Los más cachondos de Yugoslavia

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Se compenetraban muy bien. Eran varios, entre ellos, Nele, que tenía un ojo clínico para analizar el mundo; Zenit, que nació bombeando humor corrosivo por sus venas; o, Đuro, que era el que mejor sabía representar todo esto. Pero la pandilla (raja) se ampliaba entre amigos y conocidos del instituto (Druga gimnazija), el barrio (Koševo) y la calle (Fuad Midžić).

Eran una fuente inagotable de inspiración: chistes, chascarrillos y chorradas, para reflejar la realidad disparatada de la ciudad de Sarajevo: la niña mimada (mezimica), la ciudad que observa desde los cafés y, probablemente, la ciudad ex-yugoslava donde el chiste se convierte en institución, incluso en obsesión.

Entre el absurdo, la demencia y la brutalidad, sus bromas se volvían radicalmente sinceras, desnudaban los aspectos más cochambrosos y escatológicos de la propia existencia, pero, también, los más psicológicos de la casa de locos que era Yugoslavia después de la muerte del mariscal Tito.

No eran únicos, pero sí lo fue la oportunidad que tuvieron de participar en el programa de radio “Primus” el 9 de mayo de 1981. 15 minutos a primera hora de la mañana del sábado. El título del programa ya venía de fábrica, de un espacio anterior para niños (Top Lista Nadrealista).

La mejor forma de estrenarse: simular que secuestraban la radio, exigir un lugar preferente para los nuevos grupos de música punk y alborotar a los oyentes con más demandas. Existieron reservas iniciales de los productores, pero terminaron por sucumbir a los encantos de estos jóvenes. Nele, Zenit, Đuro, pero también Para, Šiber, Ogi, Zlatko fueron las caras más destacadas en sus inicios, pero se les fueron sumando otros más.

Los jueves se reunían en la kafana Šetalište, en la calle Sutjeska, para confabular, para crear programas repletos de voces, ironía y poco sentido del ridículo. Su popularidad creció como la espuma. Nele cuenta que en el año 82, haciendo el servicio militar, unos tipos en el cuartel trajeron unos casetes con grabaciones del mismo programa diciendo que ellos eran los creadores. Algunos bares de la ciudad ponían grabaciones piratas para deleite de los clientes, y su difusión se fue incrementando hasta que llegaron las primeras ofertas televisivas.

La faceta musical de Nele y Zenit en la banda de música Pseudobluz bend, que luego pasaría a ser Zabranjeno Pušenje, fueron las bases del denominado Nuevo Primitivismo, en el que también se incluían otros grupos como Bombaj Štampa (donde tocaba Đuro), Plavi orkestar, Dinar, Elvis J. Kurtović & His Meteors o Crvena jabuka, que terminaron por distinguirse entre ellos porque iban a visitarlos al backstage bien los uniformados de la armija, o, por el contrario, un grupo de quinceañeras histéricas. Eran días de desmadre, los de una época en la que se iba al baño y no solo a mear.

El cóctel de música punk, humor sin medida y difusión en la televisión fue todo un éxito, convirtiéndose en un polo de atracción de figuras hoy emblemáticas del territorio ex yugoslavo. El cineasta Emir Kusturica, los futbolistas Dejan Savicević o Dragan Stojković, los músicos Dino Merlin, Rambo Amadeus o Bora Čorba y un largo etcétera, estuvieron entre los invitados al programa.

Un movimiento caracterizado por la parodia, pero con trasfondo crítico. Un alegato pro-balcánico, una liberación contra la petulancia de Zagreb y de Belgrado, contra el constreñimiento de la burocracia yugoslava, sangre nueva frente al rock de los pastores de Bijelo Dugme (pastirski rok), el apolillamiento de los salones culturales o el entretenimiento folk de masas.

Sedujeron a todos los estratos, y en todos los estratos encontraron detractores. Sin embargo, no dejaron de cautivar a una juventud desatada que deseaba verse reflejada en la arena social. Todo estaba envuelto en una suerte de comunismo hippie: “Nije sramota nemati, sramota je imati, a ne dijeliti“  (Vergüenza no es no tener, sino tener y no compartir).

Ha quedado en el anecdotario, por citar un incidente, cuando Nele en 1984, en un concierto en Rijeka, para justificar el retraso en su aparición en escena, pronuncia la ya frase legendaria “crko Maršal” (la palmó el Marshall). Añadió que se refería a uno de los amplificadores (marca Marshall). Sin embargo, como el público entendió, también podía ser interpretado como “la palmó el mariscal”: un guiño mórbido a la muerte del mariscal Tito algunos años antes.

Se ganaron la enemistad del aparato yugoslavo y la censura en radio y televisión, pero el barco yugoslavo ya se tambaleaba lo suficiente después de la muerte de Tito como para que, mientras tanto, los casetes originales y las copias piratas de sus actuaciones se siguieran vendiendo como churros entre una legión cada vez más amplia de admiradores. Al fin y al cabo no había casa yugoslava que no tuviera un tocadiscos.

