Nedialka Keranova, la perla negra de Tracia

Nedialka Keranova

Quién más quién menos conoce a las denominadas “voces búlgaras”, si bien su valoración artística va a gusto del oyente: para sus fanáticos son un sonido místico y trascendente; para los aficionados ocasionales, una música de fondo relajante y exótica y, para sus detractores, no pasan de una insulsa melopea new age. Sin embargo, más allá de las preferencias de cada cual la verdad es que, en ocasiones, las voces búlgaras tienen cierto aire de oficialidad y orden establecido, no sólo porque interpretan un repertorio tradicional sino también porque, con frecuencia, sus actuaciones en el marco de conjuntos folclóricos o ansambli tienen algo de estandarizado, como si en lugar de tradición popular viva uno estuviese ante un espectáculo de cartón piedra. ¿Hay mujeres de carne y hueso debajo de los pañuelos chillones, las lentejuelas y los bordados multicolores? ¿Qué se esconde detrás de las sonrisas forzadas y de esos cantos que parecen venidos de otro mundo?

Quizás la respuesta esté en el otro extremo, en la mujer que abandonó los trajes tradicionales y dejó de sonreír. Una cantante de leyenda con una vida dramática, marcada por la tragedia, la soledad y el alcohol: Nedialka Keranova, la perla negra de Tracia.

Nedialka nació en 1941 en el pueblo de Tatarevo, en el sureste de Bulgaria. Procedente de una familia extremadamente pobre, tuvo una infancia al uso en el mundo rural de la época, ayudando en casa con los animales y los cultivos. Sin embargo, además de guardar los cerdos de su abuelo y echar una mano en las labores del campo, la pequeña Nedialka siempre estuvo en contacto con la canción popular. Su región de origen, la parte meridional de la Tracia búlgara, es considerada el epicentro de la sbadvarska muzika (música de bodas) y su familia se encontraba plenamente inmersa en esta tradición: el padre de Keranova se ganaba la vida tocando el violín en bodas, romerías y otras celebraciones populares y su tío y su abuela tenían cierta fama como cantantes en los pueblos de la zona. Gracias a ellos, así como a las ancianas de Tatarevo y a los músicos itinerantes que recorrían la comarca, Keranova fue atesorando decenas de canciones que luego conformarían su repertorio artístico.

Pronto la joven Nedialka destacó por su voz y su talento musical, así que de cantar por afición en su pueblo pasó a hacerlo en el Ansambl de Plovdiv, la ciudad más cercana, y, al cabo de poco, recibió la oferta de trasladarse a Sofía para formar parte del Ansambl Nacional –el más importante del país– de boca del propio director de la institución, el eminente folclorista Filip Kutev.

Grabación de Nedialka Keranova en su juventud interpretando “Hranila mama gledala”, una de las numerosas canciones de su repertorio. En aquella época su voz aún tenía un timbre más o menos convencional y la cantante se presentaba ataviada con trajes tradicionales, tal como se observa en la portada del disco.

En Sofía, Keranova encontraría el éxito, pero también un sufrimiento atroz. En la residencia comunitaria donde se alojaba conoció a Dancho, su primer y único marido. Aunque Keranova siempre lo consideró el gran amor de su vida, su relación estuvo marcada por la violencia y los malos tratos. Corroído por los celos, en ocasiones Dancho la encerraba durante semanas en el sótano de su casa, sin que pudiese ver la luz del sol. Además, siempre se opuso a que su esposa hiciese carrera en el mundo de la música, por mucho que formase parte del conjunto folclórico más prestigioso de Bulgaria. En este tipo de agrupaciones lo colectivo primaba sobre lo individual, en sintonía con la ideología comunista de la época, y, por tanto, la única vía para darse a conocer como intérprete era hacer grabaciones en solitario para la radio. Cuando le ofrecieron la oportunidad y, al regresar a casa, se lo contó a su marido, este reaccionó pegándole tal paliza que Nedialka vio una ventana abierta y decidió que prefería morir. Saltó desde una altura de ocho metros pero, como recordaría luego: “Fue como si Dios me salvase. Caí como en paracaídas”.

