“La gente se odiaba y yo no lo sabía, me sentí tonto”, R. M. Guera

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La historia del dibujante, guionista y bluesman R. M. Guera (Belgrado, 1959) incluye una niñez llena de cómics de westerns en un país al que llegaban con cuentagotas, una carrera que empieza a desarrollarse en la Yugoslavia de los 80 y una huída de la guerra que le llevó hasta Barcelona y que le obligó a empezar de nuevo en 1991. Desde entonces, de las manos de Guera han salido los storyboards de series míticas de la televisión española y de animaciones internacionales, la aclamada serie Scalped publicada con Vértigo (DC Cómics) y la versión gráfica de la película de Quentin Tarantino Django Desencadenado, entre los muchos trabajos de este autor incansable. Nos recibe vía skype, café en mano, desde su estudio de Barcelona con una conversación plagada de referencias cinematográficas y una idea que se repite: todo lo que ha vivido se refleja en su trazo.

Comencemos por tus inicios, ¿cómo era ser dibujante en la Yugoslavia de los 80?

En la ex Yugoslavia no existía mercado del cómic. Se publicaban cosas pero no podías vivir de ellas. Los editores no tenían ni idea. Pronto supe que tenía que salir de allí.

Si no había mercado de cómic, ¿qué leías de pequeño?

Lo que salía en los años 60 y 70 eran cómics de western que venía de Inglaterra con dibujantes sudamericanos o italianos. A partir del año 68 o 69, empezaron a llegar cómics de Francia y de Estados Unidos, como Asterix y Lucky Luke. Pero no llegaban obras underground, como la Hara Kiri de Francia. Ibas a la feria del libro a comprar, con el poco dinero que habías podido conseguir. Por ejemplo, yo me suscribí a 12 números de Pilote y los compartía con los amigos, lo tenía cada uno una semana. Igual con lo que ellos traían de Italia, o de Francia, había un sentido de camaradería que aquí echo de menos.

Yugoslavia creó un género cinematográfico propio, el cine de partisanos, ¿había cómics de partisanos?

Eran malísimos. En seguida veías que allí no había verdad, que había propaganda, y pasabas de ellos.

¿Algún cómic de tu infancia que se salvara?

Nada. No hay ni uno digno. Ni los westerns. Me preguntan por mi influencia leoniana… pero el spaghetti western es malo [ríe]. Son clichés que se juntan para tener caras de tíos duros y pistolas bonitas. Lo único bueno del spaghetti western es que enseñó el poder visual y que nos trajo a Peckinpah, que es uno de los cinco mejores directores de todos los tiempos. Eso sí, para un niño de mi edad eran perfectos para mirar pistolas, caballos y poses efectivas.

Sin embargo, el Western está muy presente en tu obra, ¿lo sigues haciendo por convicción o porque es lo que te piden?

Yo ofrezco mi sensibilidad que se construyó a base de western, pero no hago sólo western. Ahora estoy haciendo novela negra, Thor, la conquista de Europa por los mongoles, Batman…  El western me llegó por la oferta de Tarantino. Sí me gustaría hacerlo con un par de guiones míos, como yo me lo imagino. Para mí el western, aunque sea violencia, es poético. Lo bueno de la poesía es que puedes comprimir mucho en pocas palabras, el western ofrece esto: comprimir muchas cosas en pocas secuencias.

Llegas a Barcelona en 1991 tras haber conseguido cierto nombre en Yugoslavia, ¿cómo terminas aquí?

Mi primera idea era irme a Italia, pero ocurrió aquello bruscamente en el año 90-91, había peligro de movilización general y dos amigos míos iban a Barcelona… Me escapé por tres días, me fui un viernes y el lunes estaban movilizando. Hubiera tenido que ir a Bosnia con el rifle. Increíble.

Aquello…

Lo que pasó allí… todavía es difícil hablar de esto sin emoción. Tuve que declararme Serbio, pero en el fondo no puedo no sentirme yugoslavo. Siento vergüenza y decepción de que nos pasara algo así, me costó unos años empezar a creerlo. Estás en un país más de 40 años, que es un país cosmopolita, tienes amigos en Bosnia, en Croacia… me sentí tonto, la gente se odiaba y yo no lo sabía. Creo que, ahora, por separado, cada pueblo tiene que investigar a sus criminales de guerra. Hay que separar a esa gente del resto. Pero hablando de esto, al cuarto minuto ya entra el “pero qué hicieron ellos”, todo por no decir nombres y apellidos. Un día tarde o temprano comprenderemos que muy cerca de nosotros hay gente con pasado muy dudoso que no deberían seguir siendo nuestros amigos. Y es difícil porque es gente a la que quieres.

