Patricia Almarcegui: “Yugoslavia o los Balcanes no significan lo mismo que hace veinte años”

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Hace dos veranos coincidimos con Patricia en el Dokufest de Prizren (Kosovo). Poco antes ella había dejado su plaza de profesora en la universidad para dedicarse a escribir. Publicó El pintor y la viajera (Ediciones B, 2011), y El sentido del viaje (2º premio de Ensayo Fray Luis de León, 2011). Antes hizo su tesis en orientalismo y para su próxima novela ha escrito unas memorias ficticias como primera bailarina del teatro Mariinsky de San Peterbusgo. Estamos en Barcelona, viene de una comida de trabajo, luego ha quedado con una amiga y mañana hablará de Japón en Barbastro. Así que aprovechamos este hueco, con un té que ella ella olvidará hasta pasado un buen rato, para que nos explique sobre la escritura y el viaje.

Estás trabajando en un libro de viajes que publicará El País-Aguilar…
Me pidieron que pusiera mis viajes por escrito. Así que volví a leer mis diarios de viaje, que tengo como catorce cuadernos. Luego me dediqué a pasear y a bañarme, y estuve atenta a qué viajes brotaban más en imágenes. Y fueron Irán y Asia central, Uzbekistán y Kirguistán.

¿Y por qué te han vuelto estos viajes?
Pues no lo sé. Según dicen los neurólogos no hay ninguna razón para que vuelvan las imágenes visuales de tu memoria y por eso hay que respetarlo. El hecho de que no haya razón es lo más importante. En un momento determinado de tu vida es aquello que te ha marcado más. La escritura está siendo un ejercicio teórico estupendo. Imagínate lo que es volver a leer lo que escribiste en el lugar en una noche de luna llena. Por ejemplo el otro día en la ciudad de Fergana, cerca de Osh, donde en el año 2009 murieron 3.000 personas. Volver a leer esa escena es un encuentro.

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¿Y el paso del tiempo añade reflexiones?
Al leer esos diarios de nuevo, decidí que los capítulos fueran una escena. Porque el problema es que un libro de viajes es una sucesión cronológica y no vas a seguir el orden de las experiencias, como un viajero medieval. Así que dividí escenas y he articulado el cuaderno de viaje, el recuerdo y mi propia experiencia a partir de esa imagen. El séptimo capítulo se llama Maniré. Fue una adolescente iraní que encontré paseando. Me estuvo preguntando dos horas sobre la condición de la mujer en mi país, cómo eran las leyes del divorcio, si cobraba lo mismo que el hombre…

¿Has mantenido el contacto?
No, pero tengo un proyecto muy bonito, a través de la fundación Joan Miró de Mallorca, para el que podría volver a Irán. Es un intercambio de poesía mística española con poesía mística iraní. Y grabar a las adolescentes iraníes recitando poesía. Si sale adelante podría residir en Shiraz varios meses.

Con todos los proyectos en los que trabajas supongo que no te arrepientes de haber dejado la universidad.
No, pero a veces me surgen dudas. Porque no lo he dejado en el momento para el país. Primero, ¿si yo hubiera continuado en la universidad hubiera aguantado el sistema universitario? Posiblemente no. Y luego, la duda de si podré salir adelante con todo lo que llevo encima.

¿Te refieres a energía tuya o a nivel económico?
A nivel económico. Me pregunto si podré vivir donde quiero vivir, en Menorca, que es un sitio muy bello, porque necesito ver paisaje todos los días.

Y vives allí la mayor parte del año…
Sí, pero cada quince días salgo a trabajar fuera, porque así desconecto. Allí solo escribo. La isla es hermosísima pero puede ser muy cerrada. Estoy contenta porque te das cuenta de que estás utilizando el tiempo en lo que debes. En la universidad, como en tantas otras cosas, tenía esa sensación de que estaba perdiendo el tiempo, y que pasa la vida y tu estás sometida a una clase de cómo funciona el pretérito imperfecto, luego a una reunión con el decano, o a coordinar un máster lingüístico…

Jorge Carrión te menciona como un referente en la teoría del viaje.
Para mi tesis doctoral publiqué Ali Bey y los viajeros europeos a oriente (Bellaterra, 2007). Y ese libro tiene un apartado de teoría del viaje que lo extraje a partir de la lectura de 28 europeos que viajan en el siglo XVIII a oriente y qué piensan esas personas del Islam. Ésa fue la parte más atractiva de la tesis para mí.