Al día siguiente por la mañana Keranova estaba en la radio, preparada para grabar, pero el productor la vio nerviosa y, para tranquilizarla, la llevó a la taberna de la esquina y le ofreció un vaso de licor de menta. Fue la primera vez que probó el alcohol. Además de los celos, el motivo de la furia de Dancho era que el tiempo pasaba y el matrimonio no conseguía tener hijos. Sin embargo, cuando finalmente Nedialka quedó encinta y ya había cumplido el séptimo mes de embarazo, en uno de sus ataques de ira su esposo le dio una patada en el vientre que le provocó un parto prematuro: dio a luz a dos gemelos muertos.

Pese a estar viviendo un auténtico infierno en lo personal, la carrera de Keranova como cantante seguía progresando. En comparación con otras grandes intérpretes como Valia Balkanska o su amiga Vulkana Stoianova, su timbre de voz no era estridente sino grave y oscuro, casi masculino, y en su forma de cantar dosificaba los ornamentos, renunciando a abrumar con exhibiciones de virtuosismo para ir en busca del alma de la canción. Su especialidad eran las denominadas bavni pesni, canciones lentas con frecuencia sin métrica que, en las bodas tradicionales, se interpretan mientras los comensales están sentados en la mesa comiendo, bebiendo y charlando, si bien cuando era Keranova quien cantaba lo habitual era que dejasen lo que estaban haciendo, hechizados por su voz.

Además de las cualidades estrictamente interpretativas, en la música tradicional búlgara se valora la aportación de canciones tradicionales no recogidas previamente en el acervo popular, al que Keranova realizó una valiosa contribución con el repertorio aprendido en su infancia. No obstante, con el tiempo la disciplina del Ansambl Nacional se le fue haciendo demasiado restrictiva: Filip Kutev no la dejaba actuar en bodas y quería que las cantantes se reservasen el repertorio para interpretarlo con el conjunto folclórico, en lugar de grabarlo en la radio. Además, Keranova empezó a sospechar que Maria Kuteva, esposa de Kutev y también cantante, le estaba robando las canciones, así que, desengañada de la cultura oficial y de su vida en Sofía, terminó rompiendo su matrimonio con Dancho, abandonó el Ansambl y regresó a su Tracia natal y a la canción popular, sin filtros ni tamices.

Nedialka Keranova interpretando “Kato sedish kino kinche”, una de sus canciones lentas más emblemáticas. Aquí la voz de la cantante ya ha cambiado y la interpretación cobra una fuerza a la que poquísimas cantantes tradicionales búlgaras han sido capaces de acercarse antes o después de ella.

En el mundo de las bodas Keranova se convirtió en un mito y no sólo por sus canciones y su poderosa voz. Una vez entregada a la vida bohemia, su afición a la bebida alcanzó proporciones monstruosas: las bodas podían alargarse durante horas e incluso días y Keranova regaba abundantemente sus descansos con aguardiente, mastika y otros licores. Además desarrolló una promiscuidad inaudita en una mujer de la época, al igual que su grosería. Cuando conoció a Nadia Stoeva, cantante del conjunto Kanarite y esposa del acordeonista Atanas Stoev, líder del grupo y uno de los acompañantes habituales de Keranova, tras las presentaciones de rigor la diva le dijo, sin demasiados miramientos: “Nadia, quiero que sepas que aprecio y quiero mucho a tu marido. Y que es uno de los músicos a los que más a gusto me he follado”. Como consecuencia de esta actitud desafiante, en su vida tuvo pocas amigas. Sola en un mundo de hombres, con frecuencia borrachos, Keranova no tenía problemas para pelearse a puñetazos en caso de que resultase necesario, con la fuerza que le daban sus más de 100 kilos de peso y sus infinitas toneladas de carácter.

A partir de cierto momento empezó a ir armada, lo que, sumado a su desmedido consumo de alcohol, dio pie a situaciones delirantes: en una actuación en una boda que se celebraba debajo de una carpa, Keranova, extasiada por la música, sacó su pistola y empezó a disparar al techo. Cuando, pasado el susto, los asistentes levantaron la cabeza, descubrieron con estupor que la cantante había dejado agujereadas en la lona sus iniciales: “NK”. Sin embargo, como suele ocurrir, debajo de su apariencia dura y agresiva Keranova escondía un alma extremadamente sensible, capaz de romper a llorar al escuchar por primera vez el arreglo de una canción o un solo de uno de sus músicos.

