Kotor, la ciudadela escondida del Adriático

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Uno de los caminos más habituales para llegar a Kotor suele ser desde Dubrovnik, principal foco turístico de la región que se encuentra a apenas 100 km. El cambio tanto de paisajes como de personalidad es más que evidente para el viajero que inicie este viaje hacia una de las joyas escondidas de este curioso y pequeño país llamado Montenegro.

Montenegro nos ofrece un encuentro con una zona de los Balcanes que pese a su vecindad y proximidad con la Dalmacia croata, presenta unas particularidades que la hacen especial. El joven país, independizado de Serbia en 2006, cuenta con una prolífica  variedad cromática que combina el negro de los Alpes Dináricos que dan nombre al país con el bello azul turquesa de las aguas adriáticas que bañan su costa.

Este peculiar juego de color es una de las señas de identidad de la ciudadela de Kotor que se encarama vigorosamente hacia las montañas desde la perfecta bahía que aguarda a sus pies. Como si de un espejo se tratara, las aguas de la bahía, de una circularidad cuasi perfecta, reflejan la belleza de la vetusta muralla medieval que circunscribe en forma de zigzag los contornos de la vieja Kotor. Entre medio de las aguas sobresalen, de una forma un tanto molesta aunque inevitable, enormes cruceros llenos de turistas dispuestos a extenuarse subiendo la muralla.

Kotor o Cattaro, como la llamaban los venecianos, es una ciudad con una historia que se pierde en los tiempos de la colonización romana. La antigua Ascrivium pertenecía a la provincia romana de Dalmacia y de su pasado romano queda más bien poco. Fue en los albores de la Edad Media cuando se decidió fortificar su parte superior por orden del emperador Justiniano I, dotando a la ciudad de su particular fisionomía.

A partir de entonces sufrió un goteo de incursiones, saqueos de sarracenos y búlgaros, momentos de pujanza comercial bajo el manto de la República de Ragusa y el gran periodo de esplendor de 1420 a 1797, cuando Cattero formó parte de la Albania veneciana.

De este periodo son algunos de los principales edificios que jalonan el centro histórico de la ciudad y su bello urbanismo veneciano, que se refleja sobre todo en las plazas. Pasear por sus callejuelas medievales y descubrir pequeños refugios de tranquilidad, tropezarse con la vida corriente de los ya pocos aldeanos, o admirar las pequeñas iglesias y conventos, son las principales virtudes de una ciudad que debe descubrirse caminando y observando.

Las imponentes murallas son el primer elemento que salta a la vista al visitante y en especial, las diferentes puertas por las que puede accederse a la ciudad, cada una con sus particularidades. La puerta principal (denominada la del Mar) es la preferida por los turistas y la más majestuosa, con una inscripción latina que reza: “No queremos lo que pertenece a otros, pero lo nuestro no lo rendiremos nunca”; mientras la Puerta Norte (o del río) es quizás la más bonita gracias al precioso puente de piedra sobre el río Škurda, y la Puerta Sur o Gurdic que es la menos conocida.

Surcar sus casi 5 kilómetros de murallas y ascender por ellas tiene un premio asegurado, apreciar la belleza de la fortaleza de Sveti Ivan, un excepcional mirador a 250 metros por encima del nivel del mar. Construida al tiempo que se erigía la muralla, subir sus 1.500 escalones aunque suponen un verdadero esfuerzo, las vistas de la bahía de Kotor compensan con creces tamaño esfuerzo. Además, tras la fortaleza descubriremos la pequeña y romántica ermita de Sveti ?or?e, un rincón de postal.

Declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1979 bajo el curioso epígrafe de Región Natural e Histórico-Cultural, las callejuelas medievales de Kotor conservan casi milagrosamente el legado de tan diversas culturas que habitaron o ocuparon sus calles durante siglos: romanos, bizantinos, otomanos, venecianos, franceses o serbios.

kotor desde arriba

Como muestra la diversidad de edificios religiosos que concentra: la iglesia románica de Sveti Luke (San Lucas), inicialmente de rito católico y que en el siglo XVII pasó al rito ortodoxo, la iglesia de Sveta Ana (Santa Ana) del siglo XII, la iglesia medieval de Sveta Marija (Santa María) o la renacentista Gospe od Zdravlja (Nuestra Señora de la Salud).

De entre ellas destaca la Catedral de San Trifón (Sveti Trifun) del siglo XII y de rito católico, que es una de las catedrales románicas más antiguas de Europa, aunque los sucesivos terremotos han ido convirtiéndola en un curiosa mezcla de estilos: fusión de románico, renacentista y barroco.