¿Cómo te acogió España?

Durante los dos o tres primeros años fue duro. Coincidió con la llegada del manga y una crisis muy grande en el cómic. No conocía a gente, no conocía el idioma, ganaba poquísimo, toqué en algunos clubs para sacar algo… A partir del año 93 entré en publicidad haciendo storyboards y carteles. Esto me permitió vivir durante seis años.

De hecho, durante esta época firmaste el storyboard de alguna serie clásica…

Dibujé Médico de Familia para Italia y Marcelino pan y vino (gracias a éste storyboard tuve mucho trabajo en animación), hice carteles para jazz, museos de ciencia, teatros… todo lo que pude. Mi récord es de 208 páginas de storyboard en un mes. Era una locura y lo dejé por el cómic. Pero todo eso está dentro de mí y me ayuda a profundizar y a ser más contundente.

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Y llega Scalped, ¿qué supone esta obra para ti?

Es la obra de mi vida. Nos catapultó a Jason y a mí. Fue aceptada por Vértigo (DC Comics) y nos trataron como un Lamborghini, algo que cuesta dinero pero vale la pena mantener. Sobre todo gracias a nuestro editor Will Dennis, sus asistentes y algunos críticos. Dice Jason que, si un día Dennis (que nos presentó) necesita un riñón, lo tendrá cubierto por alguno de nosotros [ríe].

Al cerrar esa serie, después de siete años dibujándola, ¿se la echa de menos?

Echo de menos la preocupación por los personajes de Scalped, preguntarme qué vamos a hacer con el Cuervo Rojo, qué va a pasar con la abuela… Pero Jason y yo seguimos colaborando, como en Thor para Marvel.

Y llegó Tarantino para pedirte que dibujes Django Desencadenado.

Es genial cuando te pasa. Lo mejor es que te das cuenta de que, al final, es un trabajo más que hay que hacer bien, porque todo lo que tienes es el momento de hacerlo, el resto depende de la suerte, de las modas… Es un buen guión que se tuvo que adaptar mejor, de tener 120 páginas, pasó a más del doble y eso me complicó otros proyectos. Por eso metimos otros dibujantes, que es algo de lo que la gente se ha quejado.

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Ahora que tienes una posición privilegiada en el mundo del cómic, ¿qué recomiendas a alguien que quiera vivir de ello?

Aunque las editoriales no lo digan, cuando hay una crisis como ésta, los dos lados saben que tienen arriesgarse un poco. Si tenéis algo bueno, confiad, ahora es el momento. La crisis es un mal momento para el oficio pero un buen momento para las ideas. De la crisis de los años 70 salió el punk y muchas bandas que renovaron la música. Siempre hay una nueva conexión hacia algo que la gente siente pero no sabe definir, hasta que llegan los jóvenes y lo hacen.

Y ése es el papel de los jóvenes…

Yo, con los colegas de mi edad me tomo una cerveza, pero lo que me interesa es conocer a los jóvenes, saber qué hacen, responder a sus preguntas (si puedo).

¿A qué autores jóvenes sigues?

Hay tres increíbles: un brasileño que se llama Rafael Grampa, un belga que se llama Denis Bodart y los guiones de Stray Bullets de David Lapahm.

¿Mantienes el contacto con la escena de cómic de la ex Yugoslavia?

Estoy muy desconectado. Pero está Esad Ribic, que hace Thor para Marvel, y hay tres jóvenes de los que espero mucho, aunque no tienen mucho publicado, Maxim Simic, Stevan Subic y Slobodan Kovacevic. 

Además de autor de cómics eres un bluesman, ¿has pensado en mezclar esas dos vertientes?

Tengo un guión de un primer álbum con idea para unos cuatro o cinco más y estoy en conversaciones con Urban Comics. La historia es de mitad de los años 30 en Estados Unidos, cuando el blues nació, con toques grotescos.

¿Y alguna obra sobre tu experiencia personal de la secesión Yugoslava?

Tengo una oferta, pero es muy temprano. Me gustaría escribirlo y dibujarlo, pero algo así no puedes hacerlo estresado, necesito que madure.

Imágenes: www.facebook.com/rmguera

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Acerca de Ámina Pallarès Calvi

Periodista y artista gráfica. Twitter: @aminapallares Tumblr: La Pallarès

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