¿Qué es la teoría del viaje?
Pues teorizar los conceptos que organizan una forma de la cultura: El viaje, el texto, el cuadro… Es decir, hablar de qué elementos hacen que el viaje sea un viaje. Por ejemplo para El sentido del viaje leí 60 libros de viaje, y lo que hice fue identificar conceptos que atraviesan todos esos libros en torno al viaje. Por ejemplo, el viajero es una persona que se fija especialmente en el lugar, que habla del lugar, que se encuentra con un otro, que habla del espacio, del tiempo…

¿Se aplica a todos los viajeros? ¿Y los que no escriben?
Hasta la fecha la literatura de viajes es lo más prolífico, pero también se puede estudiar a partir del documental, del diario de viajes, de la pintura. Por eso digo que es una forma de la cultura que luego atraviesa lo que llamamos representaciones culturales: televisión, pintura, música… Lo puedes aplicar a diferentes formas y teorizar sobre ello, que además hace falta.

Tu interés por el viaje lo has relacionado también con el orientalismo…
En mi tesis. Porque si sabemos cosas sobre Kosovo, o sobre oriente y el Islam es porque hemos viajado y avalado nuestro conocimiento. El que viaja sabe cómo es porque lo ha visto con sus propios ojos. Es muy interesante ver cómo hablan esos viajeros del Islam y todos ellos lo describen a partir de términos negativos. Yo lo que hice fue aislar 40 términos que se repiten en todos ellos: el musulmán es bárbaro, ignorante, fanático…

Esto en los libros del s. XVIII…
Pero una característica del libro de viajes es que repite lo anterior, lo del s. XVII, el XVI, etc. Entonces vas hacia atrás con esas imágenes negativas y estereotipos, y al final resulta que te encuentras que una imagen la fijó Aristóteles, por ejemplo. Es muy interesante pero el orientalismo interesa muy poquito.

¿Literatura de los Balcanes has leído?
Un libro que considero básico es Fantasmas balcánicos, de Kaplan. Muy bueno. Quería haber leído más cosas cuando fui a Kosovo. Me sorprendió mucho, y quedó en el aire con Iliriana Caçaniku, de KFOS, que me explicara qué viaje hacer por los Balcanes. Quiero conocer la imagen del Islam, el paisaje… Me encantó haber ido al Dokufest, fue una sorpresa. También ocurre que los conflictos te alejan de los sitios. Por ejemplo oyes la palabra Yugoslavia o los Balcanes y no significan lo mismo que hace veinte años. Nadie repara en ello pero Bagdad ha pasado en ocho años de ser el centro de los deseos de todo el mundo a ser el desastre. Tú dile a alguien ahora Bagdad. ¡Qué horror! Y antes era Sherezade narrando y bailando desnuda en Las mil y una noches. Luego si quieres vas, tampoco es que te aleje, pero te sitúa. Tú me dices, ¿dónde prefieres ir a Kosovo o a Samarcanda?, y ¿qué ocurre? Que en Kosovo me va a parecer mucho más interesante su contemporaneidad que la de Samarcanda.

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¿Cómo se lucha contra esta imagen?
Bagdad continúa siendo un polvorín. Es cuestión de tiempo. Por ejemplo como ha pasado en Kosovo. Yo el contacto que tuve con la juventud de allí me pareció alucinante. Esa idea que aquí nos cuesta tanto imaginar que un joven que tenga competencia en dos o tres lenguas, que haya vivido en el extranjero, que haya vuelto, ¿cómo no?, si están en el centro del mundo, entran, salen, ven, tienen criterio, mentalidad política…

En tu interés por el viaje y la literatura rozas el periodismo pero no lo tocas.
No soy periodista, me gusta, pero soy lenta. Y a veces puede considerarse crónica hablar de lo contemporáneo desde el hecho literario. Por ejemplo, construir una historia con la adolescente iraní que mencionaba antes y no un ejercicio de feminismo comparado a partir del encuentro. Porque lo literario es más fácil de leer. Hay obras como Anna Karenina o Guerra y Paz, que son historia.

