La increíble historia de Majlinda Kelmendi y Toni Kuka

Majlinda Kelmendi

Peja (en albanés; Pec en serbio) es una ciudad al oeste de Kosovo, a una hora y medio en autobús de Pristina. En número de habitantes tiene el tamaño de Ávila o Zamora, alrededor de 60.000. Y se encuentra al pie de las montañas de Rugova. El entorno es magnífico pero la ciudad es humilde. Me dirijo al Club Ippon, sobre una colina. No soy el primer periodista, ni el último. De este rincón de los Balcanes ha salido la última campeona del mundo de judo, Majlinda Kelmendi, a sus 22 años y en la categoría de 52 kg.

El día es gris y las nubes no dejan ver las montañas. De una casa grande que en realidad es un gimnasio aparece Driton “Toni” Kuka, el entrenador y fundador del club. No se escucha ni un coche, solo el viento contra los árboles y los ladridos de su perro. Me dice que Majlinda está entrenando, pero en las pausas de cinco minutos puedo hacerle preguntas. Lo veo complicado para charlar con calma.

Entramos en el gimnasio y veo a Majlinda, (en español se pronuncia Mailinda) con otra compañera. Estan solas y me entra la flojera al ver la intensidad con la que entrenan. Creo entender que ejercitan pectorales y brazos pero a la inversa, es decir, sobre el banco y boca abajo. Tocan el suelo con las pesas y luego la barra metálica golpea la estructura, varias veces cada segundo: pam, pam, pam… Entonces me doy cuenta de que estoy ante una campeona del mundo, que esto va así, y solo tendré cinco minutos cada veinte, así que me siento con Toni.

Estuviste a punto de participar en las olimpiadas de Barcelona’92…
Como judoca era el mejor atleta de mi categoría (68 kg) en Yugoslavia y candidato a los juegos. Pero un año antes los albaneses de Kosovo fuimos excluidos del equipo yugoslavo. Y ahí acabó mi sueño olímpico. Cuando volví a competir ya tenía 20 años y a esa edad era demasiado tarde. Tuve la esperanza de que las disputas políticas acabaran pero no ocurrió.

Entonces fundaste el gimnasio.
Lo puse en marcha en 1995, con la ayuda de mis hermanos, para entrenar a jóvenes. Pero luego empezó la guerra y lo dejamos. La generación de Majlinda empezó a entrenar apenas unos meses después de acabada la guerra. Tenían entre seis y doce años en 2000, y ahora están al más alto nivel.

¿Recuerdas cuando Majlinda vino por primera vez?
Sí, tenía 9 años. Ella vive a 100 metros del gimnasio, y era normal que los chicos y chicas del barrio vinieran.

¿Ya tenía interés por el judo?
No, vino porque las chicas de su calle venían y lo pasaban bien. Pero cuando ví que el nivel de los jóvenes era bueno y tenían potencial envié un grupo a competir en Sarajevo. En la categoría de Majlinda solo había tres chicas, y ganó el bronce quedando tercera. Pero aquel podio la motivó. El hecho de viajar para competir y conseguir resultados les ayudó a descubrir su amor por el judo.

Y para tí, con tu carrera como judoca interrumpida, ser entrenador fue la forma de continuar ligado al deporte…
Me desmotivé mucho. Tenía grandes posibilidades, no solo en mi categoría. Fui seis o siete veces campeón de Yugoslavia y el equipo nacional confiaba mucho en mí. Como no pude ser atleta, decidí probar como entrenador. Cuando Majlinda participó en los juegos de Londres’12 para mí fue un sueño. No es lo mismo, pero fue como si mi carrera siguiera a través de ella. Este año también hemos ganado el campeonato de europa de cadetes, y Majlinda fue campeona del mundo, por primera vez en la historia de Kosovo en un deporte olímpico.

Majlinda Kelmendi y Tony Kuka

Majlinda y Toni en Londres’12

Imagino que tú no fuiste a una escuela de entrenadores…
En judo si eres un buen atleta puedes ser un buen entrenador. No está garantizado, pero ayuda. Empecé con 28 y fui a muchos seminarios y competiciones. Hoy tengo 42. Cuando competía era popular, y tenía buena conexión con judocas de Yugoslavia que hoy son entrenadores. En concreto con un entrenador esloveno, Marjan Fabjan, colaboré 8 años y me ayudó mucho. Hoy nos pasa a nosotros, que vienen entrenadores de todo el mundo para ver cómo trabajamos. Claro que no nos contamos todos los secretos… (risas). En 12 meses hemos conseguidos más medallas que todo Kosovo en 30 años.

