Mileva Einstein-Marić, el genio relativo

milena

Desde los numerosos descubrimientos publicados en revistas científicas hasta el premio Nobel, Albert Einstein empleó gran cantidad de horas de trabajo y sacrificio para alcanzar cada una de sus proezas. Horas, según se intuye, de solitud, sin ninguna intención de comunicarse con nadie, especialmente nadie ajeno a lo que en ese momento tenía en mente. En este contexto es difícil imaginar a alguien que pudiera compartir su vida con tal partenaire, a sabiendas de las consecuencias inevitables que conllevaba. A no ser que ese alguien fuera precisamente su equivalente, su “contigo no estoy solo en el mundo”, su matemática serbia, su Mileva Marić. El grado de participación de la científica balcánica en las teorías presentadas por su marido es una incógnita, pero parece claro que ser mujer la relegó a un segundo plano aún cuando algunos de los documentos enviados por Einstein a los distintos publicadores estaban firmados por “Einstein-Marity” (Marity como variante occidental de Marić).

Mileva Marić (1875-1948) provenía de una adinerada familia de Titel, en la Voivodina serbia (en aquel entonces fragmento del Imperio Austrohúngaro) que le proporcionó una excelente educación. Tras pasar la infancia en la fértil tierra de sus padres deviniendo la mejor estudiante de su promoción, consiguió una plaza en el Colegio Real de Zagreb para cursar estudios secundarios, siendo así la primera estudiante femenina que asistía a clases de física. Durante los años en Zagreb, de 1892 a 1894, conoció a Nikola Tesla, con el cual mantuvieron el contacto a pesar de la distancia.

En 1896 decidió irse a Suiza, donde después de probar con medicina se inscribió en un curso de la Politécnica de Zúrich para dar clases de matemáticas y física en la escuela secundaria, al mismo tiempo que el joven Albert Einstein. Era la única chica de la clase y la quinta de la historia en el centro para ese tipo de estudios. Pronto se conocieron y establecieron las bases de una amistad que duraría varias décadas. Asistieron juntos a otros cursos de la universidad hasta que en 1901 Marić quedó embarazada, viéndose así obligada a detener su impecable trayectoria y volver a casa de su hermana en Novi Sad, con el fin de dar a luz a su primera hija, Lieserl. Lo sucedido con la pequeña es incierto; algunas fuentes apuntan que fue dada en adopción, pues Einstein y Marić no estaban casados, aunque otras parecen indicar que murió pocos meses después de nacer. En cualquier caso no viajó con su madre de retorno a Suiza, donde la pareja empezó una nueva vida casándose en Berna. Einstein encontró distintos trabajos mientras Marić tuvo a su primer hijo, Hans Albert, en 1904.

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Parece improbable que una mujer con la educación de Mileva pudiera aceptar quedarse en casa cuidando a su hijo, aislándose así completamente de las ideas revolucionarias de su marido sobre la temática que ambos habían estudiado juntos en Zúrich. Más lógico parece que trataran los temas conjuntamente, que hablaran sobre ellos cuando se presentaba la ocasión y que por lo tanto Mileva Marić tuviera un rol principal en las cuatro publicaciones del científico alemán en el año 1905, consideradas piezas básicas de la física moderna. Las teorías tratan temas tan diversos como desconocidos en la época: el efecto fotoeléctrico (donde proponía la idea del cuanto de luz, actuales fotones), el movimiento browniano (movimiento aleatorio de partículas microscópicas en un fluido), la relatividad especial (observaciones sobre los efectos de distintos sistemas de referencia inerciales, entre las cuales la imposibilidad de existencia de un tiempo y espacio absoluto en el conjunto del universo) y la equivalencia masa-energía (E=mc2, una de las expresiones más conocidas de la física).

La idea de colaboración entre ambos toma incluso más credibilidad al leer algunas de las cartas que se escribían Mileva y Albert cuando se encontraban separados (The Love Letters, Jurgen Renn). En ellas, rodeadas de una atmosfera de amor juvenil, se encuentran innumerables conversaciones acerca de las investigaciones de Einstein, en las cuales su compañera parece ser una pieza clave. Difícilmente lograría entender lo que se le proponía si no fuera porque habían empezado a desarrollar las teorías entre ambos, luego solamente quedaba informarse mutuamente de las novedades e imprevistos que iban surgiendo.

Con el genio alemán aún en las portadas de las revistas nació su segundo hijo, Eduard, afectado de problemas mentales. Su madre se volcó completamente en su cuidado, provocando así la aparición de las primeras grietas entre la pareja, pues ya no podía ayudar a su marido en la investigación. La fisura se hizo aún mayor cuando se mudaron a Berlín en 1914: Max Planck quería trabajar con Einstein en su laboratorio, pero también Elsa Einstein-Löwenthal, prima con la que había iniciado una relación sentimental por carta pocos meses antes, residía allí.
Mileva Marić intentó mantener la familia unida ante la irrupción de la nueva amante, aunque la lista de condiciones de su marido, si quería seguir viviendo con él, acabó por hacerle aceptar que la ruptura era irreparable pocos meses después:

CONDICIONES

A. Te asegurarás:

1. que mi ropa se mantiene limpia y en buen estado;
2. que recibiré mis tres comidas con regularidad en mi cuarto;
3. que mi dormitorio y estudio se mantienen ordenados, y especialmente que mi escritorio queda para mi uso solamente.

B. Renunciarás a todas las relaciones personales conmigo en la medida en que no sean completamente necesarias por razones sociales. Específicamente, renunciarás a:

1. que me siente a tu lado en casa;
2. que salga o viaje contigo.

