Un genocida, su asesino y una investigación en la España franquista

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Vjekoslav Luburić fue asesinado brutalmente una mañana de domingo de 1969 en el pueblo valenciano de Carcaixent. No fue un crimen cualquiera, sino el de un ustaše croata que había dirigido Jasenovac: uno de los campos de concentración más sanguinarios de la II Guerra Mundial; memoria trágica sobre todo para serbios, judíos y gitanos. El asesinato quedó sin responsable en la España franquista, y su principal sospechoso, Ilija Stanić, fue protegido por la Yugoslavia de Tito. Más de 30 años después el periodista valenciano Francesc Bayarri se embarca en la búsqueda del culpable, y lo más sorprendente de todo: ¡encuentra al asesino!. Conversamos con el autor de “Cita en Sarajevo” y éstas son sus impresiones:

¿Cómo conociste la historia?
El día del asesinato de Luburić yo tenía ocho años. No guardo memoria directa. Pero la prensa valenciana, en algunos aniversarios del crimen, publicaba refritos de lo ocurrido, sin aportar novedades respecto a lo reproducido por los medios franquistas de aquel momento. También la televisión valenciana emitió un documental de reconstrucción histórica.

¿Qué te atrapó de la trama?
A través de los libros y del cine, todos tenemos referencias de los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Pero tener a pocos kilómetros de casa la tumba de un criminal nazi de primera fila…, eso debe remover la curiosidad de cualquiera que tenga tinta en las venas. En un primer momento, curiosidad histórica. A esto se le unía una circunstancia clave para mí: el asesino había conseguido huir. Yo no soy historiador, la historia me interesa como ciudadano, no como profesión. Mi profesión es la de periodista, y un asesinado de tal relevancia y, sobre todo, la fuga impune de su asesino eran un reclamo que pedía a gritos una investigación. Había más elementos: fue un crimen contra un nazi protegido de Franco, que ni la propia prensa franquista pudo ocultar. Hasta entonces, los muertos en las oscuras cárceles de la dictadura no salían a la luz pública. Desde la entrada en vigor de la nueva ley de prensa (la ‘ley Fraga’), no había censura previa. Finalmente, era una buena historia para enmarcar en un fenómeno más amplio: la protección del régimen de Franco a criminales de guerra de diferentes nacionalidades.

¿Tenías la aspiración de hacer el libro desde un primer momento y cómo era ese libro que tenías en mente?
Tenía la obsesión de descubrir quién era, o había sido, Ilija Stanić. Confirmar si se trataba de un espía o no. Si su nombre era real o inventado. Saber si era croata, serbio, judío… Qué había ocurrido al volver a Yugoslavia… Siempre temí que hubiera muerto, pero en el fondo suspiraba con la idea de que continuara con vida. A partir de ahí, entraba en éxtasis cuando pensaba que yo podría encontrarlo, que le arrancaría la única entrevista de su vida, y que en la entrevista me revelara una exclusiva periodística que obligara a corregir todos los libros, reportajes y entradas de Wikipedia sobre el tema. Cuando tuve todo el material, pensé que aquello sólo cabía en formato libro, no en un reportaje.

¿En qué se basó tu trabajo de documentación?
Por desgracia, el sumario judicial se ha perdido. Y los funcionarios del juzgado que lo tramitaron han muerto. En el juzgado quedaban pocos papeles, aunque muy interesantes. Tampoco Internet fue de gran ayuda. Actualmente existen miles de entradas en los buscadores, precisamente a partir de mi libro. Ahora parece lo más natural del mundo escribir dónde vive Stanić y en qué trabaja. Pero eso no lo sabía nadie cuando yo estaba investigando. Tuve que pedir ayuda a una chica serbia que vive en Valencia para traducir documentos y más documentos. Finalmente, en uno de esos textos estaba la clave: se decía que un hermano de Stanić había vivido en un pueblo cercano a Sarajevo. Ese descubrimiento me llevó a tomar el primer avión a Bosnia. En un pueblo pequeño todos se conocen y ese era un gran descubrimiento.