Precisamente la fijación de la cantante por la música y la bohemia fue la causa de una nueva caída en desgracia. En las décadas posteriores a su matrimonio con Dancho había tenido tres hijos de padres desconocidos: Antonia, que se crió con su abuela, y dos gemelos a los que decidió enviar a un centro para menores. De acuerdo con el sistema de la época, Keranova recibía cada mes una asignación que debía destinar a mantener a los gemelos, pero durante años dedicó las sumas a sufragar sus propios gastos, por lo cual fue llevada a juicio por apropiación indebida de fondos estatales y condenada a un año y tres meses de prisión. Al entrar en la cárcel, los reclusos, que no podían creerse que una cantante tan famosa estuviese en el mismo pozo que ellos, la tomaron por una espía, pero con el tiempo se dieron cuenta de que se encontraba en su misma apurada situación y no sólo acabaron por aceptarla, sino que incluso terminó creando un coro.

El encarcelamiento de Keranova tuvo consecuencias extremadamente negativas, tanto personales como para la difusión de su obra: sus discos desaparecieron de las tiendas y sus actuaciones grabadas dejaron de emitirse y fueron destruidas, motivo por el cual prácticamente no se conservan apariciones suyas en televisión. Sin embargo, pese a que se volatilizó de la esfera pública sus canciones se siguieron cantando en las bodas, hasta el extremo de que la demanda popular obligó a las autoridades a hacer una excepción y dejarla salir periódicamente de la cárcel durante unas horas para actuar. Además de regresar una vez terminada la boda, la única condición era que Keranova fuese siempre acompañada de otra reclusa que la vigilaba para que no bebiese. Sin éxito: la cantante se compinchaba con los camareros y, aunque sólo pedía colas, en realidad iban cargadas de vodka.

Nedialka Keranova en la que posiblemente sea su última actuación filmada antes de morir. Pese al deficiente sonido y a cierta tendencia a abusar del volumen, aún conservaba buena parte de su formidable poderío vocal.

Keranova fue indultada en 1987, transcurridos nueve meses de condena, por el mismísimo Todor Zhivkov, secretario general del Partido Comunista Búlgaro y el hombre fuerte del régimen durante casi 35 años. Sin embargo, pese a haber recuperado la libertad, el mundo que la cantante había conocido estaba a punto de desmoronarse. Con la caída del comunismo y la llegada de los nuevos tiempos, el mercado musical quedó copado por la chalga, la versión búlgara del turbofolk yugoslavo: una especie de pop orientalizante con teclados baratos y cantantes siliconadas de voz más bien escasa, concebido para el disfrute de políticos corruptos, mafiosos hormonados y otros triunfadores de la transición. La música tradicional de bodas fue barrida del panorama e incluso grandes estrellas como Keranova pasaron años de auténtica miseria. Para colmo de su infortunio, en el incipiente mercado de las músicas del mundo se popularizó la serie de discos El misterio de las voces búlgaras, dedicada al canto tradicional femenino pero que se centraba en el Coro de la Radiotelevisión Búlgara, perteneciente al mundo oficial del que Keranova había renegado décadas antes.

Así las cosas, la diva –que en su apogeo había sido comparada con Edith Piaf y Ella Fitzgerald– vivió sus últimos años en la pobreza y el olvido, encerrada en su casa con la única compañía de un gato de angora y de Rambo, su perro pequinés, hasta su fallecimiento en 1996 como consecuencia de un cáncer de ovarios. Cuando murió tenía apenas 55 años. Al igual que el resto de su existencia, el final de Keranova estuvo marcado por la soledad y lo que parece un ensañamiento del destino, pero, si uno lo piensa bien, quizás su drama esconda cierto consuelo: además de un reguero de tragedias y alcohol nos dejó su sufrimiento cristalizado en canciones, oscuras y misteriosas como perlas negras de Tracia.

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Acerca de Marc Casals

Traductor e intérprete residente en los Balcanes. Twitter: @MarcCasalsIg

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