Kotooshu: un búlgaro en la élite del sumo

Kotooshu

Desde principios del siglo XX hasta la caída del comunismo, en Bulgaria existió una gran tradición de lucha en sus distintas variantes. Nombres como Nikola Petrov –campeón del mundo de lucha grecorromana en la Exposición Universal de París de 1900– o Dan Kolov –campeón de lucha libre en 1936, también en la Ciudad de la Luz– fueron los precursores de un linaje de grandes luchadores que, durante la época comunista, convirtieron a Bulgaria en una potencia en la disciplina. Tras la caída del régimen, muchos de estos luchadores se encontraron sin forma de ganarse la vida, por lo que, aprovechando su fuerza física y el caos de la sociedad de la época, optaron por convertirse en matones. Con el tiempo, lo que al principio eran pequeñas redes de chantaje fue creciendo hasta convertirse en auténticas organizaciones mafiosas, algunas de cuyas ramificaciones siguen existiendo a día de hoy. El caso más conocido de luchador reconvertido en mutra –como se conoce a este tipo de mafiosos en Bulgaria– es el de Ilia Pavlov, que se mantuvo en la cúspide del crimen organizado búlgaro hasta su asesinato –jamás aclarado– en el año 2002.

Con todo, la tradición de los grandes luchadores búlgaros –interrumpida por los avatares de la historia– ha tenido un rebrote insospechado en la figura de Kaloyan Mahlyanov, más conocido por su nombre japonés, Kotooshu Katsunori. Kotooshu, primer luchador de sumo europeo en ganar la Copa del Emperador, es el búlgaro más popular en Japón, junto al inevitable Hristo Stoichkov, y se ha convertido en un auténtico sex-symbol en el país del Sol Naciente. Pero, ¿cómo se produjo este sorprendente giro del destino?

El padre de Kaloyan-Kotooshu era un luchador retirado que ejercía como entrenador de lucha grecorromana, el mismo camino que parecía destinado a seguir su hijo si no hubiese surgido un problema: era incapaz de controlar su peso, hasta el extremo de superar el máximo de 120 kg permitido en su disciplina para disputar los Juegos Olímpicos. Llevaba un tiempo practicando el sumo, más como entretenimiento que con aspiraciones profesionales, pero en 2001, después de adjudicarse el Campeonato de Europa de lucha grecorromana celebrado en Roterdam como integrante destacado de la selección búlgara, recibió una oferta que jamás hubiese esperado: irse a vivir a Japón y convertirse en rikishi (luchador de sumo). Ante semejante propuesta, el joven Kaloyan decidió consultar con su padre, que le dio una respuesta clara y directa: “Tienes 18 años, así que ya eres mayor como para tomar tus propias decisiones. Pero si te va mal, luego no me eches la culpa”. Su hijo le hizo caso y decidió.

Kotooshu 2

Para Kaloyan –rebautizado como Kotooshu (“Koto”, en referencia al nombre de su escuela y “oshu”, sufijo que indica su procedencia europea)–, convertirse en luchador de sumo no fue nada fácil: sin hablar una palabra de japonés, de repente se encontró en el mundo cerrado de la heya (escuela de sumo). Esta institución –con una antigüedad de siglos– sigue funcionando del modo tradicional, a saber, los luchadores de menor rango están al completo servicio de los de mayor categoría: cocinan, barren, limpian los baños… Todo para motivarles a progresar y pasar de servir a ser servidos. Además, el sueldo de un recién llegado a la heya era insignificante: al cambio, unos 140 euros al mes, una suma que, teniendo en cuenta los precios en Japón, se esfumaba a la misma velocidad que el bol de ternera estofada que Kotooshu compartía con el resto de luchadores en las comidas comunitarias.

Pese a la alienación lingüística y cultural, el joven búlgaro se adaptó enseguida a la nueva disciplina. En comparación con la mayoría de rivales, era alto, delgado y rapidísimo: aun con su enorme peso, al llegar a Japón podía correr los 100 metros lisos en 11,5 segundos. Además, desarrolló un repertorio variado de recursos, en un deporte en el que muchos luchadores apenas utilizan una o dos técnicas. Así fue como ascendió rápidamente al rango de ozeki –la segunda categoría en la jerarquía del sumo– y, desde allí, fue construyendo una carrera que culminó en el año 2008, cuando se convirtió en el primer luchador europeo en conquistar la Copa del Emperador. En el camino hacia la consecución de ese preciado trofeo queda un balance de solo una derrota y catorce victorias, incluido un triunfo histórico sobre el entonces campeón vigente Asashoryu, uno de los pocos yokozuna (luchador de la máxima categoría) de la época.

Resumen de los combates de Kotooshu (a la derecha) en la edición de 2008 de la Copa del Emperador:

En Japón, los luchadores de sumo son auténticas celebridades, y un luchador europeo capaz de codearse con la élite de la disciplina estaba condenado a no pasar desapercibido. Así fue como Kotooshu se convirtió en una auténtica estrella, con todas las ventajas e inconvenientes de la fama: reconocimiento, anuncios y dinero, pero también la pérdida de libertad e intimidad. Su popularidad entre el público femenino japonés le valió el apodo de “el David Beckham del sumo”, si bien, para desilusión de sus seguidoras, terminó casándose con su novia de años, la japonesa Asako Ando. Se conocieron por casualidad en la calle y, curiosamente, la futura esposa del luchador no sabía quién era: se quedó desconcertada al ver a aquel extranjero enorme con un peinado tradicional que la abordaba hablando en japonés.

                                          

Kotooshu anunciando una marca japonesa de yogur búlgaro: el luchador siempre ha intentado difundir la cultura y las costumbres de su país en Japón.

Kotooshu había llegado a la cima, pero el deporte se rige por leyes inexorables y su carrera no fue una excepción: con los años llegó la decadencia, marcada por constantes problemas en la rodilla, hasta que, entre lágrimas, anunció su retirada el pasado mes de marzo, a la edad de 31 años. En adelante, tiene previsto ejercer como entrenador de sumo, pero en este punto la historia da un último giro: para ser aceptado por la federación de sumo, Kotooshu tenía que obtener la nacionalidad japonesa y, dado que la ley en Japón no permite la doble nacionalidad, se vio obligado a renunciar a la ciudadanía búlgara. Plenamente arraigado en el país que lo acogió cuando apenas tenía 18 años, Kotooshu se inscribió con el nuevo nombre de Karoyan Ando, es decir, tomó el apellido de su esposa y adaptó su nombre búlgaro, Kaloyan, a la pronunciación japonesa. Su intención es pasar el resto de sus días enseñando a jóvenes promesas, el futuro que su padre había previsto para él. No ha sido en el país ni en la disciplina que ambos esperaban, pero es normal que Kaloyan se desviase: por ese camino encontró la gloria.

Imagen destacada: Sand and Sunamis

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Acerca de Marc Casals

Traductor e intérprete residente en los Balcanes. Twitter: @MarcCasalsIg

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