Trifon Ivanov, el lobo indomable

b_20091201175724_trifon_ivanov_t_ivanov_y_e_cantona

Ahora que se cumplen 20 años de la celebración del Mundial de Estados Unidos, quizás no esté de más recordar a la inolvidable Bulgaria del 94 rindiendo homenaje a su jugador más particular. En aquella selección búlgara, convertida en equipo de culto no solo por su determinación e irreverencia sobre el campo, sino también por su peculiar concepción de la profesionalidad en el mundo del fútbol y el aspecto patibulario de varios de sus integrantes, había un jugador que despertaba una fascinación especial. Todos admirábamos la competitividad feroz de Stoichkov, la elegancia de Lechkov y Balakov y el olfato de gol de Kostadinov, pero resultaba imposible apartar la vista del líbero del equipo, el rostro más aterrador que los niños de mi generación jamás pegamos en un álbum de cromos: el legendario Trifon Ivanov.

En aquella banda de talentos maravillosamente anárquicos, Ivanov era el encargado de proteger el centro de la defensa de los ataques del rival. Y lo hacía con contundencia, sin tomar prisioneros, como decía su compañero Stoichkov. Pero no se contentaba con eso, sino que además poseía un disparo considerable y se prodigaba a la hora de subir al ataque, para disgusto de algunos de sus entrenadores. Fuera del campo, se hizo célebre por su fuerte carácter y sus excentricidades, y aún hoy es uno de los componentes más apreciados de Los Chicos de Oro, tal como se conoce a aquella generación en Bulgaria. Veamos cómo se desarrolló la carrera de este jugador único y qué ha sido de él.

IvanovTrifon Ivanov creció y dio sus primeros pasos como futbolista en Veliko Tarnovo, la antigua capital medieval búlgara. Empezó jugando como delantero y, aunque a los 11 años lo retrasaron a la posición de central, siempre conservó cierto instinto ofensivo: cuando sus equipos se encontraban en una situación apurada, se colocaba como nueve para intentar cazar algún remate. A los 18 años debutó en el Etar de Veliko Tarnovo con Krasimir Balakov y, a los 23, fichó por el CSKA de Sofía, donde se juntó con sus futuros compañeros de gestas Stoichkov, Penev y Kostadinov. Según la legislación de la época comunista, los futbolistas búlgaros no podían fichar por un club extranjero hasta cumplir los 28 años, pero eso cambió con la caída del régimen: Stoichkov aprovechó para irse al Barça, Penev al Valencia, Kostadinov al Oporto e Ivanov, al Betis.

En sus primeros tiempos en Sevilla, a Ivanov le costó adaptarse por su desconocimiento del español. Sin embargo, con los meses mejoró su competencia lingüística e incluso terminó hablando con cierto acento andaluz. Gracias a su carisma, coraje y franqueza no tardó en ganarse la estima de la grada y el respeto de sus compañeros, como demuestra su pronta elección como capitán. Sin embargo, su carácter también le generó problemas de indisciplina y falta de profesionalidad: por el Villamarín aún recuerdan su afición al tabaco Winston. En 1993, cuando Ronald Koeman cayó lesionado durante varios meses, el Barça –por aquel entonces vigente campeón de Europa– se interesó por Ivanov como sustituto, pero Lopera, presidente del Betis, se negó en redondo a la operación. Quizás eso hubiese cambiado la carrera de Ivanov en el fútbol de clubes, o quizás era demasiado irregular e indomable para la élite. Nunca sabremos lo que hubiese ocurrido: jamás tuvo una oportunidad en un grande.

capture-d-ecran-2013-10-31-a-143649

Ivanov, a punto de realizar uno de sus célebres disparos lejanos, con frecuencia entre el desparpajo y la temeridad (www.sofoot.com)

Su apogeo deportivo llegó con la selección búlgara en 1994. Los Chicos de Oro, que ya venían de dar la campanada en la fase de clasificación eliminando en el Parque de los Príncipes a la Francia de Cantona, Ginola y Papin, se convirtieron en la revelación del Mundial: tras derrotar por 2-0 a Argentina en la fase de grupos, en las eliminatorias se deshicieron de México en la tanda de penaltis y entraron por la puerta grande en semifinales tumbando a Alemania, la campeona del mundo. Aunque fueron eliminados ante Italia por un Roberto Baggio en estado de gracia y, en la final de consolación, completamente desmotivados, encajaron un 0-4 ante Suecia, ya se habían ganado el corazón de todos los aficionados. Los motivos no eran solamente deportivos: empezaron a circular historias sobre sus interminables partidas de cartas, la espesa nube de humo de tabaco que les acompañaba allá donde iban y las juergas que se corrían en la piscina del hotel. El seleccionador, Dimitar Penev, dejaba hacer. “En aquella época éramos tan buenos bebiendo como jugando”, recordaría Ivanov años más tarde.