¿Las Guerras de Secesión de Yugoslavia tenían para ti alguna importancia en la historia que querías narrar o simplemente te interesaba las circunstancias del asesinato de Luburić en aquel momento, más de 20 años después de la II Guerra Mundial?
Las guerras me interesaron mucho desde siempre. Primero porque conocía un poco la zona a raíz de un viaje con tres amigos a mediados de los años 80. También porque en los años 90 era redactor de ‘El País’, y me interesaba profesionalmente todo lo que estaba ocurriendo. Incluso algunos amigos fueron enviados especiales al conflicto. Todo esto me sirvió porque en el libro debía ofrecer a un lector medio, sin especial vinculación con la ex Yugoslavia, el contexto balcánico actual. En caso contrario, un lector que desconozca la zona no puede captar, por ejemplo, a qué amenazas puede estar expuesto Stanić cuando habla de lo ocurrido en 1969. Haya sido o no espía de Tito, en 2014 sería complicado que un croata se paseara por Sarajevo pavoneándose por haber asesinado al croata Luburić por encargo de los antiguos servicios secretos comunistas. Ningún médico lo recomendaría como saludable.

¿Tenías algún tipo de prejuicio acerca de los protagonistas que afectara a cómo te ibas a acercar a la historia?
Tenía muchos prejuicios, pero siempre he trabajado en periódicos serios, y creo que he podido desarrollar una cierta pericia en el disimulo. El primer prejuicio era mi nula simpatía por Luburić, un tipo cruel con muchas muertes sobre su conciencia. Respecto al otro gran protagonista, Stanić, necesitaba saber más cosas sobre él antes de decidir si me resultaba simpático o no. En el libro defiendo que el asesinato de 1969 no estaba justificado porque ya no existían razones jurídicas suficientes para hablar de legítima defensa o para encuadrar la acción en un tiranicidio. Habían pasado 25 años desde los campos. Pero el ejecutor de un criminal nazi no deja de tener un atractivo romántico por mucho tiempo que haya pasado. Por otra parte, no tiene mucho sentido que un valenciano actual, en mi caso bastante escéptico en general, se muestre enemigo del pueblo serbio, o del croata, el bosnio o el esloveno. Me sorprendió que un viejo ustaše (viejo de verdad: 90 años) me señalara –con mucha cortesía, eso sí– que el libro estaba impregnado de simpatía hacia los serbios. El padrino de boda de este hombre fue el propio Luburić.

¿Crees que la diáspora ustaše era un peligro real para la Yugoslavia de Tito o simplemente era instrumentalizada para mantener vivo el recuerdo de la victoria partisana?
Era un peligro muy real. La lista de asesinatos (por ejemplo de diplomáticos: Rolović) y atentados terroristas de aquel período es muy significativa. Tampoco los servicios secretos de Tito se quedaron con los brazos cruzados. Y cada parte, por supuesto, instrumentalizaba cada acción propagandísticamente.

¿Qué tipo de relación crees que tenían Luburić y Stanić después de convivir juntos en Carcaixent?
Creo que de la admiración ciega del principio, de Stanić hacia Luburić, se pasó a una relación muy compleja, cuyas claves no he podido desentrañar. Hay datos muy raros, como el hecho de que Stanić acabara trasladándose prácticamente a la casa de Luburić, y que fuera no sólo el secretario personal, sino incluso su cocinero. Otro ejemplo es que el padre de Stanić, Jozo, murió luchando contra Tito, y la madre sufrió grandes humillaciones en la Yugoslavia comunista. ¿Cómo es posible que todas las wikipedias continúen afirmando sin matices que Stanić, un chaval que llegó a Carcaixent con 21 años, era un experimentado espía con la misión de matar a un tipo que combatía en el lado de Jozo? El factor humano explica muchas más cosas que la Historia con mayúsculas.

¿Con qué calificativo definirías a Stanić y por qué?
Stanić es, antes que nada, un superviviente. Y eso en unos años donde los errores se pagaban caros. Ha sobrevivido a persecuciones del régimen de Tito, y ha sido, años después, un protegido de Tito. También fue un protegido del franquismo y ese mismo régimen dictó una orden de búsqueda internacional contra él. Ha tenido carnets franquistas, comunistas y nacionalistas croatas. Vivió el asedio de Sarajevo durante la guerra de 1992-1995. No todo el mundo conseguiría sobrevivir. Se requiere mucho talento.

¿Te parece creíble la historia qué Stanić cuenta sobre su papel en el asesinato?
Su versión actual es una narración sin sentido. Muchos hechos la contradicen, pero, sobre, todo él mismo se contradice. Cuando le entrevisté en Sarajevo contó una fuga con unos determinados cómplices. Lo hizo ante la cámara. Esa misma cámara grabó en Valencia una versión diferente, con un itinerario diferente, y con otros cómplices. Cuando alguien prepara una versión falsa de unos hechos, debería poder recordarla al menos unos meses.

