Vidas sarajevitas para leerlas: čika Mišo, el último limpiabotas

ika Mio
«Nada querría yo más que mis modestas vidas sean para leerlas, para gozarlas y para evitar, en muchos casos, la aciaga suerte de muchos que vivieron, cortesanos renuentes, y murieron para, por la literatura».
Guillermo Cabrera Infante, Vidas para leerlas.

Retratos dialogados, por Isabel Leal y Vanessa Ruiz. Café Marijn Dvor, Sarajevo.

El Marijn Dvor, o “el café de los intelectuales”, como hemos decidido llamarlo, es un local con toques art decó un tanto trasnochado pero que conserva el encanto de lo que está como fuera del tiempo, un vestigio de otra época. De sus paredes cuelgan decenas de acuarelas y pasteles con retratos de poetas, novelistas, pintores, periodistas, y personajes célebres de la vida intelectual del Sarajevo del siglo XX y parte del XXI. Antaño un lugar de culto por el que fueron pasando todos ellos, en lo que fue el Café Gijón sarajevita, los observamos intrigadas mientras tomamos una Sarajevsko.

Vanessa: Estaba pensando en todos estos retratos que nos rodean, todas estas caras desconocidas para un extranjero que acaba de llegar a Sarajevo. Vidas para leerlas… En esta ciudad también hay muchos personajes anónimos que por alguna razón han adquirido protagonismo en sus calles. En el centro de Sarajevo también hay historias que merecen ser leídas.

Isabel: Pasa en todas las ciudades. Uno de mis personajes favoritos era el limpiabotas de la calle Maršala Tita, čika Mišo. Murió a principios de año. Antes de llegar le encontré curioseando en internet, en una foto que me pareció muy significativa: él, sentado en su lugar de trabajo, con el flamante recién inaugurado primer Mcdonalds de la ciudad a sus espaldas. Luego cuando llegué a la ciudad lo vi en persona, vestido de punta en blanco, con su sombrero, como un gentleman, viendo a la gente pasar, saludando a los transeúntes. Pero nunca le vi limpiarle los zapatos a nadie, la verdad.

V: Yo tenía asociada la imagen del limpiabotas, más trágica, a la película de Vittorio de Sica.

I: En la Gran Vía madrileña había uno. Creo que aún sigue allí. De pequeña me daba mucha curiosidad. El cliente se sentaba como en un trono rojo; el limpiabotas, humilde, a sus pies, sacándole brillo a sus zapatos y yo siempre pensaba: “estos señores, ¿por qué no se limpiarán solos los zapatos? ¿no saben?”.

cika miso

V: A mí sorprendió la imagen de čika Mišo, con su indumentaria impecable, sombrero de ala ancha, el transistor con música y los comentarios que hacía alegrando el día a quien pasara. Siempre sentado en el mismo sitio de la calle Titova, a las 9:30 de la mañana, hiciera el tiempo que hiciera. ¡Sesenta años! No lo dejó ni durante la guerra. Durante el sitio de Sarajevo, seguía sentado en el mismo sitio, con todo el peligro que suponía.

I: Como si verle fuera una manera de convencerse de que la vida seguía su curso, a pesar de todo.

V: Y siempre tenía algo que darle a sus amigos los perros, sus “camaradas”.

I: La gente le quería mucho. Hace unos años la ciudad le puso un apartamento y una pensión. Hay un documental sobre él y una vendedora de periódicos que trabajaba cerca, enfrente de la Trnica, el mercado de la carne. Como no está subtitulado no entiendo gran cosa, pero verle hablar, sonreír y emocionarse mientras se explica ya dice mucho del personaje.

V: En el documental explican que no era de Sarajevo, sino gitano de origen kosovar. Se llamaba Hussein Hasani y llegó a la ciudad en el 46, con 15 años, después de la II Guerra Mundial. Contaba que en su juventud soñaba con dedicarse al boxeo, y entrenaba a diario en Marijin Dvor hasta que su padre le hizo heredar el trabajo de limpiabotas. Y fue su entrenador quien lo bautizó como “čika Mišo” (que significa “tío Mišo”) porque no podía pronunciar su verdadero nombre. Es gracioso porque cuando pensaba que se iba a dedicar al boxeo decía “tan atractivo como Marlon Brando”. Nunca se le fue la sonrisa de la cara.

I: Pues era el último limpiabotas. Cuando abrieron el Mcdonalds se temió que le fueran a echar. Pero no. De hecho siguió allí hasta el último día, sentado en su silla, como en un trono, representando dignamente su papel de “alcalde simbólico” de la ciudad, y tomando su habitual café calentito, como siempre, pero servido a partir de entonces en un vaso de cartón con tapa de plástico.

V: Cuando murió me emocionó ver el homenaje que le habían hecho los sarajevitas en plena calle, con flores, velas, un retrato suyo en la silla donde se sentaba y un par de zapatos. La gente se paraba a rendirle homenaje en silencio. “Se ha ido una leyenda de Sarajevo”, decían los medios. A los pocos días, tal vez de manera oportunista, apareció una placa conmemorativa firmada con la M dorada del monstruo de la hamburguesa.

FOTO 2_HOMENAJE CIKA MISO_RSGRADIOI: Dicen que han sido los trabajadores los que la han pagado de su bolsillo, o sea que, además de apropiarselo, les ha salido gratis. Hay una petición popular en Internet, firmada ya por más de dos mil personas, para que el ayuntamiento le haga un monumento, pero da un poco de grima que sean los responsables de la hamburguesería los que finalmente se hayan ocupado de eso. Me pregunto si al limpiabotas le hubiera gustado ser homenajeado así.

V: Cierto, esperemos que sea la propia ciudad la que le rinda tributo. De hecho, la comunidad gitana de Bosnia y Hercegovina (Kali Sara –Romski Informativni Centar), con la hija de Mišo a la cabeza, se está encargando de recoger firmas para conseguir levantar el monumento.

I: Otro de mis personajes favoritos es el bailarín de la calle Ferhadija. No conozco su historia, no sé desde cuándo está ahí ni por qué; y aunque es un personaje simpático y provoca una sonrisa en los que le miran, su danza no parece un baile muy feliz…

V: Plesač sa Ferhadiju, ¡el bailarín de la Ferhadija! Ya te contaré con otra cervecita…

Imágenes: Radio Sarajevo y Vanessa Ruiz.

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Acerca de Isabel Leal

Profesora. Autora del blog Mundos periféricos, sobre didáctica del español como lengua extranjera, tecnología y educación.

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