Žižek: Un ejercicio filosófico de sospecha en los Balcanes

Slavoj Žižek

Hay días grises en los que busco por internet algún vídeo del filósofo Slavoj Žižek (Ljubljana, 1949y dejo que su voz apasionada opine de cosas que me interesan relativamente poco. A mí el marxismo, el lacanismo o la postmodernidad me resultan un tanto sosas en general. Lo que me atrae de Žižek es su capacidad de unir la cultura popular, ejemplos al alcance de cualquiera, y modelarlos como ejemplos de sus argumentos. En otras palabras, un intento de acercar la filosofía, de alguna manera, al suelo, al sudor, a la sangre y alejarla de ese pedestal erudito en el que la secuestraron las universidades. No en vano Sócrates hoy en día sería encerrado en un hospital psiquiátrico en cualquier ciudad occidental del mundo en un santiamén.

El pensador esloveno tanto puede hablar de Lynch como simpatizar con Lenin, enfrentarse a Chomsky o presentarse a las elecciones de su país como candidato a presidente. El mayor icono popular de la filosofía desde los tiempos de Nietzsche probablemente. Enemigo del pensamiento multicultural, en el que ve más hipocresía que honestidad, Žižek ha tocado en alguna ocasión el tema de los Balcanes. Por ejemplo, en su artículo “Tú puedes” (Antroposmoderno, 2000) en el que con mucha ironía se plantea cuáles son los límites geográficos de ese lugar.

“Siempre se dice que la región empieza allá abajo, hacia el sureste. Para los serbios, la región de los Balcanes se origina en Kosovo o en Bosnia, donde Serbia está tratando de defender la civilización de la Europa cristiana frente al avance del Otro. Tocante a los croatas, los Balcanes empiezan en la bizantina Serbia (…) contra la cual Croacia preserva los valores democráticos del oeste. Muchos italianos y austríacos creen que los Balcanes se originan en Eslovenia, la avanzada occidental de la muchedumbre eslava (…)”.

Visto así poco parece poder aportar Žižek, salvo más caos a la ya confusa historia de los Balcanes. Pero hay una serie de ideas, expuestas en su visita al festival de cine de Sarajevo de 2008, que merecen una pequeña reflexión y que pueden aplicarse a muchos otros lugares.

En primer lugar Žižek se refiere a la manera en la que los occidentales nos acercamos a la historia de los Balcanes. En el caso del cine, el filósofo afirma que las películas que triunfan y llaman nuestra atención son precisamente las que no abordan el conflicto con claridad y honestidad. Underground de Kusturica, galardonada con la Palma de Oro en Cannes, es el ejemplo que toma Žižek para criticar el acercamiento occidental a la cuestión balcánica. Lo que se cuestiona es si nos acercamos a los Balcanes con interés por saber la verdad o con la intención de corroborar mitos creados previamente. En su opinión el cine es un instrumento efectivo para Occidente en su intento por explicarse el mundo a su propia manera. Y la guerra en los Balcanes, lejos de ser algo trágico, adquiere sutilmente tintes de cotidianidad, como si el enfrentamiento fuera un estado de vida natural y la guerra, en consecuencia, algo inevitable. De ese modo la moralidad occidental se puede mantener indulgente.

En relación con lo expuesto hasta ahora hemos de entender la afirmación de Žižek cuando sostiene que los Balcanes son el subconsciente de Europa. ¿Qué quiere decir eso? Pues que Occidente en realidad se mira a sí misma y la barbarie que ve en los Balcanes no son sino el reflejo propio de un secreto que no queremos desvelarnos. Un secreto que, negándolo todos juntos, parece desaparecer, como si por no nombrarlo dejara de ser cierto.

Žižek da otra vuelta de tuerca y centra su ataque en el multiculturalismo. Para él esa forma de pensamiento convierte lo ajeno en excéntrico pero respetable, aprovechándolo para diferenciarnos del otro. Y una vez nos reconocemos como diferentes podemos aceptar que nuestros destinos sigan otros derroteros. Dicho de otro modo, puedo no aceptar la guerra para mí pero quizá para ti sí, porque somos diferentes y puedo entender que solucionemos los problemas cada uno a nuestra manera. Eso sí, la tuya para mí no la quiero.

Lo que Žižek establece como racismo inverso consiste en la afirmación del otro en su diferencia. Al convertirla en entidad establecemos una frontera que no se puede cruzar. Paradójicamente, la tolerancia multicultural pide respeto porque somos iguales en la diferencia. Y la diferencia, precisamente, es lo que finalmente queda resaltado, derivando en una sutil forma de discriminación. Para Žižek no es diferente una persona por su origen, sino por sus vivencias. Pero aplaudir el folklore y la divergencia cultural como una consecuencia nacional, patriótica, permite justificar la otredad como esencial, y conseguir así establecer una desigualdad entre los demás y nosotros. A partir de ahí, por ser diferentes, podemos aceptar en otros lugares todo aquello que no deseamos en nuestra sociedad.

Ignoro si Žižek nos puede ayudar a comprender mejor los Balcanes. Pero, al menos, sus palabras nos ponen en alerta y nos invitan a cuestionarnos la información que recibimos.

Imagen: Simon Plestenjak (Flickr)

Comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>