C: Obedecerás en los siguientes puntos en tus relaciones conmigo:

1. no esperarás ninguna intimidad de mí, ni tampoco me lo reprocharás de ninguna forma;
2. dejarás de hablarme si te lo solicito;
3. saldrás de mi dormitorio o estudio inmediatamente y sin protestar si te lo solicito.

D: Te comprometerás a no menospreciarme delante de nuestros hijos, bien a través de palabras o de comportamiento.

(Einstein: His Life and Universe, Walter Isaacson)

Se llevó a sus hijos de vuelta a Zúrich habiendo acordado previamente que su marido les enviaría prácticamente la mitad de su salario. Debido a la irrupción de la 1ª Guerra Mundial no fue hasta 1919 que Marić y Einstein se divorciaron oficialmente, si bien la pareja endogámica que formaban los primos alemanes llevaba tiempo constituida y pocos meses después contrajo matrimonio. Una de las condiciones impuestas por la serbia al firmar los papeles fue que, en el eventual caso de ganar el premio Nobel (finalmente fue en 1922), se le enviaría la totalidad del premio económico con el fin de poder cuidar a sus hijos, uno de ellos enfermo, con seguridad.

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La vida de Mileva Marić tras este traumático episodio no fue nada fácil, en especial cuando a su hijo Eduard se le diagnosticó esquizofrenia y tuvo que ser ingresado en una clínica psiquiátrica. Como los recursos recibidos se iban agotando, Marić tuvo que trabajar de profesora a la vez que su ex marido también colaboraba con algo de dinero, hasta que en agosto de 1948 la matemática serbia murió a la edad de 72 años.

Hipótesis a formular hay tantas como fotones reciben nuestros ojos mientras nos pensamos la nuestra, si bien las respuestas tienden a su masa total, cero. Sin embargo una cosa parece clara: igual hay demasiada prisa en buscar individuos a los que admirar sin conocer a fondo qué han hecho o qué importancia tuvo la ayuda de otros para llegar a tales heroicidades. Albert Einstein fue probablemente el mayor genio del siglo XX, así se le conoce en el sector científico, pero quién sabe qué hubiera sido de él y de Mileva Marić en un universo donde los hijos los tuvieran y cuidaran los hombres.

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Acerca de Marc Casanovas

Estudiante de Ingeniería Industrial en la UPC (ETSEIB).

7 comentarios para “Mileva Einstein-Marić, el genio relativo

    • Marc Casanovas Autor del artículo

      En 1986 se encontraron cientos de cartas que ayudan a entender los primeros compases de su relación. Las puedes encontrar en Albert Einstein/Mileva Maric: The Love Letters, de Jürgen Renn y Robert Schulmann.
      Aunque se trata principalmente de correspondencia amorosa, Einstein se refiere frecuentemente a “nuestro trabajo”, “nuestra teoría”, “nuestro papel”, etc. Más madera para nuevas hipótesis.
      Saludos.

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  1. Laura Carolina Galán Múzquiz

    Dicen que la historia la escriben los vencedores… generalmente hombres. Si leyéramos un poco más veríamos que han habido muchas mujeres que destacaron en su tiempo de una manera notable pero que por eso, por ser mujeres, quedaron relegadas al olvido a pesar de haber contribuido bastante a la evolución de las ciencias y las artes. Algunas hasta entregaron la vida por sus convicciones, tal fue el caso de Hipatia, filósofa y matemática griega 370 – 415, de Alejandría quien fuera linchada. Safo poetisa griega. Bertha von Suttner, pacifista y escritora, “¡Abajo las armas!”, 1843-1914. Dian Fossey, primatóloga de EU, 1932-1985. Hanna Reitsch, la mejor aviadora que ha habido. Alemania, 1912 -1979; estableció más de 40 récords mundiales de altura y velocidad que aún no han sido igualados por ninguna otra mujer; otra alemana de la cual no recuerdo el nombre filmó los mejores documentales que se han hecho, versaban sobre las Olimpiadas de 1936 en Berlín. Además, en la remota antigüedad hubo renombradas reinas guerreras como Boadicea o Budica, 61 d. d. C., icenia, pueblo de Gran Bretaña, al perder la guerra contra los romanos se suicidó. Muchas lograron grandes proezas y méritos pero, como sólo eran mujeres… Ni quien las recuerde. No hay libros sobre ellas y menos un monumento. Éstas son las que recuerdo pero hay muchas más.-

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  2. ERIC

    Mileva fue pieza fundamental para los artículos de ese hombre machista y mujeriego (Einstein) la historia hubiera sido muy diferente si no se hubiesen conocido o hubiesen dejado de lado su relación amorosa, tal vez a Einstein ni lo conoceríamos en estas fechas, aunque veo que hubiésemos conocido mas a Mileva que a Einstein, pero el hubiera no existe :,( , aunque el hubiera no existe el gran fallo de Mileva fue no pedirle a Einstein que le diera meritos a ella en sus artículos pero como decidio el dinero es lo que hay

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  3. Erika Principe

    Mileva fue la musa de Eintein, fue su socia para hacer los escritos de la teoría de la relatividad, lamentablemente él nunca la valoró porque sino le hubiese considerado en la misma, ni siquiera por se la madre de sus hijos, que tal machista y encima mujeriego eso fue la razón que su hogar se arruinó.

    Que pena que ella no terminó su doctorado, volviera casarse, ser feliz con un hombre que realmente la valore y no morir sola y abandonada.

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  4. Enrique Campitelli

    Otra mujer fundamental para la ciencia fué ROSALIND FRANKLIN, que adelantó la estructura del ADN con fotografías de rayos X, y fué ignorada por los ganadores del premio Nobel, Watson y Crick (A propósito del comentario de Laura Muzquiz)

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