El propio Trifon se hizo más famoso como personaje que como futbolista: solo con su aspecto, entre licántropo resacoso y heroinómano de extrarradio, provocaba sudores fríos incluso entre los delanteros más curtidos. Poco amante de los entrenamientos, en las sesiones de carrera continua era habitual verlo rezagado del resto del grupo, trotando a su ritmo. También tenía la costumbre de fumarse un pitillo antes de los partidos, lo cual según él no afectaba a su rendimiento: con tabaco o sin él lo daba todo. Su afición a los coches llegó hasta tal extremo que, en una ocasión, cuando tuvo que rellenar un formulario para obtener un visado estadounidense, se quedó sin espacio en la casilla donde debía indicar todos los automóviles de los que eram propietario. Llegó un momento en que parece que se aburrió de los coches y, a través de unos contactos, consiguió comprarse un tanque, pero, tras conducirlo dos o tres veces por los prados búlgaros, decidió que no era tan divertido como esperaba y lo vendió de nuevo.

Ante una personalidad como la suya no solo cayeron rendidos los aficionados. En 1996, cuando jugaba en el Rapid de Viena, Ivanov se enfrentó al Manchester United en Old Trafford. Tras terminar el partido –con victoria de los Red Devils por 2-0–, todos los jugadores del Rapid rodearon a Cantona para intercambiar camisetas. Sin dudarlo un instante, el francés los apartó y dijo con contudencia: “Mi camiseta es para Ivanov”. Con todo, salvo por la final de la Recopa disputada con el Rapid en 1996, su carrera jamás se acercaría al éxito conseguido en Estados Unidos. Aunque fue el autor del gol que clasificó a Bulgaria para el Mundial 98, el papel de la selección en Francia fue decepcionante –quedó eliminada en la fase de grupos con un solo punto– e Ivanov decidió retirarse del fútbol internacional.

trifon

Ivanov, dando una entrevista desde el salón de su casa. Una vez retirado, su principal interés es vivir a su aire (www.football24.bg)

Exceptuando una cesión por unos meses al CSKA, la parte final de su carrera transcurrió entre equipos austriacos de segunda fila hasta que decidió colgar las botas. Conocedor de sus limitaciones y su temperamento explosivo, enseguida tuvo claro que no quería dedicarse a los banquillos, sino alejarse de los focos y vivir tranquilo. Montó un negocio de gasolineras en el norte de Bulgaria y desapareció durante unos años hasta que le dieron un cargo en la Federación Búlgara de Fútbol. Se comentaba que era un favor de sus excompañeros para ayudarle a resolver sus problemas económicos, pero él atribuyó los rumores al resentimiento de antiguos amigos a los que había dejado de lado al apartarse de la fama. Con su carrera como futbolista, Ivanov también cerró su etapa como personaje público y regresó al norte de Bulgaria, su zona de origen.

Se dice que el último gran reto de los deportistas de élite es saber encauzar su vida cuando se retiran y Trifon Ivanov da la impresión de haber solucionado bien la papeleta. Al noroeste de Veliko Tarnovo se encuentra la pequeña ciudad de Pavlikeni, también conocida jocosamente como “Public Enemy” por su aire desolado. Cerca de ella, Ivanov se compró un lago artificial donde disfruta de la pesca y la caza con sus amigos, no por el placer de la captura, afirma, sino simplemente porque le da serenidad. En la mesa de su casa jamás faltan los manjares copiosos y lleva una vida sosegada, totalmente distinta de la que le dio el fútbol. El lobo, antaño feroz, parece satisfecho en su guarida, con la memoria llena de buenos recuerdos y el espíritu en paz.

Comparte

Acerca de Marc Casals

Traductor e intérprete residente en los Balcanes. Twitter: @MarcCasalsIg

2 comentarios para “Trifon Ivanov, el lobo indomable

  1. Alvaro

    Magnífico artículo!!! Qué recuerdos… Magistral el adjetivo de “licántropo resacoso” o “heroinomano de extrarradio”. Grande Trifon.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>