Pep Bonet: “Lo que encuentras en Google ya ha pasado por las manos de alguien” #dokufest

Prizren, al suroeste de Kosovo, celebra cada verano el festival de cine documental Dokufest. Además de una dirección artística envidiable y noches de cine al aire libre, el festival es punto de encuentro de viajeros, creadores y activistas. Una de las actividades paralelas que se organizan es un taller de fotografía, que este año dirige Pep Bonet, fotógrafo mallorquín, reciente ganador del World Press Photo Multimedia con el teaser del documental Into the Shadows, sobre la inmigración en Sudáfrica. Pep desayuna un café (luego pedirá otro) y enciendo la grabadora rápido porque enseguida dispara.

He empezado a hacer documental porque en España el nivel de fotoperiodismo en los medios ha llegado prácticamente a cero. Los publicistas no quieren buena fotografía porque va en contra de los mensajes publicitarios. Prefieren cosas mediocres que más o menos funcionen y dejen espacio para vender y consumir. Las revistas te dicen qué comprar, a dónde viajar, qué leer… es asqueroso. Y en el resto del mundo igual.

Entonces como fotógrafo profesional ¿qué opciones tienes?
Yo hace años que no dependo de las revistas. He preferido ir a buscar fondos a organizaciones que buscaran lo mismo que yo. Ponemos el dinero encima de la mesa y vamos a fotografiar de otra manera. No quiero depender de los medios para sobrevivir.

También creáis con un grupo de fotógrafos vuestra propia agencia.
Noor nació porque las agencias se quedan entre un 40 y un 50%, y a final del año es mucho dinero. Y es gente que solo distribuye tu trabajo. Hay quién colabora con prensa, como Yuri Kozyrev, que es fotógrafo de Times, pero a mí no me interesa la actualidad porque los medios tienen ideas preconcebidas y se forman la historia desde su oficina en Nueva York, envían a redactor y tus fotos acompañan. No tiene sentido.

Prefieres ir por tu cuenta.
A mí me interesa el underground. No quiero compartir el terreno con otros fotógrafos que hacen lo mismo. Cuando estuve en el terremoto de Haití y aparecían los saqueadores había 50 fotógrafos haciendo piña. Era surrealista. Prefiero la intimidad, el poder acercarme mucho a la gente y explicar historias. Quiero aprender a través de la fotografía, que es muy diferente a ir a fotografiar una idea. Es un camino muy bonito pero el mercado es el que es, y ahora hay mucha imagen de dominio público con el periodismo ciudadano.

¿No estás a favor?
¿Tú irías a un dentista amateur? Solo en situaciones únicas. Si no hay nada más, vale. Porque es un hecho que se documenta. Y todo lo que esté hecho con calidad, ética y responsabilidad, aunque sea tu hobby y no cobres, también. Pero no creo que puedas comparar alguien que lleva 20 años con quien ha empezado a usar su teléfono.

Y cada vez hay menos intermediarios para distinguir a uno y otro.
Gracias a dios. Porque incluso lo que encuentras en Google ya ha pasado por las manos de alguien. No lo descubres por ti mismo. A mí me interesa el contraste entre lo que sé y la realidad que voy a conocer. Cuanto más amplio sea, más motivado estoy, más cerca estaré, y más aprenderé. Si hoy puedo hablar de Sida es porque he estado doce años documentándolo.

Y has llegado a un punto en el que necesitas más canales aparte de la fotografía.
La fotografía se ha quedado corta por dos motivos. Primero, porque el mercado ha muerto, y segundo, porque el vídeo, por sus posibilidad narrativas y emotivas me ha motivado mucho. A mí padre le he enseñado todas mis fotos y nunca ha llorado. El otro día le enseñé un tráiler que he hecho de Chad y no podía parar. Es otro lenguaje que la gente entiende más. Puede ser igual de potente y estético y, además, me permite llevar la fotografía a la gran pantalla. Sin que la recorten o pongan un pie de foto chungo. He encontrado el control total sobre mi obra. Del vídeo me gusta la capacidad para contar historias. Con la fotografía reflexiono y con el vídeo documento.

¿En qué estás trabajando ahora?
En un corto sobre esclavitud infantil en Bangladesh, otro sobre mortalidad en Chad, y ahora mismo sobre travestismo y transexualidad en América Latina.

¿Cómo eliges los temas?
A veces vienen. En Honduras hice un trabajo para Positive Life, fundación para los derechos de enfermos con VIH. Me acerqué a la comunidad garífuna, que son los más afectados, trabajé con los maras en la cárcel, con la comunidad gay… Y así es como conocí a los travestis y aluciné con sus historias. Al cabo de un mes volví y gané un World Press Photo, con una historia que nunca he vendido. Bueno sí, la publicó una vez Interviú, con todo el morbo que merecía la revista.