¿A qué responde que fueras tú el primero en encontrar a Stanić cuando la policía no lo había hecho durante todo este tiempo?
Encontré a Stanić porque yo era el único que lo estaba buscando. La policía había extraviado el expediente y el juzgado también.

¿Ha tenido esta historia la repercusión que merece en España? ¿Y en los Balcanes?
Por desgracia, el libro no ha tenido el recorrido que imaginé. Lo curioso es que sí ha tenido mucha repercusión en noticias, reportajes, críticas literarias… Pero eso no se ha trasladado a los lectores de libros. Bueno, se han publicado dos ediciones en valenciano, dos en castellano y otra (sólo electrónica) en inglés.

¿Qué lugar crees que ocupa esta historia en la relación entre serbios y croatas?
En realidad, los dos protagonistas son croatas, pero Serbia lo envuelve todo. La ideología de Luburić se puede resumir en un odio extremo a los serbios (sólo superados por los judíos). Fueron los serbios sus principales víctimas. Este odio desencadena todo. Pero Serbia aparece en cada capítulo, por ejemplo, cuando a Stanić le aconsejan vivir un tiempo en Belgrado hasta que se calmen las aguas, tras el asesinato de 1969. El Drina, como símbolo (muy imperfecto, por otra parte) de la separación de serbios y croatas, era una obsesión para Luburić. Su editorial y la revista que imprimía se llamaba ‘Drina’; hasta a una de sus hijas le puso de nombre Drina.

¿Crees que en los Balcanes interesan este tipo de historias?
Los Balcanes tienen una historia reciente muy intensa, y no poseo los conocimientos suficientes sobre la región para evaluar el interés actual de esta historia. Aunque desearía mucho que alguien se atreviera con una traducción del libro.

¿Mantienes relación de algún tipo con la región?
Continúo en contacto con personas a las que he conocido durante la investigación, y he regresado, incluso con toda la familia, de vacaciones. Podría decir, y sería cierto, que me parece un paraíso natural (para un valenciano –llevamos mil años luchando contra la sequía–, contemplar ríos tan bellos es mágico), o que la gente es hospitalaria como ninguna otra en Europa. Pero lo que realmente me fascina es el paralelismo con España. Quizá digo una boutade, pero siempre he pensado que si España no se hubiera subido al carro del bienestar, la democracia y Europa en el momento en que lo hizo (in extremis), habría seguido un camino similar al hundimiento de Yugoslavia.

¿A nivel personal cómo te ha afectado esta historia?
Personalmente me lo planteé como un reto profesional y también personal. La verdad es que me parece que conseguí casi un 80% de los objetivos. Desde hace unos años, trabajo en un gabinete de prensa. Es decir, apartado del día a día del periodismo de batalla. Por eso, para sentir que la tinta continúa fluyendo por mis venas, me embarco en investigaciones largas. La mayoría de ellas acaba no llegando a puerto alguno. Pero ésta sí lo hizo. Nadie que no sea periodista puede entender plenamente qué significa ese logro, en las raras ocasiones en que se consigue.

¿Va a tener algún tipo de continuación esta historia en tus próximos proyectos?
Ahora estoy con otra investigación, sin relación alguna con los Balcanes. Pero poseo recientes documentos sobre el asesinato de Luburić, y en el futuro reflexionaré sobre qué puedo hacer.

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Francesc Bayarri
Ebook disponible en castellano y en inglés (2014)
Primera edición: Montesinos (2009)

 

 

 

 

Imagen: Vjekoslav Luburić (Archiva VL)

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Acerca de Miguel Rodríguez Andreu

Editor de Balkania y autor de Anatomía serbia. Twitter: @miguelroan1

2 comentarios para “Un genocida, su asesino y una investigación en la España franquista

  1. JET Escri

    La verdad es que después de ver el documental en RTVE, me quedé con ganas de más. Voy a ver si consigo el libro en formato físico y a una mala me compro el eBook. Enhorabuena por el trabajo.

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    • Miguel Rodríguez Andreu

      A mi me gustó más el libro, porque tiene más documentación, contextualización, profundidad, anécdotas de la investigación y el relato del propio autor sobre su experiencia, con reflexiones morales muy interesantes. Por otro lado, reconozco que una vez leído el libro quería ver a los protagonistas desenvolviéndose ante la camara.

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