¿Y tú cómo vas a Pristina?

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Escribo las primeras líneas de este post desde el hotel Ibis del aeropuerto de Viena. El nombre lleva a confusión porque está a 10 minutos en taxi, pero era la opción más barata para hacer noche antes de tomar un segundo vuelo a Pristina.

Esperando un taxi de vuelta a las 7 de la mañana me entretengo en la tienda-restaurante Marché junto al hotel. Venden unicornios rosas de peluche, gorros de hobbit y reproducciones del pintor austriaco Gustave Klint. Cuatro lonchas de bacon cuestan 1,5 euros, así que me siento sin probar bocado recordando mis viajes a Kosovo.

La primera fue vía Adria, la aerolínea eslovena. Desde Barcelona y cambiando de avión en Ljubjana. Meses después subieron los precios y descarté esa opción. Swiss, parando en Zurich o en Ginebra, fue la siguiente ruta. Y nuevamente los precios me obligaron a buscar alternativas. Varias veces opté por Turkish Airlines, vía Estambul. Es más largo pero su catering es el mejor que he probado nunca, y con suerte el asiento dispone de video a la carta.

Con Adria dan un bocadillo de pepino con queso, con Swiss una chocolatina, y con Austrian, la opción más barata de los últimos meses, una manzana o una galleta. El menú de Turkish puede incluir ensalada con salmón ahumado y mi favorito, el kofte, una especie de albóndigas muy sabrosas.

Puedes viajar de Barcelona a Pristina en 5 horas, transbordo incluido. Pero las combinaciones no son fáciles y puede tocar esperar 8 horas en un aeropuerto si no eres flexible en fechas. Para Madrid es muy parecido. Unos amigos (familia con niños, de Málaga) suelen hacer noche en Estambul. Teniendo en cuenta que un sandwich y un agua pueden costar 10 euros en los aeropuertos de Austria o Suiza, no se descarta comprar el pase a la sala VIP para esperas largas. Tienes barra libre, snacks, sofá y ducha por 25 euros con Austrian, y 2×1 en verano.

El mejor precio, con antelación, es de 260 euros ida y vuelta. Pero hay un as en la manga que requiere algo de suerte: Easyjet. Pristina está conectada con Basilea y Ginebra varios días a la semana. Si encuentras vuelos que combinen puedes ahorrarte más de la mitad. Ante este panorama, es habitual entre los que vamos y venimos de Pristina, preguntarnos rutas y precios.

Viajar a aeropuertos cercanos como Skopje o Tirana, no varía demasiado y luego requieren transporte en carretera. Un amigo voló a Belgrado y luego llegó a Pristina en bus. No tuvo problemas en la frontera, aunque a la inversa podría implicar cierta complicación, dadas las relaciones diplomáticas entre Kosovo y Serbia.

Jordi Martí, que trabajó en Kosovo antes de mudarse a Libia, se aventuró por carretera:

Como no tenía prisa lo hice por etapas: Barcelona – Verona (Italia) – Podstrana (Croacia) – Podgorica (Montenegro) – Pristina. Desde Verona entré por Eslovenia y luego bajé a Podstrana. Hasta Podgorica fue una aventura, ya que buena parte del viaje eran carreteras secundarias, incluida Bosnia, solitarias y con un paisaje precioso. La entrada en Albania se me presentaba como un reto, por el misterio que todavía hoy envuelve al país. Pero me sorprendió el estado de las carreteras y el paisaje. La parte final era todavía más misteriosa: Kosovo, el país del que todo el mundo habla sin saber demasiado. Otra gran sorpresa. Fueron 2.500 km de un viaje encantador que espero volver a repetir.

Y Javi Vilariño, otro residente en la zona, optó por el ferry. Hizo Galicia – Barcelona en coche, luego en ferry hasta Roma. Cruzó Italia hasta Bari en 4 horas. Desde allí otro ferry hasta Durres (Albania), y en tres horas sé plantó en Pristina.

Mi rutina es comparar vuelos en eDreams. Si veo que ida y vuelta son con la misma compañía, lo compro en su web y ahorro los gastos del intermediario. Si son diferentes no queda más remedio. Parece complicado, de ahí que comparta este post, pero con estas pistas haces la gestión en un santiamén.

Para la aventura kosovar, el viaje es el comienzo de la transición. Sales de Barcelona con los turistas de fin de semana en Viena que volverán con tartas Sacher bajo el brazo, y los cambias por la diáspora kosovar y ese grupo, los llamados internacionales, que forman diplomáticos, miembros de EULEX (la misión civil de la UE) y otras organizaciones.

El aeropuerto de Pristina es pequeño, bajas del avión y andas hasta la terminal. Solo hay una cinta de equipajes. Viajas en el tiempo, y agradeces el encanto de lo simple, con perspectiva, porque no es cuestión de celebrar las limitaciones ajenas. Pero todo avanza y en breve inauguran la nueva terminal. Podrá mover hasta un millón y medio de pasajeros al año. Un vuelo directo es pedir demasiado, pero todo puede llegar.

Con este post inauguramos el blog Diario de Pristina, para contar desde la misma ciudad el día a día de los que vivimos en la región. También hemos estrenado el Diario de Sarajevo, y esperamos compartir más crónicas desde otras capitales de los Balcanes.

Imagen: Render del nuevo Aeropuerto de Pristina

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Acerca de Ginés Alarcón

Periodista. Editor de Revista Balcanes. Twitter: @ginesalarcon

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