Startas, las Converse de los Balcanes

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En 2008 el diseñador italocroata Mauro Massarotto lanzaba el proyecto Long Live Startas, una iniciativa que, desde la proclama, dejaba claro su objetivo: dar una nueva y larga vida a uno de los productos de mayor éxito de la antigua Yugoslavia, las zapatillas Startas.

Seis años después, estas deportivas han pasado de ser un producto abocado a la desaparición en una fábrica funcionando bajo mínimos a venderse en más de 200 tiendas, desde Londres a Tokio, y a haberse convertido en el objeto de deseo de jóvenes de distintos rincones del mundo. Esta es la historia de un renacimiento y de unas zapatillas que aúnan “yugonostalgia” y la Croacia recién entrada en la Unión Europea.

Creadas en 1976 por la casa Borovo, una de las mayores factorías de calzado del país, estas zapatillas nacieron como un complemento para los jugadores de tenis de mesa yugoslavos. Mientras el tenis se consideraba un deporte propio de la clase media (y estaba, por tanto, peor visto), el ping-pong gozaba de una gran popularidad en la Yugoslavia de Tito, país que llegó a acoger el mundial de este deporte en 1973. Las Startas, unas zapatillas “ligeras y sólidas” a la vez, realizadas en lona y con suela de goma, no tardaron en convertirse en un básico para niños y adultos y superar, en popularidad, al propio ping-pong, convirtiéndose en la mayor marca deportiva de la época dorada de Yugoslavia.

En los años 80 vivieron su periodo de mayor éxito, alcanzando su punto álgido en 1987, año en el que Startas se convirtió en uno de los sponsors de los Juegos Olímpicos Universitarios celebrados en Zagreb y en el que llegaron a venderse cinco millones de pares de estas deportivas.

Pero, en los años 90, esa bonanza cayó en picado. Situada en Vukovar, una ciudad croata cercana a la frontera con Serbia, la fábrica de Borovo fue destruida casi por completo. Entre 1992 y 1997, la producción se trasladó a la ciudad de Miholjcu y la marca continuó haciendo zapatos a un ritmo que nada tenía que ver con sus mejores días. Hasta que, en 1998, volvió a sus instalaciones originales en Vukovar, donde las Startas se siguieron fabricando a mano y con las técnicas utilizadas en los años 70, pero con apenas 1000 trabajadores (de los 22000 que llegó a tener).

Supervivencia y reinvención

La irrupción de Mauro, responsable del estudio de diseño Sheriff & Cherry, hace cinco años, trajo aires renovados a estas viejas reinas del deporte yugoslavo, apostando por mantener los materiales y la fabricación tradicional e innovar en los diseños y buscando conectar de nuevo con los jóvenes del país sin perder la esencia de las deportivas ni renunciar a su historia. Con esa renovación, Croacia y Eslovenia se llenaron de tiendas y las Startas fueron ganando adeptos dentro y fuera de los Balcanes. Desde aquellos que las habían calzado de pequeños hasta viajeros que, tras descubrirlas en un escaparate, se hicieron incondicionales, las menciones a Startas como un producto de culto fueron aumentando.

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Uno de esos incondicionales es Jean-Baptiste Lafitte, responsable de haber llevado la marca a Francia. Según él mismo relata, se enamoró de Startas durante un año de intercambio en Croacia y, junto a su amigo Leo, también fan, decidieron comercializar las zapatillas en el país galo.

La incursión francesa de Startas comenzó su andadura en 2013, año en el que “Startas y Croacia entran en la Unión Europea”, como señala la web. En apenas un año, ya se han labrado un grupo de seguidores mientras las zapatillas se abren paso en los editoriales de moda y en las tiendas de París.

Bajo el lema The original non aligned shoes, Jean-Baptiste y Leo han conseguido conectar con los amantes de lo vintage y del llamado “communism-chic”, o el culto al diseño de los países ex comunistas donde muchos objetos se han mantenido con su forma original durante décadas (como ocurre, en parte, con las Startas). La estética de la web, con la estrella roja como logo, y proclamas como The first revolucionary, pop and envolved sneakers, subrayan que la apuesta de marketing de Startas Francia se centra en la yugonostalgia.

El frente chileno

“Las blancas y las negras eran las que se conocían en la ex Yugoslavia, eran parte de nuestra vida y las usábamos con todo. Startas es una marca de nuestra infancia”, recuerda Bogdan Orazem, responsable de haber introducido Startas en Suramérica.

Cuando llegó a Chile desde Eslovenia, Startas estaba en plena renovación y comenzaba a conocerse en Europa. Orazem creyó que sus nuevos modelos podían gustar a los jóvenes chilenos y se hizo con la distribución en exclusiva para este país y sus vecinos. No se equivocaba. Tras su lanzamiento en 2011 y con un fuerte trabajo de marketing y posicionamiento web, Chile es el país con más fans de la zapatilla fuera del entorno balcánico y, a finales de marzo, empezarán a vender online a toda Suramérica.

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“Al público le llama la atención que las Startas tienen una historia detrás y ya no sólo compran una zapatilla, sino que compran un producto de colección y de culto”, nos explica Bogdam. Ese espíritu de culto ha convertido a las nuevas Startas en un bien cada vez más deseado y, también, más caro que las originales. Mientras las zapatillas recuperan la popularidad perdida se alejan de su carácter popular para acercarse a un público internacional más cercano a la “onda hipster”.

Una evolución similar a la que han sufrido otras zapatillas antes. ¿Serán las Startas las Converse de los Balcanes?

Imagen de portada: nancylongago

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Acerca de Ámina Pallarès Calvi

Periodista y artista gráfica. Twitter: @aminapallares Tumblr: La Pallarès

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