¿El éxito de Majlinda ha sido un efecto llamada para que otros jóvenes decidan practicar judo?
Sí, pero nuestra ciudad es pequeña. Lo que estamos haciendo es introducirlo en las escuelas. Un estudio de la UNESCO concluyó que el judo era el mejor deporte para los niños de 5 a 12 años, tanto para su desarrollo físico como psicológico. Ahora hay países europeos que lo incluyen en sus escuelas primarias. Para nosotros es bueno porque podemos encontrar más talento. Eso nos ayudaría a no quedarnos estancados tras cuatro o cinco éxitos.

Para alguien que no entienda de judo, como yo, ¿no pensará que un deporte de lucha es demasiado agresivo para los niños?
Para los niños hay programas especiales y muchos juegos. Mientras que la lucha está reservada para los que son profesionales. Además, si se trabaja bien, las posibilidades de lesión son mínimas.

Además este deporte, como muchos otros, no trata solo de habilidad física sino también mental.
Los niños lo primero que aprenden es el respeto. El judo fue fundado por un japonés, Jigoro Kano, que era profesor, y la clave de este deporte es ganar a tu oponente de la forma más sencilla posible. Ésa es la filosofía. En Europa, si lo comparas con otros deportes de lucha, está en alza. Solo en Francia hay dos millones de judocas.

El presidente de la Federación Internacional de Judo, Marius Vizer, ha sido amable con vosotros.
Mucho. [Toni se gira y me enseña una foto de Vizer que cuelga de una pared]. Vino en 2009 y vio el alto nivel que teníamos. A su vuelta convocó una reunión del comité ejecutivo para proponer que dejaran competir a los atletas de Kosovo. Entonces nos dejaron hacerlo bajo la bandera de la federación internacional. A los seis meses conseguimos el campeonato del mundo junior con Majlinda. Celebraron su decisión porque si no, nunca hubieran descubierto su talento. Nos apoyó mucho y el año pasado fuimos aceptados a competir como Kosovo.

Ahora que Majlinda no está aquí [ha salido para descansar], ¿cómo es ella?
No le gusta mucho el contacto con periodistas. Recibió críticas cuando fue eliminada en Londres y se desanimó. Está muy centrada en el entrenamiento, solo quiere hacer su trabajo. Por ella he tenido que cambiar mi vida en un 90% y dedicarme a tiempo completo.

Habéis recibido ofertas para competir con otros países…
A mí como entrenador me han ofrecido hasta 10.000 euros al mes, y a Majlinda todavía más. Hace años no recibíamos apoyo del estado y llegué a plantear que nos íbamos. Pero hubo cambios. Por supuesto no puedo cobrar lo mismo que un entrenador de Francia o España, pero ambos tenemos un sueldo, que para ser de Kosovo está muy bien, y además tendremos pensión. Por ganar el campeonato del mundo, Majlinda recibió 40.000 euros y yo 20.000, si lo comparas con la economía de Kosovo no está nada mal.

Pero imagino que habéis tenido ofertas mejores…
Hasta de un millón de euros.

¿Y no es una tentación?
Yo perdí a muchos amigos en la guerra. Para mí el dinero no lo es todo. Quizá mi situación familiar es mejor que la de Majlinda, que es más humilde. Para ella no fue fácil la decisión y llegamos a plantearlo si no recibíamos ayuda del estado. Pero la situación ahora mismo no es mala, y ella además tiene patrocinadores. Con su éxito ha visto lo feliz que ha hecho a mucha gente, fue algo impresionante. Si lo hubiéramos conseguido para otro país se nos rompería el corazón. Tendríamos dinero pero no seríamos felices. Eso es muy importante.

En este rato que llevamos juntos me sorprende tu sencillez y tranquilidad. No es la imagen que tendría de un entrenador de judo.
Bueno depende del momento y del entrenamiento tienes que mostrar más temperamento… (risas)

¿Cuánto entrena Majlinda?
Dos o tres horas de físico, después estudia, va a la escuela, o descansa. Y por la tarde entrena a niños. Luego hacemos el entrenamiento profesional. Ése es su día a día. También viajamos mucho para hacer trainings. Hace una semana hubo uno en Málaga, pero no pudimos ir.

Como las chicas siguen entrenando salimos a pasear por el recinto. Toni me enseña la piscina, vacía, y unas instalaciones que en veinte años casi no se han tocado. Solo hay tres aparatos de gimnasia y falta una mano de pintura. Le comento que en España hay centros de alto rendimiento donde los atletas viven, estudian y entrenan. “Lo sé, pero Kosovo tiene otras prioridades. Por cierto Majlinda tiene una amiga en España”. ¿Y qué tal con el equipo de Serbia? “Tenemos buena relación, porque no entramos en política. Cuando coincidimos en trainings estamos con ellos, tenemos más en común que con los equipos asiáticos.” Volvemos a la sala, Majlinda tiene una pausa así que me siento con ella.

Majlinda Kelmendi_3

Le preguntaba a tu entrenador si recordaba cuando viniste por primera vez, ¿y tú?
No sabía ni qué tipo de deporte era el judo. Vine con mis amigas para pasarlo bien y las técnicas me parecían extrañas. Pero al poco nos fuimos a Sarajevo, gané el bronce, conocí a gente, y descubrí una nueva parte de mí. Yo era muy tímida, pero a través del judo era diferente.

