruida poco a poco y empezó a adquirir el esplendoroso paisaje urbano que conocemos hoy en día en la moderna Dubrovnik. Pero reconstruir su población no fue tan fácil. Para ello, fueron autorizados muchos miles de eslavos a radicarse en la ciudad, cambiando la composición étnica de Ragusa por completo hasta que al cabo de pocas generaciones prácticamente todos los habitantes de la ciudad eran ya eslavos.

Ragusa_1667Las viejas dinastías dálmatas que sobrevivieron al terremoto se verían diluidas por sus conciudadanos eslavos a los pocos años. Los dálmatas ilirios de origen romano habitaban Ragusa desde el siglo VII cuando las invasiones de eslavos y ávaros les empujaron a abandonar la vieja ciudad romana de Epidauro (la actual  Cavtat o Ragusavecchia, como se la conocía entonces) para instalarse en Ragusa.

Era el principio del fin de una República gloriosa que vivió su momento de esplendor en los siglos XV y XVI y que contaba con sus propias instituciones, su idioma, el dálmata, hoy desaparecido, y una fuerte ansia de libertad cocinada a fuego lento tras siglos de dominio bizantino y veneciano.

El terremoto rompió en seco una época esplendorosa que se había iniciado en 1358 cuando la ciudad de Ragusa pasó a ser un estado libre tributario del reino de Hungría (de la casa de los Habsburgo). En pocos años la otrora vasalla de la Serenísima Veneciana empezaría a rivalizar con sus antiguos amos en el próspero comercio por el Mediterráneo.

Ragusa se benefició enormemente de la expulsión de los judíos españoles en 1492, ya que acogió a una numerosa comunidad de sefardíes. Éstos, ávidos comerciantes, transformaron la ciudad gracias a sus numerosos contactos con otras comunidades sefardíes repartidas por el Mediterráneo, tejiendo un increíble mapa de consulados ragusianos por todo el continente europeo.

Consulados de Ragusa

El carácter libertario de los dálmatas cuyo lema rezaba: “Non bene pro toto libertas venditur auro” (la libertad no se vende ni por todo el oro del mundo), les hizo poseedores de un fuerte derecho de asilo que ejercieron con frecuencia haciendo florecer una sociedad claramente multicultural.

La dinámica económica de la república giraba en torno al próspero comercio por el Mediterráneo que desarrollaron gracias a una ingente marina mercante compuesta en su época dorada por más de 200 navíos. De Barcelona a Constantinopla los barcos ragusianos comerciaban en los principales puertos mediterráneos con bienes orientales y balcánicos.

El resultado de esta floreciente república comercial fueron dos siglos de bonanza sin igual que permitieron el enriquecimiento de la clase aristocrática que denominaba Ragusa y que pereció casi en su totalidad ese domingo 6 de abril.

Las particularidades políticas de la República de Ragusa, con ciertos tintes democráticos, la hicieron emerger como un símbolo de modernidad para la época. Herederos de la tradición administrativa veneciana, el sistema de gobierno de Ragusa destacaba por un férreo control de sus representantes políticos. Aunque es cierto que una clase aristocrática de apenas 30 familias controlaba todos los entresijos del gobierno, unas duras medidas coercitivas impedían que ninguna de esas familias cayese en la tentación del autoritarismo.

Por ejemplo, el mandato del Rector, máxima figura dirigente de la república, duraba tan sólo un mes y sólo podía ser reelegido nuevamente pasados dos años, y tanto el Consejo de los Siete, como la judicatura y el cuerpo diplomático se renovaban cada año. Pese a todo esto, el matrimonio o cualquier contacto entre clases sociales estaba terminante prohibido, lo que sorprende debido al cada vez mayor poder adquisitivo que adquirieron las clases comerciantes de la ciudad.

El particular carácter ragusiano y su cultura libertaria permitieron también que se diera un suceso totalmente impresionante para la época. La República de Ragusa fue el primer país de Europa en prohibir la esclavitud en el temprano 1417.

Toda esa brillantez quedó arrasada por los terribles temblores que destruyeron la ciudad aquella mañana de 1667, un terremoto que no sólo destruiría los edificios de la ciudad sino también los cimientos de la República de Ragusa, un rara avis en el mapa político de la época que supo sobrevivir a una situación incómoda durante siglos ante el poder de grandes imperios como el húngaro, el otomano o el veneciano.

Tras este desastre, del que la próspera Ragusa supo reponerse con esmero, se inició un lento proceso de decadencia que la llevaría a su total desaparición en 1808, tras un edicto de Napoleón, líder del último imperio que acechó a la imperturbable República de Ragusa. Esta vez no pudo resistir y sucumbió para siempre aunque manteniendo el recuerdo vivo de un pasado glorioso basado en la libertad y el carácter abierto y emprendedor de sus habitantes.

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Acerca de Javier Domingo

Periodista y activista cultural. Web: mrdomingo.com Twitter: @mr_domingo

3 comentarios para “El trágico día que terminó con la Ragusa latina

  1. leukos pyrgos

    Interesantísimo, gracias por el artículo. Tengo una duda, en esa época siglos XIV-XV Hungría no estaba gobernada por otra dinastía?

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  2. Profesor Achilipú

    Exacto, ya lo dijo Don Miguel de Cervantes Saavedra en el Quijote y que Antonio Machado resumiría: Todo necio confunde valor y precio; te casastes, la cagastes.

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