¿Tú viajas sola?
Sí, excepto al Yemen. Fui en grupo porque para ir de un sitio a otro necesitas un salvoconducto y hubiera sido muy difícil que me lo dieran. Siempre voy sola. Así el viaje es más intenso, porque además leo sobre el lugar, escribo sobre el lugar, y necesito unas horas al día para trabajar sobre el lugar y el viaje. Y luego tienes que dedicar una parte a decidir qué haces al día siguiente. Cuando llegas a una habitación maja de hotel con piscina, ya tienes que pensar con qué medio de transporte te irás.

¿Planificas bien el viaje o dejas margen?
Dejo muchísimo margen. Normalmente solo cojo el billete de ida y el de vuelta. Me gusta hablar con gente que conozca el país, que haya vivido o escrito, y luego investigo la literatura y los mejores autores del país. Por ejemplo cuando fui a Japón, contacté con el escritor y traductor José Pazó para que me pasara una lista de libros indispensables. Y es muy bonito porque es simultáneo: escribes, ves, lees…

Desde que empieza el viaje hasta que acaba y pasa un tiempo tu estado de ánimo debe ir cambiando…
Y a veces te cansa. Por ejemplo el viaje a Irán no fue en una buena época a nivel personal y acabé harta de estar conmigo. No me había pasado nunca, estaba harta de pensarme a mí misma. Y al viajero solitario le gusta a veces charlar, encontrarse con otros viajeros. En Irán fue duro porque tenía que ir tapada y hacía mucho calor. Fueron casi siete semanas. Aunque es un país relativamente fácil para viajar…

Algún lector se preguntará qué atrevimiento viajar a Irán sola…
No hay ningún riesgo y no es difícil viajar solo. Para empezar porque vas con un pasaporte europeo y dos tarjetas de crédito. Lo que es difícil es el día a día, y algunos países, como el Yemen. De las cosas más extrañas que he visto viajando en grupo. Y Asia Central me resultó muy difícil también. Porque continúan muy sovietizados. Había que negociar todo, luego uno piensa que son cinco ex repúblicas y puedes ir de una otra y no es así. Tuve que cruzar la frontera a Kirguistán andando.

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¿Cuando estás en situaciones difíciles no te preguntas qué se te ha perdido allí? ¿Qué te empuja a viajar a Kirguistán?
Pues saber. Porque en Asia Central el 90% de la población es musulmana, aunque beben vodka como locos, que es para verlo, bueno, como en Kosovo, y luego hablan todos alemán estupendamente, porque durante la época comunista fueron a estudiar a Alemania. Cuando empecé a hacer mi tesis sobre cómo vemos el Islam desde occidente, decidí conocer aquellos países, y me faltaba Asia Central. Necesitaba ver si esos libros teóricos sobre nuestra percepción del Islam coincidían con lo que yo estaba viendo, y por eso viajo, para ver si los libros que leo coinciden con la realidad que estoy viviendo en el país.

¿Te gusta la aventura?
Pues no creas. A mí lo que me gusta es vivir lo nuevo y ver. Esto lo hemos hablado con José Luis Guerín: “Lo mejor es mirar por la ventanilla”. Y él me dice: “¡Claro! es el encuadre de una cámara, así empecé yo a hacer cine”. Si estoy en un mercado de la India, flipo… Y si veo el ambiente de Prizren, alucino…

Y luego encuentras el equilibrio en la quietud de Menorca…
También porque para escribir, y sobre todo, ficción, necesitas soledad total y una concentración increíble. Yo soy mujer gracias a la danza y a mi educación alemana, y soy muy disciplinada. Ya lo decía Thomas Mann, la inspiración viene escribiendo, y trabajaba diez horas al día. Él y todos. Escribir ficción es agotador, eres tú todo el rato, y vives todo lo que estás escribiendo. Pero también me gusta hablar en público, dar cursos, conferencias… En Menorca doy mis paseos y me baño, me encanta bañarme, estoy allí porque de mayo a noviembre puedo bañarme cada día.

Imágenes: Khiva, Uzbekistán (Javier Martin), Dokufest, Prizren, Kosovo (Samir Karahoda), Ysyk-Kol, Kirguistán (Evgeni Zotov)

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Acerca de Ginés Alarcón

Periodista. Editor de Revista Balcanes. Twitter: @ginesalarcon

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