¿Qué significan los premios para ti y a nivel profesional?
Para la profesión, la gente se emociona y te llevan a hacer un taller. El premio es la garantía. Tonterías. Pero cuando gané el World Press Photo Multimedia con un tráiler, porque aquello era un puto tráiler que hice para el fundraising, pues me motivó mucho. Y decidí ponerme en serio y comprar equipo. Porque claro, las cámaras SDR que usamos son Full HD y hacen un vídeo impresionante, pero necesitas muchos accesorios.

A mí me cuesta entender fotografías premiadas que muestran un incendio y los ocres del fuego te hacen pensar “qué bonito”. Ahí falla algo.
O cuando la gente habla de sobresaturación de color o que la foto está trucada. Pero eso es una enfermedad que tenemos los fotógrafos.

A veces es como si se quisiera captar la belleza de un guerrillero con un Kalashnikov, ¿es eso lo que se quiere transmitir?
La fotografía es un medio estético, la fuerza depende de esa estética, y es con lo que quedará la gente. Si además eres capaz de sugerir, entonces puedes triunfar. Si solo te dedicas al hecho y quieres objetividad, dale la cámara a un mono. Yo no creo en la fotografía como algo puro para contar solo la verdad, sino en la visión del fotógrafo, en cuánto se implica, qué lejos llega y cómo me lo explica a través de sus ojos. Eso es más honesto que decir “esto es así”. Nada es así, todo depende de cómo se mire. Y hay gente que lo lleva al límite y piensas “qué foto más guapa pero qué heavy”. Ésas son las fotos que ganan premios.

¿Tú en Somalia sacaste sonrisas?
Muy pocas. Me pasaba el día de hospitales a campos de refugiados.

¿Cuál de tus viajes te impactó más?
El terremoto de Haití, por la cantidad de muertos. No estaba acostumbrado. Somalia, por la inseguridad y el estrés de no saber qué pasa. Y ahora que soy padre, la mortalidad infantil de Chad también me ha marcado mucho.

¿No te tienta acercarte a problemáticas más cercanas como la crisis en España?
A nivel de fotografía no me ha interesado nunca España. Parte de mi trabajo también es salir de casa y olvidarlo todo. No me puedo concentrar en Mallorca. La conozco demasiado. Con el documental sí estoy trabajando con historias potentes de mallorquines. Pero la crisis, por ejemplo, no me interesa, ya hay fotógrafos que la cubren. Para que te salga hay que estar motivado, y yo no lo estoy.

Aparece Jetmir Idrizi, organizador del Dokuphoto y le pregunta a Pep por su mano. Ayer por la tarde se la tatuó. Al parecer, un tal Luca, tatuador del que tenía referencias, estaba de paso por Pristina y no perdió la oportunidad. Como estamos acabando le pregunto por su juventud, haciendo surf en Tarifa, aunque hoy lo veo más sobre una Harley.

Soy motero, y siempre me ha interesado el rock y el metal. Pero hasta que no pasaron muchos años no tuve el valor de vestirme y tatuarme. Yo era muy tímido, me costaba comunicarme. Empezaba haciendo fotos a niños, perros, gente de espaldas… Y la fotografía me obligó a enfrentarme a la gente, a la realidad que te rodea. Me espabilé mucho. Mi experiencia con Motörhead también me marcó.

Explícanos.
Siempre fui fan de Motörhead. Y como colaborador de la Rolling Stone americana me enviaban a fotografiar a un terrorista en Yemen y cosas parecidas. “Hombre, enviadme a hacer algo de rock’n’roll”. “¿Qué quieres hacer?” “Motörhead”. “No, eso no nos interesa. Pero te pasaremos el contacto”. Y ya llevo cinco años con ellos, incluyendo libro y exposición. Al principio no querían pero cuando vieron las fotos les dedicaron ocho páginas, algo que en treinta años nunca habían conseguido. Fue un sueño.

He leído que tuviste un acceso muy directo a su intimidad.
Bueno, me lo tuve que currar. Luego te puedo contar algo off the record.

O sea, viviste el rock’n’roll.
Lo he vivido todo.

Es como en las pelis…
Mejor. El cine se queda corto. He visto locuras.

¿Algo que podamos explicar?
Pues que pensaba que iba a documentar una banda de rock y descubrí que eran tres personas totalmente diferentes entre sí, con hobbies, realidades, y horarios distintos. Y sí, son bastante radicales. La gente me dice “¡pero tú has estado en Somalia!”. Sí, pero ojo.

Imagen: © Jetmir Idrizi 

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Acerca de Ginés Alarcón

Periodista. Editor de Revista Balcanes. Twitter: @ginesalarcon

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