No dejaron, en cualquier caso, de ser años difíciles pese a la popularidad. Para y Buha, miembros de Crvena jabuka, murieron en un accidente de coche volviendo de un concierto en Mostar. Pero ya resultaban imparables. Volvieron a los medios.

Hrkljuš es la grabación televisiva por antonomasia. 4 minutos. Un grupo de amigos se colocan en círculo, y compiten en la hierba con una pelota de trapo por representar una ficción deportiva. Está inspirado en una ceremonia derviche. Cuando se cae la pelota, el que la pierde tiene que golpearse en la cabeza y decir “mi culpa, mi culpa”. Cuando el jefe de equipo dice “¡hrkljuš!”, entonces el resto ha perdido y todos los participantes tienen igualmente que golpearse en la cabeza. El ganador comparte su alegría con el público, y los perdedores yacen en la ladera golpeándose la frente.

La faceta del grupo más destacada por intuitiva, pero, también, por trágica, fue su condición de agoreros. Predijeron el separatismo local; la propaganda nacionalista de Zagreb y Belgrado; la desaparición de Yugoslavia; las guerras de secesión, incluso anunciando la fecha del armisticio, que coincide prácticamente con la fecha de los acuerdos de Dayton en 1995; la división de Sarajevo en dos partes (este-oeste); la segmentación entre alumnos serbios, croatas y musulmanes en las escuelas; utilizaron el término “cantón” como división administrativa cuando en 1989 apenas nadie sabía qué significaba eso; o el conflicto entre lenguas después de la desaparición del serbo-croata. Demasiadas profecías.

Entre todas las anomalías yugoslavas que pusieron en carne viva, también, mostraron el que sería uno de los dedos proféticos más dolorosos en la llaga yugoslava. En una de las escenas de un programa los cónyuges de la familia Popuslić (derivación de popušiti: “hacer una felación”) se divorcian, y la mujer quiere quedarse con algunas partes de la vivienda. Para ello Top Lista Nadrealista representa una escena de guerra dentro de la propia casa. El argumento: la madre tenía “derecho histórico” a adjudicarse la cocina, la habitación… Incluso en el montaje aparecen los pacificadores internacionales, acusados de ser unos impostores. Todo eso, a 7 meses del inicio del conflicto, cuando era difícil imaginar que llamarse Ivan, Jovan, Erih o Almin iba a ser definitivamente tan importante para la vida de cada uno.

Las diferencias entre los miembros del grupo cada vez fueron más habituales, pero la guerra rompió definitivamente la relación entre sus integrantes más destacados. Se siguieron emitiendo algunos programas, incluso con las donaciones de sangre y las carreras de bidones de agua como motivo de chanza, convirtiendo lo que antes parecían solo invenciones humorísticas en la representación de la realidad del asedio a Sarajevo (1992-1996). Hasta volvieron a la radio algunos de sus miembros cuando el asedio no había superado todavía su ecuador.

Pero la ruptura ya era un hecho en 1992. Zenit, bosníaco, se quedó en la ciudad. Nele, serbio, decidió marcharse a Belgrado. Đuro, de padre serbio y madre bosníaca, se mudó a Ljubljana. Cada uno por su cuenta, personificaron en la vida real las divisiones sociales que ellos mismos habían parodiado como cómicos.

¿Cómo les fue después? Esa ya es otra historia.

Algunos pensarán que Top Lista Nadrealista era una apología balcanoide, una forma libertina de disimular cierto complejo de origen. Sin embargo, todos estarán de acuerdo que estos chicos lograron arrancarles más de una sonrisa, y entonces deberán reconocer que, justo, en ese preciso instante, ninguna otra cosa en sus vidas importo más que este grupo de chicos disparatados. Es difícil no reírse de su sketch informando sobre los conflictos étnicos en Suecia. De aquello ha quedado una frase de Đuro con carnet de identidad yugoslava: Nemiri u Švedskoj… zdraaaavo! (Revueltas en Suecia… ¡y adióóóós!).

Más de 20 años después, sus videos se siguen compartiendo en la red, se hacen proyectos inspirados en el original sin el mismo éxito, se especula inútilmente con la reunión de todos sus antiguos integrantes, y no hay quien no solo eche de menos su humor, sino también todo lo que significaron cuando surgieron como un vendaval en los años 80. Balcánicos, yugoslavos, bosnios, sarajevitas (Sarajlije), de Koševo. ¿Qué más da? Humor sobre todo, humor ante todo, humor pese a todo y humor para todos. Travesuras que nadie puede olvidar. Gurús del humor y profetas de la política. Los más cachondos.

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Acerca de Miguel Rodríguez Andreu

Editor de Balkania y autor de Anatomía serbia. Twitter: @miguelroan1

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