Pero las calles empinadas de Kotor y sus innumerables plazas nos regalan también una buena cantidad de palacetes, símbolo de la prosperidad comercial de la ciudad en tiempos pretéritos. Podemos destacar el palacio Grubonja, construido en 1326 y con una preciosa fachada, las ventanas góticas de la casa Drago, el Palacio Ducal de estilo veneciano y el curioso Teatro Napoleón, del XIX y prácticamente único vestigio del efímero paso francés por la ciudad.

En definitiva, Kotor permite al viajero degustar en un mismo plato un delicioso cruce de culturas, de vestigios, de arquitecturas y de personalidades diversas que forman parte de la propia idiosincrasia mediterránea. Una bahía escondida en medio del Adriático que celebra esplendorosamente nuestro legado cultural en un sincretismo delicioso.

Al otro lado de la bahía

Como el que queda en el metro de Tribunal o Plaza Cataluña, mi punto de encuentro era la calle Muo 33, en Muo, a cinco minutos de Kotor. La mejor conexión era en avión desde Barcelona a Dubrovnic, al sur de Croacia, y muy cerca de la frontera con Montenegro. Encontrar una web oficial que informara sobre autobuses de línea era complicadísimo, y la información contradictoria. Así que para asegurar mi llegada contacté con una empresa de transfers en coche. Ellos se encargarían de recogerme en el aeropuerto de Dubrovnic y llevarme a Kotor.

Primera sorpresa. Me esperaba una madre de familia y en mi vuelo venía una amiga suya, así que nos subimos los tres en el coche. Al poco nos encontramos una cola enorme de coches para pasar la frontera, y la conductora optó por una vía alternativa, tanto, que estaba sin asfaltar. El puesto fronterizo era una caseta temporal y el policía amigo suyo. “Montenegro es muy pequeño”, me dijo. “Mira, ése es mi marido”, señalando a un coche en sentido contrario.

Dejamos a su amiga en Herceg-Novi, a medio camino, y luego se despidió dejando el coche a su hijo, quien me acercó a Kotor. En la calle Muo 33 se encuentra, o encontraba en 2011, el hostal Eurocafe 33. Por precio y críticas parecía la mejor opción de Tripadvisor.  Digo encontraba porque al escribir estas líneas no he visto información actualizada. Además, su dueño era Zoran Lemajic, ex portero del Sporting de Portugal en los noventa y ahora asistente técnico del Al-Ahly de Qatar. Por lo que entiendo que se mudó. Zoran se pasaba el día con una radio, sentado en su magnífica terraza con vistas a la bahía y unos prismáticos. El hostal ofrecía lo mínimo necesario, y su gran virtud era la “playa privada”, una estructura de hormigón al otro lado de la carretera donde pasar las horas en la tumbona. Las vistas, con Kotor al frente, eran increíbles, desde la primera del día a la última de la noche. El agua no estaba muy limpia, por el continuo pasar de barcos, pero había margen para un chapuzón.

Por Kotor paseamos en varias ocasiones, tiene el encanto de combinar historia, arquitectura y enclave natural, y puede ser íntimo si se evitan los grupos de turistas. Mis recuerdos son de la bruma del amanecer y el silencio del agua en contraste con las montañas, como ocurre en los fiordos. Y los desayunos, cenas de mochilero y brindis en la “playa” de Zoran frente a la imponente Kotor, low cost de postal. Ginés Alarcón

Imagen de portada: Jean Spector Imagen interior: Nomad Tales

 

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Acerca de Javier Domingo

Periodista y activista cultural. Web: mrdomingo.com Twitter: @mr_domingo

2 comentarios para “Kotor, la ciudadela escondida del Adriático

  1. balkanidades

    Kotor y su bahía es uno de los lugares más impresionantes de los Balcanes, pero el nombre deriva de Cattaro y no de Cattero (todavía se conoce así en italiano http://it.wikipedia.org/wiki/Cattaro). Otra corrección, y perdón por ser tan puñetero, es que en montenegrino San Trifón se escribe Sveti Trifun, con efe.

    Por cierto, a Zoran le conocí yo también… un tío majete :)

    Un saludo!

    Miguel

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    • Ginés Alarcón

      Gracias por la aclaración Miguel! Ya hemos hecho las correcciones. Y de puñetero nada, que todo lo que se pueda corregir, mejor…

      Zoran me pareció que vivía una jubilación de lujo, todo el día ahí a su ritmo y recibiendo visitas de sus amigos… Cuando busqué donde estaba ahora vi fotos en su Facebook con la familia desde Qatar así que imagino que por ahí anda…

      Otra anécdota, Guardiola estuvo en Kotor hace uno o dos veranos, y Zoran también tiene una foto con él en el puerto…

      Responder

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