Un monje poco ortodoxo en el Belgrado de los noventa

Aleksandar Knezevic-Knele ubije u Hajatu28.10.1992.foto:

Hace unas semanas tuve que llevar, por encargo, un libro de Belgrado a Barcelona. Se trataba de una traducción al serbio de La teoría de la inteligencia creadora, de José Antonio Marina. Su destinatario era un tal Rómilo, amigo de una amiga, que iba a pasar por la ciudad en fechas próximas.

Al entregar el libro a mi amiga le comenté: “Qué nombre tan raro”. Ella se sorprendió de que no supiera nada sobre Rómilo. “Pues no es un nombre profano – me dijo –. Lo adoptó al hacerse monje. Es un monje de clausura, de Athos, el Monte Sagrado…” Ahora yo era la sorprendida. “No entiendo. Si es un monje de clausura, ¿cómo puede viajar a Barcelona?”

Mi amiga me explicó que después del ilustre teólogo ortodoxo Justin Popovic, Rómilo era el primer monje serbio a quien sus superiores le dieron permiso para salir del monasterio Hilandar para estudiar. La pregunté si es joven, imaginando un estudiante en sotana. “Tendrá casi cincuenta años – prosiguió mi amiga – y está haciendo su tesis doctoral en Oxford. Escribe sobre el concepto de libertad según Berdiáyev, aplicado a la iglesia ortodoxa. Pero no es nada dogmático, te sorprendería lo crítico que es con su iglesia. Tiene ideas reformistas”.

Intrigada con el personaje, le pregunté qué hacía antes un monje tan poco ortodoxo. “Era periodista. Y no uno cualquiera. En los noventa tú eras muy joven. ¿Te suena su nombre: Aleksandar Knezevic?” Pues no, y menos con un nombre y apellido tan comunes en Serbia. “Y, ¿te dice algo Vidimo se u citulji?”

¡Claro! Conocía muy bien esa frase, ¿quién de mi generación en Belgrado no la iba a conocer? Es el título de un documental emblemático de los años noventa, toda una leyenda. “Bien, pues él es uno de los autores.”

Ahora mi sorpresa era mayúscula. Me parecía increíble que un monje de Athos y el autor de un film tan perturbador sobre los jóvenes mafiosos de Belgrado, fuesen la misma persona.

“Se licenció en literatura comparada – siguió mi amiga viendo que me quedé boquiabierta. – En seguida se metió en el diario Politika y medios independientes, como radio B92. Era muy ambicioso, aventurero, valiente, quería estar en la boca del lobo y ser el primero en informar. Eran tiempos duros, de una sociedad rodeada de guerras, inmersa en la miseria y familiarizada con el crimen. Buscaba el éxito profesional, acción, dinero y buena vida. Lo quería conseguir todo de joven. Y de repente huyó de ese mundo. Nadie sabía por qué, pues Aleksandar nunca había sido muy religioso. Era un intelectual crítico, que salía de fiesta y hacía deporte…”

Tan pronto llegué a mi casa, volví a ver el documental. Vidimo se u citulji (en castellano, Nos vemos en la esquela, y traducido al inglés como The Crime that Changed Serbia) es una película serbia, rodada en el 1995, que se basa en el libro del mismo título, obra de Aleksandar Knezevic, y Vojislav Tufegdzic.

El documental, referente de su época, habla sobre las bandas callejeras de Belgrado que surgieron como consecuencia de la desmembración del país, a principios de los noventa.

Los protagonistas son los líderes de las diferentes bandas de la capital serbia, enfrentadas entre sí. Según ellos, su forma de vida es la única manera de triunfar en comparación con la gente normal, presa del miedo, la pobreza y la incertidumbre. Sorprende su juventud, y cómo hablan abiertamente de sus crímenes, vestidos con chándales Nike de colores, cadenas de oro y rapados al cero.

Fueron, para algunos jóvenes, los ídolos de una generación perdida. Pertenecer a una banda les daba seguridad y poder, como explica Grebenarovic, uno de los protagonistas más jóvenes de la película, en una frase tan conocida entre la juventud serbia de entonces:

¡Los simples mortales! Son la gente normal, la que vive una vida normal, ¿entiendes? Y les llamamos simples mortales porque lo que nosotros vivimos en un día, ellos no lo viven en toda su vida. Me explico: No existe la posibilidad de que ellos experimenten tantas emociones, decepciones, belleza… Ni tantas cosas malas en toda su vida, como nosotros en un día.

El documental nos transporta al submundo callejero de la Serbia post-socialista, cuando se sustituyeron los valores de aquel sistema político, más humanista, por el crimen, la búsqueda de la fama, el dinero fácil, y la explosión de la cultura turbo-folk, más inmediata y superficial. La película, ejemplo de periodismo comprometido, forma parte de la memoria histórica del país, reflejando los problemas a los que se enfrentaban los ciudadanos, además de ofrecer una visión única del crimen organizado.

En aquella época, muchos criminales que vivían en el extranjero volvieron al país aprovechando la situación de inestabilidad, y cuando se comparaban con el resto de Europa, como si hablaran de un trabajo honrado, decían que uno de los principales problemas era la falta de profesionalidad. ¿Cómo estos periodistas se ganaron la confianza de gente tan peligrosa? ¿Hasta qué grado arriesgaron sus propias vidas?

El nombre del documental, Nos vemos en la esquela, es pura descripción de la realidad. Al final de la película se muestran los entierros de tres protagonistas que fueron asesinados durante el rodaje. Si no me equivoco, a día de hoy, todos los criminales que aparecen en el documental fallecieron, menos Krisitijan Golubovic, que se encuentra cumpliendo condena en la prisión central de Belgrado.

Volviendo a nuestro monje Rómilo, es probable que más de una vez durante la escritura del libro y el rodaje del documental, pusiera en peligro su integridad. Me cuesta imaginar a un futuro monje moverse en aquel ambiente. Una historia fascinante la de Aleksandar Knezevic, o sea, la del padre Rómilo del monte Athos, que ahora vive en Oxford y, según mi amiga, juega muy bien el tenis.

Imagen: Portada del documental Vidimo se u citulji

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Acerca de Julia Novaes Cirjanic

Estudiante de Doctorado en Comunicación y Periodismo en la UAB. Técnica de comunicación en la UOC.

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