O sea que fue una forma de abrirte a la vida también…
Me hacía sentir muy bien, no es que tuviera un gran talento pero vi que podía ser una buena judoca porque me gustaba. Mi pasión por el judo iba creciendo y además me permitía ser alguien en la vida.

Tu madre practicó karate pero lo dejó por falta de apoyo…
En su club solo había chicos. En aquella época no era normal para las chicas, y casi tenía que escaparse de casa para practicarlo. Se cansó, y al poco lo dejó.

Tú sí has contado con su apoyo.
En todo momento. A veces le decía a mi madre: “Tengo que entrenar pero hay clases”. Y ella me decía: “No te preocupes, ves a entrenar y ya irás al colegio mañana…” (risas)

¿Tienes tiempo para el judo, los amigos, el colegio, la familia..?
El judo me ocupa demasiado y no tengo tiempo para nada más. Pasa lo mismo con otros deportes de alto nivel. Si quieres buenos resultados debes sacrificarte.

Pero eres feliz…
Sí, esta es la vida que he soñado. He trabajado muy duro para llegar hasta aquí. Y estoy orgullosa, porque vengo de un país pequeño con muchos problemas, y ser campeona del mundo ha sido increíble. También es un honor ser un modelo para los jóvenes, y a los niños que vienen a entrenar les digo: “aunque seamos de Kosovo, podemos ser los mejores”. Algunos, a partir de verme en la televisión empezaron a venir, y hay mucho talento. Me gusta porque puedo enseñarles algo que se me da bien.

Me ha explicado Toni que tienes buena relación con Laura Gómez, judoca española…
Sí, está en mi categoría. Este año ganamos las dos la medalla de bronce en el campeonato de Europa por primera vez. Competíamos a la vez y cuando acabamos estábamos tan contentas que nos abrazamos entre lágrimas. No hablamos mucho porque yo no uso Facebook pero sí cuando nos vemos en las competiciones.

¿Has estado en España?
No, pero estuvimos a punto de ir a Málaga y Castelldefels. Laura me dijo que es muy bonito y hace buen tiempo.

Me decías que no eres mucho de Facebook… Y aparte del judo ¿qué te gusta?
Solo uso internet para ver competiciones de judo. Me gusta leer novelas, ir de compras con mi madre… Me relaja, ¿sabes? Y me gusta mucho ir a trainings y viajar. Si estoy en Peja más de dos o tres semanas me aburro. Necesito cambiar, conocer sitios nuevos. Agota pero merece la pena.

¿Cuáles son tus retos?
El año que viene el campeonato de Europa. Espero ganar una medalla de nuevo, aunque será difícil. Pero trabajaré duro. Mi gran objetivo son los juegos olímpicos de Río de Janeiro en 2016. Porque en Londres estaba muy preparada pero en este deporte pierdes un combate por ippon (cuando el contrario te inmoviliza de espaldas al suelo) y te vas a casa. Sé que soy capaz de ganar.

De vuelta al autobús, coincido con los niños que salen del colegio, suben, bajan, corren, gritan. En el bar de la estación las cazuelas humean, el plato de sopa cuesta un euro. Pienso en el presidente de la federación, cuando vino desde su despacho en Suiza para conocer personalmente a estos locos del deporte, y en cuántos más hay por el mundo que nunca conseguirán una medalla por motivos económicos, sociales o políticos. Va por ellos.

Imágenes: © Atdhe Mulla
Puedes seguir nuestras actualizaciones en Twitter y Facebook

Comparte

Acerca de Ginés Alarcón

Periodista. Editor de Revista Balcanes. Twitter: @ginesalarcon

Un comentario para “La increíble historia de Majlinda Kelmendi y Toni Kuka

  1. isandrina sanchez

    Wao, wao, requete waooo…. Yo soy judoka soy de Republica Dominicana un pequeño triangulo del caribe atravezado por la linea ecuatoriana, Soy super fam de majlinda kelmendi… Y ahora que me deslumbre leyendo esta entrevista de ella y su entrenador, soy fam hasta del tatami en que ella entrena, esta historia parece escrita, su entrenador esta viendo sus sueños realidad atravez de su atleta, se dedica a ella a tiempo completo.. Parte de las problematicas de kosovo tenemos aqui en Dominicana y talvez sea una de las razones por las que nosotros los judokas Dominicanos no hemos llegado alo mas alto.tambien estuve en el valencia club judo tuve la oportunidad de entrenar con Laura Gomez y Sugoi Uriarte y ello tambien son fajadores del judo. Kelmendi para mi es un gra ejemplo y motivacion… Me dan ganas de ser como ella.. Espero que siga cosechando muchos mas logros por muchos años!!

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>